La historia de amistad entre Falla y su 'banquero'

La historia de amistad entre Falla y su 'banquero'

Leopoldo Matos, ministro tres veces con Alfonso XIII y abogado, fue una de las grandes influencias en la vida del compositor gaditano. Una investigación del profesor Manuel Titos a partir de las cartas que se cruzaron revela una relación única que sólo truncó la muerte

JOSÉ ANTONIO MUÑOZ

Manuel de Falla cultivó una relación más o menos cercana con decenas de personas. Entre ellas, muchos de los más importantes artistas de la época, desde Ignacio Zuloaga hasta Claude Debussy, pasando por Federico García Lorca, Diaghilev, Gerardo Diego o José Bergamín. Con todos ellos mantuvo una correspondencia que arroja unos guarismos de vértigo: más de 20.000 cartas conserva en Granada el Archivo Manuel de Falla. Pero entre todos esos receptores de su producción postal destaca sobremanera uno: Leopoldo Matos. El catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Granada, Manuel Titos, le encontró cuando investigaba las finanzas del compositor para la obra que precisamente se tituló así: 'Música y finanzas. Biografía económica de Manuel de Falla'. «Me extrañé con unos ingresos recurrentes de un tal Matos, y me entró la curiosidad por saber quién era», comenta. El resultado de su completa investigación, realizada con la colaboración del propio Archivo Manuel de Falla y del de Las Palmas de Gran Canaria, lo publicará la Universidad de Granada en pocas semanas.

Y ello porque muy pronto, su curiosidad empezó a verse satisfecha gracias a esa fuente casi inagotable y aún en buena parte inexplorada en torno a la vida del autor de 'La vida breve' que se encuentra en la misma colina de la Antequeruela donde vivió. Descubrió que «Matos puso todo su peculio -que era muchísimo- a disposición de Manolo, como se permitía llamarle». Esta forma tan familiar sólo la emplearon con el compositor dos de sus amigos: Manuel Prieto Ledesma y el propio Matos. Para el resto, incluso para contemporáneos como el ya citado Zuloaga, fue siempre «maestro» o «Don Manuel». Del mismo modo, desentrañó las claves de una relación donde predominó la amistad, pero que también convirtió a Matos en el asesor financiero y consejero económico del artista. «Falla, cuando empezó a ganar dinero, durante muchos años, se lo daba a Matos para que lo invirtiera».

De una relación que se extiende entre 1909 y 1936 -sólo el asesinato de Matos a manos de los milicianos en las primeras semanas de la Guerra Civil la truncó-, quedan al profesor Titos, entre otros muchos aspectos, las cualidades del músico gaditano como amigo. «Era extremadamente cortés. Siempre tenía atenciones con quienes le escribían, siempre tenía una palabra amable, un interés sincero por la familia cuando la conocía, o por las circunstancias personales o profesionales de quien le escribía. Si Falla contestó a todas las cartas, no es de extrañar que le quedara poco tiempo para escribir música». De hecho, el propio abogado, al que él llamó ante terceros 'su banquero' en alguna ocasión, le conminó a rebajar ese estricto protocolo social que se había marcado: «No contestes a mis cartas, para que no pierdas un minuto de tu precioso tiempo», le dijo en una ocasión.

Falla comenzó a confiar su dinero a Matos desde que comenzó a ingresar derechos de autor

Según afirma el profesor Titos, a partir de 1915, a pesar de que su obra es reducida en cuanto al número de referencias, Falla comienza a ser reconocido a nivel internacional como un importante compositor. Este aprecio internacional crece con las obras que compone en los años 20: 'El retablo de maese Pedro' o el 'Concerto' para clave, que sus contemporáneos no se recataron en considerar «sublime». Sus obras empiezan a estrenarse y él ofrece conciertos -una faceta que no desarrolló quizá suficientemente- y empieza a tener una economía algo más desahogada. Es entonces cuando comienza a confiar sus fondos a este Leopoldo Matos Massieu, abogado y político canario, dos veces Gobernador Civil de Barcelona, y por tres veces ministro en el reinado de Alfonso XIII.

España convulsa

A Falla le importaba poco la política, tan poco como el dinero, siempre que tuviera sus -modestas- necesidades económicas cubiertas. Es por eso que, aun siendo Matos uno de los más relevantes personajes públicos de la Restauración, en las más de 200 cartas que se conservan entre ambos rara vez se habla de la cosa pública. «El maestro sólo entra tarde, y de forma muy discreta, en materia política. Defensor de la justicia social, de ayudar a los necesitados, le preocupó la política cuando esta atacó a la religión que profesaba, cuando el laicismo se apoderó de España tras la llegada de la II República. Entonces, escribe a sus amigos Niceto Alcalá Zamora, Fernando de los Ríos o Manuel Azaña, preocupado por el rumbo que para la libertad religiosa estaban tomando los acontecimientos» afirma Titos.

Matos, sin formar parte del grupo de amigos juveniles de Falla, se convirtió en íntimo

Entre líneas se leen también algunas de las razones de su 'exilio', una expresión que, para el catedrático, hay que tomar con cautela. «El compositor salió huyendo muy triste de ese París que, después de Granada, consideraba el mejor lugar para vivir, tras el estallido de la I Guerra Mundial. Vivió, porque no le quedaba más remedio, la Guerra Civil, pero cuando vio que España podía participar en la II Guerra Mundial, y ante la estrechez económica que comenzaba a pasar, decidió marcharse a Argentina. No fue una huida ideológica, sino una huida de la guerra». Una guerra civil, la española, que en los primeros meses, y con muy pocos días de diferencia, se llevó a dos de sus grandes amigos. Y si el crimen cometido contra Lorca, a quien intentó salvar, afectó al compositor grandemente, el asesinato de Matos en Fuenterrabía le destrozó, haciéndole entrar en un estado de tristeza, agravado por sus dolencias físicas, del que tardó varios años en recuperarse.

También fue la ausencia del amigo en su faceta de asesor financiero, en parte, culpable de su marcha al país andino, porque a pesar de esa muy relativa preocupación por su peculio, sí que fue Falla implacable, por ese mismo concepto de justicia social aludido, al intentar cobrar siempre los derechos de autor derivados de la difusión de sus obras. También en este aspecto se fió de Matos, haciéndole partícipe de sus contratos con editores como Chester (Londres) o Rouart (París), cuyo producto el abogado gestionaba desde Madrid.

De todo un poco

Con todo, tal y como afirma Manuel Titos, la relación postal entre Falla y Matos «es un epistolario entre amigos en el que los recuerdos de épocas pasadas, la salud, la familia, el deseo de verse, pocas veces cumplido por las tareas políticas de uno y las musicales de otro, las consultas económicas y los comentarios jocosos constituyen el grueso».

Y esas cartas destilan, también, decenas de momentos felices. Como una visita del abogado a Granada en pleno Corpus. Una postal que le escribe al músico, quien entonces vivía en Madrid, el 5 de junio de 1915, reza así: «Querido Manolo: Una mañana en la Alhambra, la tarde en una preciosa huerta de la Vega, almuerzo andaluz, broma, manzanilla, guitarristas formidables, poetas jóvenes y andaluces, ¡Belmonte, Gaona, el cielo sin una nube! La noche en Carlos V, El aprendiz de brujo y Los maestros cantores. Hoy, Joselito y Belmonte. Bendita sea la vida. Tuyo, Leopoldo».

Toros en la plaza, los conciertos nocturnos del Corpus que darían origen al Festival Internacional de Música y Danza y... ¿poetas jóvenes y andaluces? ¿Pudo ser esa huerta a la que se refiere Matos el escenario de un posible encuentro entre este y García Lorca, entonces aún un joven músico con aspiraciones literarias, y que aquel 5 de junio celebraba, quizá con una fiesta, su 17 cumpleaños? ¿Pudo conocer Matos a Federico antes que el propio Falla, que no trabaría contacto con él hasta 1919? El profesor Titos afirma que «pudo perfectamente ocurrir, aunque, por desgracia, no tenemos noticia fidedigna sobre si tal encuentro llegó a producirse».

En 1936, 19 años más tarde, quedó pendiente otra visita de Matos a su amigo Falla en Granada, tras aquel día de San Federico que lo cambió todo. La preocupación del abogado por su salud y las finanzas, aparte de entregar unas partituras que le acabó enviando por correo, presagiaban un nuevo encuentro junto a las murallas de la Alhambra, que nunca llegó a producirse.

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