Una ruta desde Guadix hasta el fin del mundo

Una jornada completa, para todos los públicos./Inmaculada Santiago
Una jornada completa, para todos los públicos. / Inmaculada Santiago

Este exótico paseo recorre la comarca de Guadix con parada en un castillo, cruzando terreno troglodita y un atardecer impresionante para rematar | Una jornada completa, para todos los públicos

ANA ÁVILA

Granada nunca deja de sorprender. Su historia, su cultura y sus bellos paisajes siempre tienen algo más que contar. En esta ocasión la propuesta es un pasoe por la comarca de Guadix, un territorio de extraordinario interés etnográfico y geológico, con impresionantes miradores desde los que contemplar curiosas formaciones en la arcilla, así como históricos monumentos.

Rutas senderistas

Descubrimos esta hermosa ruta gracias a Secretos de Granada y a su director, Isacio Rodríguez, que nos guía en un agradable paseo por Diezma, el Castillo de Peña Cabrera, el Complejo medieval troglodita de Almagruz y el espectacular Mirador del fin del mundo en Purullena-Paulenca.

Una ruta por la naturaleza, la historia y por paisajes para deleitar a tus sentidos y a tu cámara en este paraíso de la fotografía.

Comenzamos la jornada a unos treinta kilómetros de la capital, en el pequeño pueblo de Diezma, famoso por su pan, sus paisajes agrarios regados por el río Fardes y el desconocido castillo de Peña Cabrera, una construcción militar del periodo califal de importante valor estratégico por el control visual del viejo camino medieval desde Granada a Guadix.

Como curiosidad, Isacio Rodríguez explica que Diezma también es famoso por su aguardiente decimonónico, 'Cunini', que alegró las noches, tanto a Ganivet y a su Cofradía del Avellano como a la tertulia del Rinconcillo de Federico García Lorca.

Una vez atravesamos Diezma hacia la vieja carretera de Murcia, a unos 4 kilómetros –paseables a pie o en coche–, llegamos a uno de nuestros primeros destinos, la ladera de Peña Cabrera, donde podremos contemplar unos macizos dolomíticos de extraordinaria belleza conocidos como el 'naranjito', por su cierto parecido con el Naranjo de Bulnes, el mítico monte de los Picos de Europa.

La subida en pendiente atraviesa un olivar y un encinar centenario, el ascenso es corto y vertical hasta la puerta de un castillo y un, ahora desprotegido, aljibe.

Este 'hins' medieval se oculta entre grandes peñascos desprendidos y un minúsculo carril excavado en la roca que nos conducirá a la cima, desde donde podremos contemplar de forma extraordinaria los paisajes de Sierra Nevada, la Alfaguara y la hoya de Guadix.

Para el ascenso por la pequeña trinchera se recomienda cuerda de apoyo o vigilancia atenta. Posteriormente, el descenso puede hacerse por el mismo lugar o atravesando un encinar entre grandes piedras desprendidas, algún enterramiento neolítico expoliado y curiosas figuras esculpidas por la intemperie en la piedra.

La siguiente parada está situada a unos escasos cinco kilómetros, a la altura de Purullena (haciendo un cambio de sentido en la primera rotonda).

Llegamos hasta unos fabulosos farallones y taludes de las cuevas de Almagruz, un territorio labrado a medias por la naturaleza y los habitantes de esta zona en los siglos Xll y Xlll –periodo almohade–; se trata de viviendas trogloditas escalonadas en pisos que servían como graneros y refugios defensivos, la más importante cuenta con hasta nueve pisos.

Todo el territorio de este barranco circular de arcilla anaranjada es hoy un complejo etnográfico y hotelero de gran importancia, todo ello gracias a la cantidad de elementos recuperados que hablan sobre la historia y la cultura de esta comarca. Sus propietarios, Manolo y Dulce, regentan este Centro de Interpretación, utilísimo para comprender el pasado troglodita y de visita imprescindible si pasas por la comarca.

Tras una pausa para comer en Purullena, lugar que reúne todos los favores para los amantes de la buena mesa y la gastronomía local, continuamos por la vía para cerrar el día con un paseo excepcional a las 'malas tierras' del Mirador del fin del mundo, un kilómetro continuado de formaciones arcillosas en cortados y taludes de película, desde donde asomarse a los abismos de sus médulas y formaciones en un panorama sobrecogedor e imponente. Sierra Nevada y los pueblos del entorno regalan una vista insólita compuesta por una gran gama de colores, capaz de dejar con la boca abierta al observador. Durante el atardecer se convierte en una maravilla a la que le sobran todos los adjetivos.

Este excepcional recorrido no cuenta con grandes dificultades en su trayecto, por lo que es asequible para un público amplio.

Tiene una jornada de duración, comenzando en la mañana y finalizando al atardecer, para contemplar la puesta del sol desde el Mirador del fin del mundo.

Para realizarla solo necesitas calzado y ropa adecuada, así como una botella de agua.