«Duermes con miedo de que entre la Policía o de morir en un incendio»: las declaraciones de una mujer que cultiva marihuana en su casa

«Duermes con miedo de que entre la Policía o de morir en un incendio»: las declaraciones de una mujer que cultiva marihuana en su casa
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Macarena tiene un dormitorio de su piso dedicado a cultivar maría: «Nos da apenas para comer y pagar deudas, pero nada más»

M. V. Cobo
M. V. COBO

Macarena es vecina de Norte. Allí nació, creció y ahora cuida de sus hijos y nietos. Vive en un piso humilde lleno de cables por todas partes. Son los que enganchan su vivienda a la electricidad de forma fraudulenta. Esos cables que recorren la casa en una instalación muy precaria son los que alimentan el 'huerto', como le dice a su nieta pequeña cuando se cuela en el 'interior'.

Macarena es una de las decenas de personas que se dedica a cultivar marihuana bajo techo. Ella empezó hace dos años, pidiendo dinero para acondicionar el cuarto en el que tiene las plantas, cantidad que luego tuvo que devolver con intereses. «Yo tenía un buen trabajo limpiando, pero llegó la crisis y ya no había nada para mí. No tenía ni paro. En el barrio se hablaba de lo que podías sacar con la maría, y un vecino me propuso ir a medias al principio». Macarena, que es un nombre ficticio, asegura que con ese cuarto puede llegar a sacar 3.000 euros cada tres meses. «Apenas nos da para vivir y para pagar con gabela el dinero que pido prestado mientras sale la cosecha», explica la mujer, que no recibe ninguna ayuda de su exmarido ni prestaciones sociales. «He tenido que ir al supermercado a pedir comida», remata.

El negocio de la 'maría' en Granada

Sabe que puede sonar a justificación, pero ella mantendrá el 'interior' –así llaman los cultivos bajo techo– mientras eso le asegure un plato de comida. «Estoy convencida de que, si no fuera por este dinero, mi hijo se echaría a robar, y no estoy dispuesta», apunta. «Yo no le robo a nadie, bueno a Endesa, pero ellos tienen mucho dinero», dice con una media sonrisa que se le borra de la cara cuando admite que no vive tranquila. «Duermes con el miedo de que entre la Policía y tus hijos vean cómo te llevan esposada; o con el miedo de morir en un incendio, porque todos esos cables saldrán un día ardiendo». Macarena tiene un bate de béisbol, por si entran a robarle las plantas, algo que ya ha pasado. Y nunca está presente a la hora de vender los cogollos. «Yo le pago a un hermano mío para que se encargue de regar y de entregar la droga», explica. Sus propios hijos le dicen que amplíe y ponga más cuartos para cultivar, pero a ella le da miedo que se sepa que tiene más plantas y entren a robárselas. A pesar de todo, Macarena no dejará de cultivar hasta que tenga otros ingresos.

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