Queremos Más niños como Esther, la sonrisa de Masterchef

Esta pequeña granadina de 10 años se llevó algo más que la victoria en Masterchef: logró enamorar al público, crear un sentimiento común que expresaba que esa niña "se lo merecía"

Queremos Más niños como Esther, la sonrisa de Masterchef
CARLOS BALBOA

Vean la sonrisa de esta niña. Disfruten como lo hace ella. Aprovechen, que es un gran regalo, de los que más se agradecen. Les aseguro que no ha sido nada complicado encontrar una foto suya así de feliz. Ahora piensen en lo que puede pasar por su cabeza para mostrase al mundo con esta simpatía natural cada vez que habla o te mira. Esther es una joya. Contagia ternura y 'buen rollo'.

Si fueron de los que la vieron por primera vez en Masterchef dirigiéndose a cámara sobre el rótulo 'Esther. 10 años. Granada' seguro que ya empatizaron con ella. Cómo no. Otra paisana que lograba 'colarse' entre miles de aspirantes en un concurso tan exigente (para algunos demasiado) como el de TVE. Ya era motivo de sobra para 'ir con ella'. Sin embargo a muchos nos ganó con algo más, con una cualidad que se cotiza alta: su desbordante ilusión. Y así es imposible resistirse.

Tuvo un momento de bajón a lo largo de las semanas que duró el programa, qué menos. Es una niña. Se bloqueó en una prueba aparentemente sencilla. Entre lágrimas, rogaba no quedar eliminada. "Sé que puedo dar mucho más de mi", decía. Y vaya si lo hizo. Los llantos desaparecieron y volvió a dibujar esa cara risueña, que a veces costaba encontrar, casi fuera de plano. Porque Esther no ha sido una concursante que acaparara mucha atención, pese a que habitualmente se colocaba entre las favoritas. Los focos fueron para otros. Ella, discreta pero tenaz (y muy, muy 'currante'), siempre tuvo una mano que tender. Incluso en la final, con los nervios a flor de piel. Las muestras de alegría del resto de finalistas al saber que era la primera duelista demuestran que los tenía ganados.

A muchos nos ganó con algo más, con una cualidad que se cotiza alta: su desbordante ilusión. Y así es imposible resistirse

En la final se salió. "Un menú impropio de una niña", dijo David Muñoz que, guste más o menos, algo sabe de gastronomía. Ningún fallo. Todo riquísimo, original y, además, bonito. Con esa valoracion del jurado el resultado estaba cantado. Ganó, pero se llevó algo más que el premio. Logró enamorar al público, crear un sentimiento común que expresaba que esa niña "se lo merecía".

No siempre es así. La pasada edición junior de 'Masterchef' se definió por la exagerada competitividad de los críos, lo que provocó que aumentaran las críticas en torno a "lo poco conveniente" que puede ser un espacio así para ellos. Esta que acaba de concluir ha representado todo lo contrario. Y en ese clima amable Esther ha destacado como nadie, alegrándose de los éxitos de sus compañeros y asimilando los suyos con una naturalidad y humildad que ojalá fuera norma y no excepción. Esta pequeña granadina tiene un talento desbordante, es obvio. Pero incluso más potente que eso es su radiante personalidad, su sonrisa eterna. Agrada y transmite alegría sin buscarlo, lo que es más meritorio todavía. Yo quiero más niños como Esther.

Fotos

Vídeos