«La única solución real para reducir los problemas de la procesionaria sería sustituir los pinos»

«La única solución real para reducir los problemas de la procesionaria sería sustituir los pinos»
JAVIER MARTÍN

José Antonio Hódar, doctor en Biología y profesor titular del departamento de Ecología de la UGR, se muestra contrario a las fumigaciones y rebaja la alarma en torno al fenómeno

JOSÉ IGNACIO CEJUDOGRANADA

Hace tiempo que se viene hablando de la 'Thaumetopoea pityocampa' o procesionaria del pino como un auténtico peligro para el ser humano y sus mascotas. Esta especie de lepidóptero defoliador que abunda en los bosques de pinos del sur de Europa y del norte de África ha provocado ciertas actuaciones en Andalucía y en la provincia, la más reciente en los collares colocados en los árboles del bosque de la Alhambra. La procesionaria es una oruga urticante también para el ser humano y que en caso de contacto directo con un perro podría causarle incluso la muerte.

José Antonio Hódar, profesor titular en el departamento de Ecología de la Universidad de Granada y doctor en Biología, sostiene sin embargo que «la procesionaria es un problema no porque lo sea en sí, sino porque nuestras zonas arboladas son básicamente pinares incluso en sitios donde debería haber otra cosa». «La procesionaria no es algo externo a la fauna de Granada sino uno más de sus componentes. En zonas urbanas, ajardinadas, merenderos y demás los pinos deberían ser sustituidos, tan pronto como sea posible, por otras especies vegetales», antepone a otras acciones como fumigaciones, perjudiciales. «De otro modo, cada cierto tiempo volveremos a tener el mismo problema», indica Hódar.

El repunte poblacional de procesionaria que la provincia de Granada vive en este 2019 es cierto, pero no sorprendente. «Hay más que el año pasado o que hace dos, pero no mucha más que en 2015 o 2010 y mucha menos que en 1999 y 2000, cuando hubo dos años seguidos de muchísima infección», recuerda el profesor de la UGR. «Es perfectamente normal que de vez en cuando, por factores climáticos o por otras razones, las poblaciones de alguna especie concreta muestren subidas repentinas que bajan de la misma forma. En Granada hemos tenido una presencia constante aunque variable en su intensidad de procesionaria en los últimos años», especifica José Antonio Hódar.

El doctor en Biología defiende que «la procesionaria no causa ningún daño a la flora y fauna con la que convive». «Los pinos defoliados se recuperan bien siempre y cuando la defoliación no sea reiterada, algo que de todos modos es muy inusual, y la fauna salvaje no tiene ningún problema en convivir con la procesionaria. Los problemas pueden venir cuando los animales domésticos o los seres humanos entran en contacto con las orugas», expone José Antonio Hódar. «La única recomendación razonable es que se evite el contacto con ellas. Si un pinar tiene procesionaria, lo que hay que hacer es evitar ese pinar hasta que acabe la temporada de enterramientos», señala.

«No se debe combatir»

En opinión de José Antonio Hódar, la procesionaria no debería combatirse. «No al menos como se ha venido haciendo tradicionalmente. Primero porque la procesionaria del pino es tan natural como los pinos de los que se alimenta, y segundo porque los métodos de control usuales como fumigaciones, trampas de feromona o collares en los árboles tienen un éxito bastante limitado», razona. «No podemos esperar tener pinares como los que tenemos, monoespecíficos, densos, sin matorral, sin mezcla con otras especies de árboles, y esperar que no se los coma la procesionaria: es como echar trigo en una plaza y esperar que no vengan las palomas y los gorriones», ejemplifica, irónico, el profesor de la Universidad de Granada.

«La única solución definitiva para reducir, que no eliminar o exterminar porque además de imposible no sería deseable, los problemas ocasionados por la procesionaria sería diversificar los pinares, algo que no se soluciona acordándose del problema cada vez que tenemos un repunte poblacional, sino planteando medidas decididas, y por tanto costosas y lentas, de aclareos de los pinares y favorecimiento de entrada de otras especies arbóreas, que es lo que se hace en muchos parques naturales y en el Nacional de Sierra Nevada», explica José Antonio Hódar, con mucha experiencia en el estudio de estos seres.

El profesor titular del departamento de Ecología de la Universidad de Granada reafirma que «en un parque canino no debería haber ningún pino cerca» ante los problemas de procesionaria asociados, aunque recuerda que «son baratos y crecen rápido». «Los anillos impiden la bajada de las larvas al suelo y funcionan sólo a corto plazo, son una medida paliativa pero no una solución permanente y además son caros, imposibles para hectáreas de pinares. Una fumigación con insecticidas biológicos en octubre podría ser una opción como estrategia, pero no es el sistema a largo plazo», añade José Antonio Hódar, quien reitera que «sin pinos pero con olmo, arce, cerezo, fresno, roble melojo o chopo, por citar algunas especies autóctonas, no habrá procesionaria».