Ritos y leyendas de la misteriosa noche de San Juan en la Alpujarra granadina

Una mujer disfrazada de bruja en Soportújar./RAFAEL VÍLCHEZ
Una mujer disfrazada de bruja en Soportújar. / RAFAEL VÍLCHEZ

En la comarca se practicaron en otros tiempos rituales durante esta noche para encontrar el amor, atraer la fortuna y gozar de buena salud

RAFAEL VÍLCHEZÓrgiva

En la Alpujarra el solsticio de verano es mágico. En este lugar, oculto y misterioso y cargado de leyendas se practicaron en otros tiempos, más que ahora, rituales para encontrar el amor, atraer la fortuna y gozar de buena salud. Agua, tierra y fuego son los tres elementos sobre los que giraba, antes más que ahora, la noche de San Juan. En Lanjarón se vive intensamente la noche de San Juan usando millares de litros, durante una hora, para refrescarse y empaparse unas 10.000 personas del pueblo y de otros lugares en la calle principal. Este ritual coincide desde hace 40 años con la celebración en Lanjarón de las Fiestas de San Juan, del Agua y del Jamón.

El agua se relaciona por lo general con la cura de enfermedades y la fertilidad femenina; la tierra, con el amor, y el fuego con la purificación. Se dice que para que una promesa se mantenga de por vida hay que hacer una pequeña cruz en el tronco de un árbol durante la noche de San Juan. Si se salta una hoguera esa misma noche siete veces el fuego brindará protección durante todo el año. Antiguamente para que un deseo se hiciese realidad había que colocar nueve flores distintas y de cualquier tipo bajo la almohada en la noche de San Juan. En Cáñar, Soportújar, Pórtugos, Atalbéitar, Órgiva y otros pueblos se practicaban algunos ritos.

Soportújar, el pueblo de la 'brujas'

En la Edad Media, muchísimos alpujarreños curaban sus males, salvaban sus cosechas y fortalecían su sabiduría en la noche de San Juan. Muchos lugares de la Alpujarra gozaban en toda Andalucía de ser un punto diabólico congregador de cenáculos y enclaves endemoniados, las brujas y hechiceros concelebraban añejos cánticos y viejos rituales maléficos en donde se decía que se escuchaba el tintineo de una campana misteriosa. Se dice que quien se bañe con el rocío de la noche de San Juan quedará bendecida la persona durante todo el año. En Soportújar, el pueblo de 'las brujas' se le rinde culto a las meigas desde tiempos inmemoriales.

Algunos alpujarreños adquirieron de los brujos sabias fórmulas para hacer el bien o el mal. Estas personas aprendieron muchas cosas: a curar algunas dolencias pasando al niño enfermo por una mimbre en la noche de San Juan, que en luna creciente no se podía matar un cerdo ya que la matanza se podría, ni sembrar ajos en la creciente de enero por que la tierra los rechazaría. Para poder arrancar las cebollas era obligado avenirse con la menguante de agosto, los hechiceros decían en sus libretos de fortuna que las mujeres lactantes no podían beber en la misma vasija ya que una de ellas le robaría la teta, la doncella menstruante no podía subirse a una higuera por que agotaría la planta… y así toda suerte de artimañas y trucos.

Hace años en Cañar, Lanjarón y otros pueblos al dar las doce de la noche del día de San Juan cortaban una rama de mimbre que casi rompían por un extremo para y acto seguido acoplar una cuña de la misma rama y envolverla con barro y un trapo. Después la clavaban en el suelo del huerto o junto al río u otro lugar apartado. Acto seguido, a un lado se ponía un hombre llamado Juan y al otro una mujer llamada María que sostenía en sus brazos al niño que estaba herniado. Entonces Juan de decía a ella: «Dámelo, María», y ella le respondía: «Tómalo Juan, te lo entrego 'partío' y sano se tornará por las tres personas de la Santísima Trinidad». Y si la cuña verde y la punta de la mimbre no se secaban el niño sanaba.

Curar el estrabismo

También en otras zonas de la Alpujarra se curaba la tartamudez, la tiña y el estrabismo durante la noche de San Juan con ritos semejantes. La madre del niño se colocaba a un lado de una zarza y pasaba a su hijo por encima de ella, diciéndole a la madrina que se situaba al lado opuesto lo siguiente: «Yo te lo entrego y que se quede su mal en esta zarza», a lo que respondía la madrina: «Y yo lo recibo. Amén».

Antiguamente a las doce de la noche de San Juan se rompía un huevo de gallina negra puesto el mismo día 24 de junio y se colocaba en un vaso de cristal al sereno y a la mañana siguiente aparecía la imagen de un barco velero. Se decía también que el agua colada en la que se había realizado el fenómeno tenía virtudes curativas y por eso se guardaba en un recipiente.

También en otros pueblos la fertilidad de la tierra se conseguía enterrando en ella un pedazo de vela que había ardido en la noche de San Juan. El cocimiento de berros y la bebida de ese líquido colado atraían de inmediato la fertilidad de las mujeres que tenían problemas para quedarse embarazadas. Hechizos, amarres de amor con velas y un papel escrito. Miradas malévolas y fijas hacía otra persona, sin que se entere para echar el mal de ojo.

Se dice que San Juan Bautista es un referente en el cumplimiento de milagros que tienen que ver con las peticiones de mucha gente. No existen límites para conjurarse esa noche en busca de amor, la mejora de la salud, la maldición, etcétera. Cada quien en función de sus creencias se entrega a sus ensoñaciones y pone en practica multitud de rituales, hechizos, conjuros y formas que se le ocurra. Soportújar, gracias a su Ayuntamiento y vecinos, ha logrado que con su tradición hechicera, lugares embrujados, festejos y ferias con encanto atraigan cada día, y principalmente los fines de semana, a muchísimas personas de España y otros países. Está claro que Soportújar ha sabido sacarle partido a los temas relacionados con la brujería y los aquelarres.

Noche de San Juan 2019