Gala Desafío

Una mirada de determinación con el impulso familiar

César Guisado saluda a Eduardo Luna, que luce su distinción. /A. A.
César Guisado saluda a Eduardo Luna, que luce su distinción. / A. A.

Eduardo Luna, karateca | El apoyo de los más cercanos ha sido indispensable para que este bravo luchador arrase con este arte marcial tras ser campeón de España de esquí

Rafael Lamelas
RAFAEL LAMELASGRANADA

El entorno de un deportista influye de manera decisiva en su trayectoria. A veces no se visibiliza ni se valora en su justa medida, pero la familia, los amigos y los preparadores de alguien que practica con éxito cualquier especialidad forman un círculo que, cuando es virtuoso, le lleva en volandas. Eduardo Luna nació con síndrome de Down y, desde muy pronto, sus padres se dispusieron a estimular a su hijo para que jamás estuviera al margen de la sociedad. Un esfuerzo ingente que transmitió a su chico los valores del deporte, que implican superación, entrega y lucha en todo lo que se hace. Eduardo creció practicando todo tipo de modalidades, superándose a sí mismo, y conociendo que, aunque le faltara un cromosoma, tenía hiperdesarrollado el gen competitivo. Logró el campeonato de España de esquí adaptado y su ambición no se detuvo ahí. A través del kárate, que practica desde hace 15 años, se ha laureado en campeonatos de Andalucía y España y ha representado al país a nivel internacional, con una determinación extraordinaria, llenando su casa de trofeos, siempre arropado por su gente. El apoyo crucial.

En diciembre, a Eduardo le espera el Andaluz. «Estoy como un tiro», comentó en el vídeo de presentación de su premio durante la Gala Desafío, antes de subir a por el galardón y recibir un par de besos de la presentadora, Anne Igartiburu, que le mostró su admiración. Tímido a la hora de hablar, pero dispuesto y valiente con el kárate, ese 'lenguaje' en el que exhibe técnica, precisión y una gran condición física.

Para Tomás Díez, su entrenador, Eduardo tiene «una capacidad más» que el común de los mortales. «Aunque las cosas salgan mal, al día siguiente vuelve a entrenar con una sonrisa. Le encanta competir y ganar, pero sobre todo el día a día, disfrutar. Cuando entra en modo torneo, va a tope», explica su preparador.

Es un claro ejemplo de deportista inclusivo, de toda una trayectoria volcada en mejorar. Una demostración palpable de que con «esfuerzo y trabajo, las cosas se consiguen. Es algo que pocas personas te pueden enseñar. Él lo da todo», insiste Tomás. Lo que más gusta a Eduardo de esta experiencia es, sin duda, «viajar». Se le quedó grabada la visita a París de cara al Mundial. «Lo pasamos bien», acierta a comentar. Quedó tercero.

Eduardo entrena a diario, quemando etapas sin perder de vista el reto con el que arranca 2019: el campeonato de España. El mes que viene tiene un test serio en el regional, que vence cada año. La preparación sigue su curso, dentro de un programa en el que desarrolla fuerza, flexibilidad, coordinación y equilibrio, con un apartado técnico que exhibe en sus katas. Los ojos vivos de Eduardo seguirán viendo medallas. Su familia lo contemplará orgullosa. Siempre ha estado y estará ahí.

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