Granada ya puede extirpar tumores del cerebro por la nariz sin dejar cicatrices

María y Juana, rodeadas por el equipo médico que ha conseguido incorpoarr la técnica al Hospital Virgen de las Nieves. /RAMÓN L. PÉREZ
María y Juana, rodeadas por el equipo médico que ha conseguido incorpoarr la técnica al Hospital Virgen de las Nieves. / RAMÓN L. PÉREZ

El Hospital Virgen de las Nieves cuenta con un equipo multidisciplinar capaz de realizar complicadas operaciones a cuatro manos gracias a la tecnología endoscópica

José E. Cabrero
JOSÉ E. CABREROGranada

A María Tirado le dolía la cabeza. Le dolía mucho y siempre. Al principio, le dijeron que eran nervios, cosas de los exámenes, un estrés pasajero. Pero ella no podía dormir, no podía comer. El dolor era tan fuerte que le hacía vomitar. «Perdí 10 kilos», recuerda. El 26 de noviembre le diagnosticaron un tumor en la base del cráneo. El 28 de enero entró en quirófano nerviosa y asustada. Anoche estuvo de fiesta hasta las tantas de la madrugada para celebrar el fin de los exámenes. Nadie podría decir que hace poco entraron en su cerebro para extirpar un tumor: no hay rastros, no hay cicatrices, no hay dolor. Sólo la sonrisa de una granadina de 21 años que ha conseguido terminar sus exámenes a tiempo.

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Es como en las películas de robos. Esas en las que los ladrones consiguen entrar en la caja fuerte y salir con un poderoso botín sin dejar huella. Sólo que aquí, el dueño del botín, está deseando que le roben. El doctor Gonzalo Olivares lidera el equipo multidisciplinar del Hospital Virgen de las Nieves que ha conseguido, por primera vez en Granada, quitar dos tumores de la base del cráneo a través de la nariz. «En lugar de hacerlo de la forma tradicional, que era con una incisión en de la cara y un abordaje complejo que conllevaba un mayor sufrimiento para el paciente, lo hemos hecho con una técnica que es mínimamente invasiva». Una técnica a cuatro manos en la que un neurocirujano y un otorrino operan en un espacio ridículamente pequeño para el resto de los mortales: los agujeros de la nariz.

María y Juana, las pacientes operadas
María y Juana, las pacientes operadas / R. L. P.

Olivares & Santaella

Juan Ignacio Santaella es el otorrino. Olivares y Santaella, amigos desde que estudiaban Medicina en la Universidad de Granada, llevan doce años sincronizando sus manos para conseguir operar casi sin mediar palabra. «Somos como un matrimonio», bromea Olivares. «Esto es algo que no puedes hacer de un día para otro –sigue–, nos hemos preparado mucho y hay una curva de aprendizaje importante. El que quiera hacer esto sin pasar esa curva tiene un desastre asegurado». La clave para poder introducir el instrumental por la nariz es la endoscopia. «Metemos una cámara con una fuente de luz fría que nos permite llegar y ver el sitio que necesitamos», explica Santaella. A la cámara sumen el aspirador, un motor y el resto de instrumentos necesarios que hay que introducir, al mismo tiempo, por la nariz, y entenderán la cara de circunstancia que pone María mientras escucha la explicación. Ella y Juana, claro, la otra paciente.

Santaella y Olivares explican la técnica endoscópica
Santaella y Olivares explican la técnica endoscópica / R. L. P.

A Juana Suárez le empezó a doler la cabeza en plena recogida de la aceituna. Más que dolor, era un hormigueo, una molestia aguda que se repartía por toda la cara. «A veces se me encajaba la mandíbula y no podía ni hablar». Al principio le dijeron que era por una muela, así que mataron el nervio y se la quitaron. Pero no. No era la muela. Era un tumor. A finales de marzo, empezó a ver doble. El 1 de abril entró en quirófano, tranquila porque, en teoría, le iban a hacer una biopsia. «Salí operada», dice, «operada y contenta».

Olivares y Santaella encienden el proyector para mostrar un vídeo de la operación. La imagen, el 'selfie' más profundo que se va a hacer María en su vida, muestra un agujero por el que la cámara avanza. Da la sensación de que estamos dentro de una mina, presenciando la excavación de una nueva vía de salida. «El otorrino entra en las fosas nasales y en las cavidades, y de la aproximación al cerebro se encarga el neurocirujano», describe Olivares. «Aquí –señala la pantalla–, Santaella utiliza en una mano el endoscopio y con la otra mano el sistema de irrigación», un sistema que sirve para limpiar la cámara sin necesidad de ir sacando y metiendo continuamente el cable. Durante la operación, explican, ambos están mirando a una pantalla que emite las imágenes del endoscopio. «Por eso es tan importante el sistema de neuronavigación».

Un GPS en el cráneo

La neuronavigación es una especie de GPS que les permite volcar imágenes de una resonancia magnética realizada antes de la intervención del propio cráneo de la paciente. Así, colocando el puntero, el sistema indica el lugar exacto en el que están. «Eso nos facilita –añade el doctor Olivares– saber dónde estamos y la relación con estructuras que son importantes, en las que un daño podría tener consecuencias fatales. Así controlamos las arterias carótidas, por ejemplo, que estaban en el margen del tumor en los dos casos». Una vez que alcanzan la pared del cráneo, abren una pequeña brecha por la que extraerán, poco a poco, el tumor. Finalmente, usarán la propia mucosidad para cerrar la brecha de entrada, como si fuera el póster que escondía el túnel por el que escapaba Tim Robbins en 'Cadena Perpetua'. Entre ocho y doce horas de operación sin dejar, prácticamente, huella alguna. Minería de guante blanco.

Santaella explica la operación, con el vídeo de fondo
Santaella explica la operación, con el vídeo de fondo / R. L. P.

La cara de María y de Juana vuelve a ser un poema. El vídeo ha hecho que arruguen la nariz y que sonrían a partes iguales. María acaba de terminar los exámenes de primero de Enfermería. «Me empeñé en hacer la carrera. He tenido clara mi vocación desde siempre», dice. Una vocación que pasó por ver cómo su hermano superaba un cáncer, hace diez años, y por sacarse el título de Técnico de Laboratorio para poder entrar en la carrera. «Lo tenía claro. Y esto, lo de mi cabeza, la operación, me ha reafirmado. Te das cuenta de cómo quieres que te traten. Los médicos arreglan el problema, pero enfermería es el que te cuida en el día a día. Y aquí me cuidaron muy bien».

Por eso, por la importancia del equipo multidisciplinar que ha formado parte del pequeño milagro, Gonzalo Olivares insiste en aplaudir al resto de implicados: Carlos Sánchez y Ana María Román (neurocirujanos);Lucía Santos (anestesia);Rocío Izquierdo y Salvador Domínguez (enfermería);y María Ángeles García Rescalvo (subdirectora del Hospital de Traumatología).

«Gracias a todos vosotros. Ahora es cuando una se da cuenta de lo importante que es la sanidad pública. Fuera, en otro país, estaríamos perdidas»

Los tumores de María y de Juana eran raros, poco frecuentes. Juana, muy orgullosa del trato recibido, aprieta muy fuerte sus manos mientras dice «gracias», «gracias a todos vosotros. Ahora es cuando una se da cuenta de lo importante que es la sanidad pública. Fuera, en otro país, estaríamos perdidas». María, con mirada cómplice, responde: «Yo me informé y hay un caso por cada dos millones de habitantes y es dos veces más frecuente en hombres que en mujeres. O sea, que me ha tocado la lotería», ríe. Ríe divertida hasta que, sin perder la sonrisa, se da cuenta de que es verdad: «Sí, eso, la verdad es que me ha tocado».

Tratamiento de protones en Pavía

Los tumores de María y Juana, aunque distintos, tienen un comportamiento muy similar. Y ahora, pese a que las operaciones han sido un éxito, ambas tendrán que viajar a Pavía para recibir un tratamiento de protones. «Este tipo de tumores tienden a volver a salir. La idea es prevenir y para eso hay que tratarlos con protones porque son resistentes a la radioterapia habitual», dice Olivares. Actualmente, el tratamiento por protones no está disponible en España, por lo que hay que trasladarse a otros hospitales europeos, como el de Pavía.