«He llegado a ganar 50.000 euros 'limpios' a la semana con la 'maría'»: el testimonio inédito de un traficante de Granada

«He llegado a ganar 50.000 euros 'limpios' a la semana con la 'maría'»: el testimonio inédito de un traficante de Granada
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Abdul ha vendido más de doscientos kilos de marihuana en un lote, sobre todo a compradores europeos. Empezó en el negocio hace sólo cuatro años, pero ha tenido hasta 30 personas asalariadas

M. V. Cobo
M. V. COBO

Abdul es un tipo alto y corpulento, de buena apariencia. Conduce un buen coche y vive en una buena casa con su familia, pero sin ostentar. Habla varios idiomas y es de un trato exquisitamente educado. Tiene una carrera universitaria. Él se considera un hombre de negocios de éxito, pero admite que también es un narcotraficante. Y uno de los destacados, de alto nivel, por las cantidades de marihuana que ha llegado a vender.

Abdul –que no es su nombre real– tiene un negocio legal que le permitiría justificar las grandes sumas de dinero que puede llegar a tener en casa en momentos puntuales. Habla con normalidad de cantidades mareantes. «He llegado a ganar 50.000 euros 'limpios' a la semana», explica con un atisbo de orgullo. Tiene un móvil para hablar con su familia y amigos, otro que funciona vía satélite, y un tercer aparato, pequeñísimo, que sólo lo usa para contactar con su 'hombre de confianza', que no sabe leer.

Pone como condición para hablar con este periódico que no se le grabe audio ni vídeo, ni se tomen imágenes. Tampoco da detalles sobre su trabajo legal para que no se le pueda identificar, pero está seguro de que es difícil llegar hasta él porque no tiene antecedentes judiciales y tampoco está en contacto directo con la droga. «Yo compro y vendo, no entro en ningún sitio en el que se cultive; es como gestionar un negocio internacional», resume.

Abdul recibió ofertas de conocidos durante años para dedicarse a la marihuana. «Durante mucho tiempo dije que no, porque los delitos de droga suelen tener penas muy altas y pocos beneficios, pero en el caso de la marihuana es diferente. En 2014 decidí probar. Empecé con una inversión de 50.000 euros y vi que obtenía un 10% de beneficios y todo fue bien. Así que decidí subirme al tren», recuerda.

El negocio de la 'maría' en Granada

Cuando conoció Granada se quedó prendado de la ciudad y la convirtió en su hogar. Desde muy joven ha tenido negocios de distintos tipo, algunos legales y otros no tanto. Pero se considera un hombre honesto. «Tengo buena reputación, nunca he robado a nadie y hablo varios idiomas, esto me ha permitido empezar una empresa internacional, porque la marihuana de Granada se vende por toda Europa y Rusia y también la compran argelinos o marroquíes», desvela. El tráfico de marihuana se ha extendido como una mancha de aceite en los últimos años por varios factores. «Cuando se puso la cosa difícil con la crisis, hubo gente que vio en este cultivo una forma de sobrevivir; hubo otros que se dedicaban a distintas drogas y decidieron cambiar a la marihuana, y también hay personas que tienen otros trabajos legales y en vez de invertir en el ladrillo invierten en esto», apunta Abdul.

En su caso, los inicios en este mundo fueron tan buenos que pronto decidió ampliar el negocio, porque los beneficios llegaban incluso al 20% al vender la droga a otros países. «Durante dos años jugué muy fuerte, doblé la apuesta, pero eso te lleva a cometer errores».

Medio millón de golpe

Abdul explica que al principio él ponía dinero para ir comprando partidas y luego las vendía a extranjeros con los que había ido contactando. Hubo un momento que ni siquiera tenía que poner dinero. «Tenía un grupo de gente preferencial a la que compraba siempre el producto, era de buena calidad. Pero al ir ampliando el negocio, llegaba un comprador con medio millón y en una semana quería todo el material, había que comprar todo lo que había y no todo es bueno», explica Abdul. Llegaba el camión y se llevaba toda la droga, pero al comprobarla en destino le devolvieron algunas de las partidas.

«Aquí vendes a 2.000 euros el kilo, pero cuando hay una devolución, tienes que devolver al precio de allí, que ya son 2.500 o 3.000 euros. Perdí algo de dinero y decidí bajar el ritmo». Abdul explica que en esos momentos de máximo apogeo llegó a tener cinco casas destinadas íntegramente a cultivar marihuana. Hasta treinta personas 'asalariadas'.

«Se busca una casa en una urbanización y llevas a una familia normal, que no levante sospechas, a vivir allí. Le pagas el alquiler y un salario por ocuparse de la plantación», explica Abdul. Él se encarga de invertir en acondicionar la casa «con todo lujo, hasta 25.000 euros de inversión para que no huela nada». 45 focos llegó a tener en una de las viviendas, que controlaba con webcam. Cada tres meses tiene una cosecha, y de una casa así pueden salir 50.000 euros si todo sale bien. «En un solo cultivo ya has recuperado toda la inversión», resume con visión empresarial. El riesgo es para los inquilinos que, en caso de que Policía o Guardia Civil encuentre la plantación, serán ellos los responsables, porque el contrato de alquiler se hace a su nombre y nunca ven a la persona que vende esa droga.

«Alguna de mi gente sí ha tenido problemas con la Policía, pero para eso están los abogados. Y no te imaginas la cantidad de gente que viene a pedirme trabajo todos los días». Abdul subraya que siempre intenta ayudar a la gente, «ser honesto aunque el negocio sea ilegal».

Él lleva armas, también sus colaboradores, porque son necesarias para hacerse respetar. Aunque afirma que nunca ha tenido que usarlas. Y admite que el tráfico de maría se ha extendido tanto que está atrayendo mucha delincuencia. «Ha empezado a venir gente muy mala y muy cruel; hay muchas mafias rusas instalándose en Granada, también albaneses, árabes de origen francés...», apunta el traficante.

«Yo duermo tranquilo por las noches, no toco nada y es difícil que me pillen. Pero sí temo que un día me detengan delante de mis hijos y vecinos; yo soy alguien respetable», resume.

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