Mario Vaquerizo: «Digiero bien lo que consigo, porque nunca he pretendido nada»

Mario Vaquerizo: «Digiero bien lo que consigo, porque nunca he pretendido nada»
RC

Indefinible, un hombre hecho a sí mismo, a base de disciplina prusiana, es Pedro, el marido de Carlota en la obra escrita por Félix Sabroso

J.A.M.GRANADA

Mario Vaquerizo (Madrid, 1974) es mánager, cantante, escritor, periodista... No se engañen por su aspecto; el hábito no hace al monje. Contesta a las preguntas de IDEAL corriendo de un lado para otro. Pero tanta carrera no agosta una mente casi tan efervescente como su verbo.

-Meterse en 'El amor sigue en el aire' ha sido una de las 'majaradas' más grandes que ha hecho?

-Sí, pero las majaradas resultan ser muy gratificantes. Nunca pretendí ser actor teatral, fue un accidente provocado por Félix Sabroso. Lo que fue una colaboración especial para cinco días se ha convertido en 70 funciones. El teatro es adictivo.

-¿Cuándo le dijo a su madre 'mamá, quiero ser artista' pensaba en esto?

-Ja, ja, ja... Nunca le dije a mi madre tal cosa... Yo le dije que quería ser John Travolta. Desde que vi 'Grease' con cuatro años y medio, mi vida cambió. Los críticos dicen que es una película mala, pero a mi me marcó, porque aúna la comedia romántica con la música.

-¿Qué mueve a Mario Vaquerizo?

«Cuando empezó mi relación con Alaska, dijeron que yo era maricón y que era un montaje, pero ahí seguimos tras 18 años»

-No sé. Quizá la intuición. He conseguido lo que pretendía; algo he trabajado, eso sí... Por ejemplo, siempre creí en el proyecto Nancys Rubias, y hoy es una realidad. Quería ser periodista, y lo fui. Este tipo de cosas, como estar en el teatro, es un extra, y lo vivo como tal.

-¿Y cómo se digieren esos sueños hechos realidad?

-Bien, si las cosas se hacen sin pretensiones. Nunca he pretendido ser actor, escritor o cantante. Me ha venido dado, y trato de hacerlo lo mejor posible porque soy serio y disciplinado. Eso es un lujo. Me siento muy orgulloso del trabajo hecho.

-¿A quién va a ver en usted quien acuda a la obra, entonces?

-A Pedro, un personaje antagónico a mí. Un hippy nómada. Yo no soy nómada, soy sedentario. Pero Pedro es buen tío: caradura, engaña, saca de quicio, vacila mucho... Nadie esperaba nada de él, pero ahí está. Es igual que mi relación con Alaska. Nadie esperaba nada de nosotros. Empezaban a decir por ahí que si soy maricón, que si es un montaje... Pero ahí estamos, 18 años después.

-¿Cómo ha sido trabajar en el teatro con Alaska?

-Con Alaska llevo mucho tiempo trabajando en otros campos, pero subirse juntos a un escenario e interpretar una obra como esta es único. Tanto que me da pena que tras Granada, Almería y cinco funciones en Madrid, se acabe.

La otra cara

-Usted es un artista poco al uso. ¿Cómo ha asumido las tablas, el 'summum' de los actores?

-Con respeto, porque aquí no hay trampa ni cartón. No hay 'corten' como en el cine o la televisión. Es diferente. En teatro sales y tienes que seguir del tirón. Además, el ambiente es fantástico: llegamos en la 'Nancyfurgo', hoy vamos a comprar faroles granadinos para la nueva casa... Me gusta disfrutar de las ciudades donde vamos.

-¿Qué le gusta de Granada?

-Aparte de sentirme atraído por su escena 'underground', me encanta la cultura que se respira aquí.

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