Aprender a escribir bien en la segunda lengua en redes sociales

Aprender a escribir bien en la segunda lengua en redes sociales
RAMÓN L. PÉREZ

Elena Hernández, directora de 'Español al día, de la RAE; y Sara Delgado, responsable de marketing de En Clave RAE, muestran la utilidad de las herramientas que aporta la Academia

Rafael Lamelas
RAFAEL LAMELASGRANADA

Elena Hernández, directora del departamento 'Español al día' de la RAE, no se ciñó estrictamente al motivo de su ponencia, 'Cómo escribir bien en Twitter'. Digamos que entregó la caña en lugar de los peces y enseñó a manejarla. Mostró, junto a su compañera Sara Delgado, las distintas herramientas para resolver dudas acerca del lenguaje, desde los propios diccionarios a consultas más específicas. Y es el español es la segunda lengua en redes sociales, la tercera en Internet y es la lengua oficial en 21 países.

«La RAE, desde su nacimiento, tuvo el afán de crear un diccionario que acopiara todas las palabras, sus formas y significados. Con el tiempo se normalizó su ortografía. En el s. XVIII se publicó la primera gramática. Se han sucedido muchas ediciones de sus diccionarios desde entonces», empezó. «Ahora tratamos de favorecer el interés público, porque el español es una lengua global y Twitter nos presenta una gran oportunidad para permitir las consultas. Tiene una gran fortaleza», ensalzó.

«Nos ocupamos de atender consultas sobre el uso correcto del español, conforme a la norma culta, no otras cosas. No entramos en cuestiones de teoría lingüística. Sólo si una estructura es correcta o no. Nos mantenemos en un tono solemne, no tan informal como otros. Utilizamos el usted. No sólo por el tono institucional, sino porque nos dirigimos a un público que no es solamente español. Las fórmulas del tuteo no son tan habituales en Latinoamérica. Los españoles somos menos del 10% de los hablantes», aportó.

«Tampoco hacemos los deberes a los estudiantes. Nuestra idea es difundir la norma, pero también ofrecer herramientas para resolver las que se planteen en el futuro. Recomendamos siempre el acceso al diccionario. A veces adjuntamos otras recomendaciones y explicaciones sobre las que se sustenta la respuesta. Otra característica es que a veces contestamos con autoridad: incluimos ejemplos reales de uso. Enunciados con calidad literaria de escritores», explicó.

«Lo que se dice es válido si está bien formado, aunque no esté en el diccionario. Establecemos las pautas para generar nuevas palabras. Un ejemplo es destender (la ropa). Cuando no hay norma establecida, buscamos documentación y luego la trasladamos. A veces hay diferencias entre cómo se emplean las palabras en América y en España», para exponer que «la actualidad también se hace notar. Oyendo la radio ya sé lo que nos van a preguntar ese día. Por ejemplo, el uso de fiscal-fiscala, que se emplea como forma en femenino en algunos países».

También tienen situaciones que generan ríos de comentarios. «Una de las cuestiones polémicas fue una respuesta que le dimos a la 'Vecina Rubia'. Preguntaba cómo se podía escribir gin-tonic. Como alternativas dimos yintónic, y hubo muchas reacciones. Sólo respondía a las mismas pautas que la formación de la palabra fútbol. Con la analogía, rebajamos el tono de enfado del consultante», desveló. «Nos preguntan por cocreta, que no está; sí está murciégalo y toballa, que se consideran vulgarismos, aunque aparezcan. Este servicio nos permite también desmontar bulos. Twitter ha sido un invento maravilloso. Abrimos una ventana de la Academia a la sociedad. Nos permite tener un conocimiento de los problemas y dudas de los hablantes del español. Hacemos una difusión activa de la norma. La única posibilidad previa era acudir a los tochos. Lejos del lema 'Limpia fija y da esplendor', el objetivo actual es que el español no pierda su esencia a pesar de las múltiples adaptaciones. Que nos sigamos entendiendo», resaltó.

«Para insistir en por qué es importante escribir bien en Twitter, unos consejos: «escribir mal desvía la atención del lector, generan desconfianza y merman la credibilidad del mensaje. Tienen un elevado coste en imagen personal y corporativa. 'No eres tú, es tu ortografía», finalizó.

Por su parte, Sara Delgado, responsable de marketing de En Clave RAE, enseñó esta nueva herramienta, que es «nuestra nueva plataforma profesional de servicios lingüísticos. Están dedicados a sectores como los medios de comunicación, editoriales, traducción, ámbitos legales o educativos. Es el Netflix de la lengua», lanzó. Tiene un periodo de prueba de siete días y la suscripción cuesta 30 euros al año.

«Todo esto genera un valor más allá de lo que teníamos hasta ahora. Encontramos todos los diccionarios de la RAE, por ejemplo. Si haces una búsqueda como color, pueden aparecer todos los términos relacionados. También se pueden hacer búsquedas más complejas. Otra herramienta nos permite saber cuáles son las palabras más buscadas que no están en el diccionario. Sabemos las frecuencias de búsqueda también, relacionadas con acontecimientos que suceden. También hay un servicio preferente de consultas, más ágil y más ameno. Soluciones a todas nuestras dudas», ahondó. También presentó un chatbot, que permite profundizar en el diccionario sin salir de Twitter, permitiendo compartir definiciones y examinar palabras aleatorias.

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