Un robo de 400 euros en un bar de las afueras de Las Gabias

Ventana rota por la que entró el ladrón./ALFREDO AGUILAR
Ventana rota por la que entró el ladrón. / ALFREDO AGUILAR

El acusado de matar al guardia civil de un disparo había robado antes la recaudación de la máquina tragaperras de un mesón

Rosa Soto
ROSA SOTOGranada

La recaudación estimada de la máquina tragaperras era de entre 400 o 500 euros, según el testimonio de uno de los trabajadores del Mesón La Fragua, un bar situado en un polígono en las afueras de Las Gabias. El acusado de matar a un guardia civil de un disparo en Huétor Vega supuestamente asaltó este local de madrugada, unas dos horas antes de encontrarse con el agente que le dio el alto por mostrar un comportamiento sospechoso cuando trataba de huir con el botín y pasar el control de carretera.

«El ladrón tenía controlado el bar, sabía qué hacer para evitar activar la alarma, sabía dónde estaban los sensores de movimiento que hacen que salte», explica uno de los trabajadores del establecimiento especializado en desayunos y almuerzos. Este mismo empleado cuenta que no es la primera vez que entran a robar en el mesón. De hecho, hace poco más de un mes sufrieron otro robo de unas características similares, ya que también se llevaron el dinero acumulado en la caja fuerte de la máquina tragaperras, aunque el trabajador no es capaz de determinar una cifra aproximada. La única diferencia es que entonces la alarma de seguridad sí se activó porque los sensores de movimiento detectaron la presencia de alguien en el establecimiento durante la noche. Sin embargo, eso no sucedió la madrugada del lunes.

«Es muy sospechoso que en este intervalo de tiempo entren a robar y vayan a por el mismo dinero, el de la máquina tragaperras. Quizá sea coincidencia o puede que vigilara el local», comenta el empleado. Por su parte, el dueño de La Fragua prefiere no dar más detalles de los que ya se conocen para no entorpecer la investigación de la Guardia Civil.

El golpe

Los empleados del bar llegaron a primera hora de la mañana de ayer lunes y se encontraron con un dispositivo de la Guardia Civil que había acordonado el establecimiento. Según explica uno de los cocineros del mesón, los agentes estaban analizando las huellas alrededor de la ventana y las pisadas en el interior del bar en presencia del propietario del local.

Por lo visto, el atracador ató un cable a la reja metálica de la ventana y la arrancó tirando de ella con un coche en marcha. Tras desprenderla del anclaje de la pared, rompió el cristal de la ventana presumiblemente con un objeto romo, saltó al interior del local y desvalijó la caja fuerte de la máquina tragaperras sin hacer saltar la alarma de seguridad. El ladrón se fue sin ser detectado por los sensores de movimiento que hay distribuidos de forma estratégica en distintos puntos del local y que sólo alguien que supiera donde estaban de antemano podría haberlos evitado sin hacer saltar el sistema de seguridad, según remarca uno de los empleados del bar.

De esta forma, el ladrón se llevó una recaudación estimada de 400 euros en cuestión de minutos. Este mismo empleado asegura que nadie oyó ni vio nada. De hecho, apunta que en un descampado próximo suele dormir un hombre en un vehículo y al ser preguntado por el suceso a primera hora de la mañana negó haber escuchado una alarma o haber visto a alguien arrancando la reja metálica de la ventana.

La investigación

Un equipo de agentes de la Guardia Civil pasó parte de la jornada inspeccionando el establecimiento, que acordonaron en un principio para definir el 'modus operandi' del autor del robo, fotografiar el lugar de los hechos y tratar de obtener huellas dactilares de la ventana y pisadas tanto en el interior como fuera del local.

Mientras la Benemérita sigue con la investigación, el propietario del Mesón La Fragua se ve obligado a instalar nuevamente una ventana y una reja de seguridad para evitar otros asaltos de este tipo. Por otro lado, el trabajador consultado asegura que a pesar de este «susto» no se siente «inseguro» porque el robo se produjo de noche cuando no había nadie en el local. «No sabría cómo reaccionar», dice.

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