Numerosas incidencias en el municipio lojeño

Riofrío y Santa Bárbara, en Loja, reviven la crecida de sus ríos al año de la devastadora riada

El agua del río Salado a punto de rebasar el puente de Riofrío. / NOELIA JIMÉNEZ

El río Salado, en Riofrío, ha inundado el entorno aunque sin destrozos y el arroyo Neblín ha vuelto a desbordarse en Venta de Santa Bárbara, donde los Bomberos han tenido que ayudar a una vecina para salir de su vivienda

NOELIA JIMÉNEZ GARCÍALoja

El 14 de septiembre de 2018 el río Salado, en Riofrío, no sólo se desbordó, como suele ocurrir cuando la lluvia aprieta en la zona, sino que destrozó bajos de restaurantes y viviendas, una de las piscifactorías de Caviar Riofrío, mobiliario urbano y decenas de coches, que la riada arrastró.

Y, justo cuando se cumple un año de la catástrofe, el pueblo y Loja entera están pendientes de sus aguas, turbias y cargadas de maleza, que en algunos momentos, a primera hora de la mañana, se acercaban al límite del puente que está en el punto donde se unen el río Salado y el Frío.

Policía Local y Bomberos han estado pendientes de las incidencias y siguen expectantes por lo que ocurra en las próximas horas, con el deseo de que no se vuelvan a repetir las escenas del pasado año, aunque a mediodía la situación volvía a la calma. El río ha llegado a embarrar el entorno de Riofrío y la piscifactoría de Caviar, que precisamente hoy celebraba el Día de la Trucha en sus restauradas instalaciones, ha tenido que suspender el evento porque la aguas han enturbiado las piscinas de esturiones y la zona estaba poco transitable. Pese a ello se veían en la pedanía, conocida por su rica gastronomía, algunos visitantes que no tenían reparo en pasear por la zona y entrar en los muchos establecimientos hosteleros del pueblo, que no ha visto perjudicada su actividad habitual de fin de semana. Aunque este año ha llovido el doble que el pasado 2018 (entonces cayeron 33 litros por metro cuadrado y ahora más de 60) los efectos no han sido devastadores como ocurrió el 14 de septiembre de 2018. Los vecinos y el propio alcalde pedáneo de la localidad, Alejandro Aguilera, apuntan a la limpieza del cauce y los ojos de los puentes del pueblo para explicar el porqué de unas consecuencias afortunadamente mucho menores que hace justo doce meses. No obstante, piden «una solución al origen del problema», diversos obstáculos e infraestructuras que, a juicio de algunos, no están bien planteadas y están afectando al normal curso del río.

Lo peor, en Venta de Santa Bárbara

No obstante, en Loja ha habido diversas incidencias, la más importante en Venta de Santa Bárbara, otra pedanía que suele padecer las crecidas del arroyo que la atraviesa, el Neblín. Allí el nivel del río ha sido máximo en muchos momentos, llegando a inundar las calles e incluso haciendo necesaria la intervención de los bomberos, que han ayudado a una vecina con movilidad reducida a salir de su casa. Policía Local, Bomberos, Guardia Civil, Protección Civil y operarios de mantenimiento del Ayuntamiento lojeño llevan desde primera hora de la mañana atendiendo las zonas y garantizando la seguridad de las personas.

Al margen de algunos bajos y parques anegados en el casco urbano, la peor parte se la ha llevado el medio rural de Loja. La vía de servicio de Cuesta La Palma, cerca de la A-92, se ha vuelto intransitable y han tenido que intervenir Policía Local y Bomberos. Por otro lado, la carretera de acceso a Ventorros de Balerma, otro núcleo rural, ha tenido que ser cortada al tráfico por la gran cantidad de agua acumulada en la calzada.