Las tormentas que destrozaron las cuevas del Sacromonte

El río Genil a su paso por el Camino de Ronda. 18 de febrero de 1963 /Torres Molina/Archivo de Ideal
El río Genil a su paso por el Camino de Ronda. 18 de febrero de 1963 / Torres Molina/Archivo de Ideal

Hace 55 años, unas terribles lluvias dejaron sin casa a miles de personas en Granada

AMANDA MARTÍNEZ

Había comenzado a llover en enero. El día 7 de aquel mes, tres personas habían muerto sepultadas en una cueva del Barranco Bermejo. Llevaba una semana lloviendo y la débil estructura de las oquedades se resquebrajaba. En lo que iba de año, se habían hundido 15 cuevas, otras veinte estaban gravemente dañadas y unas treinta evacuadas por peligro de derrumbamiento. Las casas de los barrios más humildes también estaban sufriendo en sus cimientos y tejados los efectos de las intensas lluvias. Llovía de verdad, como solo los más mayores recuerdan.

Sus inquilinos no tenían a donde ir. Se improvisaron refugios en el Palacio Arzobispal, en la cochera del parque móvil de los ministerios, en un almacén de la empresa Frigoríficos Sierra Nevada, en el garaje casi concluido de la Alsina en el Camino de Ronda, en los pasillos del Ayuntamiento o en el Chaparral, pero el problema no había hecho nada más que comenzar. Cáritas repartía colchones mientras agentes de la policía local rellenaban a mano los huecos en blanco de las octavillas que denunciaban una cueva por peligrosa y la situación en la que se quedaban sus antiguos dueños: un nombre, unas señas, «esposa y cinco hijos», retazos de la vida de setenta y seis familias el día nueve, de trescientas el día once, de sesenta y seis el día doce…

La situación era catastrófica. Con los nueve millones de pesetas que concedió el Ministerio de Vivienda al ayuntamiento para paliar los daños, se construyeron barracones en Santa Juliana y en el Chinarral y se compraron unos terrenos en la Huerta de la Virgencica. En cuestión de días, comenzó la construcción de módulos para dar techo a los damnificados. Soluciones prefabricadas, en principio temporales, que reunían dudosas condiciones de habitabilidad.

Solidaridad

Ante la grave situación que atravesaba la ciudad, los gestos solidarios se multiplicaron. Fueron muchos los granadinos que acudieron a la alcaldía para poner a disposición de la ciudad locales, vehículos y alimentos para socorrer a los afectados e incluso se cedieron viviendas pero, sin duda, fue la emisión del programa ‘Ustedes son formidables’ de la SER, dirigido por Alberto Oliveras, la que proyectó al país entero el drama que se vivía en Granada. Gracias a la ‘Operación Genil’, como se llamó el programa especial de Radio Granada, se recibieron peticiones de adopción y apadrinamiento de niños desde todos los rincones del país. Se emitió los días 23 y24 de enero. Entonces, el número de familias sin hogar ascendía a 1.182; 5.349 personas.

El 26 de enero un nuevo derrumbamiento en la cueva conocida como ‘La Macana’ del Barranco de los Negros mató al tocaor Antonio Maldonado y a su hijo Juan de tres años. El miedo cundió entre los vecinos del Sacromonte, Barranco del Abogado, de la Zorra o Bola de Oro que abandonaban con lo poco que tenían sus humildes moradas. El barro anegaba las calles y el silencio ocupaba el hueco que habían dejado las risas y juegos de los niños.

A la lluvia le sucedió la nieve. Las heladas noches en las que los termómetros bajaban hasta los cero grados traspasaban las lonas de las tiendas de campaña, la techumbre rota de Santa Juliana y las finas mantas que la caridad había repartido. Pero lo peor estaba por llegar.

Febrero negro

A mediados del mes de febrero volvió a llover y creció el desasosiego. El aguacero aumentó el caudal de los ríos y la violenta corriente arrastró el puente de las Monjas, taponó el del Genil, derrumbó muros y volvió a hundir cuevas, como la de la plaza de Liñán en la que murió un muchacho de 18 años y un niño de seis. Cortaron carreteras, la vía férrea, líneas telefónicas, se suspendió el servicio de tranvías, y se inundaron los cultivos de la Vega y pueblos como Fuente Vaqueros, Pinos Puente o Atarfe estuvieron incomunicados.

Más de veinte mil damnificados había en la ciudad cuando vino Franco. Lo llevaron al Sacromonte, uno de los barrios que más habían sufrido los efectos del temporal porque estaba formado por centenares de cuevas y la mayoría se habían hundido. Cuando llegó el jefe de Estado aún había familias que se negaban a abandonar sus casas, pero el aspecto era desolador.

Aquellas inundaciones agravaron el problema de la vivienda en Granada. De ellas surgieron los compromisos del abandono definitivo de las cuevas y la construcción de nuevas viviendas en la zona norte de la ciudad. En noviembre comenzaron a llegar los primeros inquilinos a los barracones de La Virgencica. Se dio un plazo de un año y medio para su traslado definitivo a una vivienda digna, pero tardaron de veinte.

Las autoridades cifraron las pérdidas en 1.259.435.914 millones de pesetas. No se recuerda una lluvia tan dañina hasta la ‘nube’ de la Rábita que en 1973 provocó una riada que se llevó la vida de medio centenar de personas.

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