Un amigo recogió su bicicleta y la llevó hasta la Comandancia

Acceso a la capilla ardiente del agente José Manuel Arcos./PEPE MARÍN
Acceso a la capilla ardiente del agente José Manuel Arcos. / PEPE MARÍN

Dos compañeros acercaron hasta el Instituto de Medicina Legal el traje de gala del agente, cuyo coche fúnebre fue escoltado por vehículos oficiales

Y. H.GRANADA

Las muestras de cariño y de dolor se sucedieron durante todo el día. Uno de los gestos más emotivos lo protagonizó el policía local Antonio Palomares, que abandonó el hospital del PTS para ir en busca de la bicicleta del agente José Manuel Arcos a casa de su madre. Quería llevarla hasta la Comandancia, como un pequeño homenaje personal. Germán García y su mujer, Ana Belén León, no podían ocultar la tristeza. Tenían una estrecha amistad con el guardia civil. Él fue, de hecho, quien fue en busca del uniforme de gala de Arcos y lo llevó hasta las dependencias del Instituto de Medicina Legal (IML), donde también acudieron varios familiares del agente acompañados del comandante psicólogo antes de su traslado a la Comandancia.

El coche fúnebre salió del IML sobre las 15.30 horas, escoltado por motoristas del instituto armado y varios vehículos oficiales. Se respiraba impotencia y respeto. Mientras que los guardias civiles aguardaban la salida del coche fúnebre, un señor mayor que conducía una furgoneta blanca estacionó junto al edificio y con la ventanilla bajada llamó a uno de los agentes: «¡Compañero, lo siento mucho!». Era un granadino anónimo consternado por la noticia. También un matrimonio se paró a preguntar por qué había tanta guardia civil allí. Sus caras se cambiaron al saber que le habían practicado la autopsia a un agente muerto en acto de servicio. Se despidieron indignados y deseando que sea haga justicia.

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