Los ojos de Antonio inauguran el último 'milagro' del PTS

Una nueva operación para recuperar la visión más rápido y de manera menos invasiva | Los cirujanos ya pueden extraer un diminuto trozo de la córnea y reemplazarlo por otro sano en un espacio de menos de 3 milímetros

Antono Fernández, arropado por el equipo de la doctora María Inmaculada Gascón (izquierda) / RAMÓN L. PÉREZ
José E. Cabrero
JOSÉ E. CABREROGranada

Los ojos de Antonio Fernández eran marrones. Un marrón claro, casi gris, de esos ojos que devuelven la luz con más brillo. Eran unos ojos pequeños que, con su sonrisa habitual, se reducían a dos puñaladas contagiosas. Unos ojos de 77 años inundados por cataratas de historias en Granada, con sus hijos y sus nietos, con sus libros y su fútbol. Así eran. Ahora, los ojos de Antonio son exactamente igual que antes pero con una diminuta e invisible diferencia: ven mejor. ¿El milagro? Es el primer paciente en trasplantarse un diminuto trozo de córnea, una compleja y precisa operación de cirugía que acaba de llegar al Hospital Campus de la Salud del PTS.

La córnea es la parte externa del ojo. Una especie de disco abombado, un fino escudo compuesto de seis capas por el que entra la luz. Hasta ahora, si había algún problema, se realizaba una operación radical: cambiar la córnea al completo. Pero, ¿qué pasa si el problema está concentrado en una de esas pequeñas capas que forman la estructura del ojo? Trasplantar la córnea sería como si cambiáramos una bicicleta entera porque se nos ha pinchado una rueda. Ahora imaginen que esa rueda rota mide menos de tres milímetros y que tienen que arreglarla con un gancho finísimo. Ahí lo tienen, el milagro.

Antonio Fernández e Inmaculada Gascón.
Antonio Fernández e Inmaculada Gascón. / R. L. P.

María Inmaculada Gascón es la cirujana oftalmóloga que ha dirigido el primer transplante de endotelio, una de las capas que componen la córnea, en el PTS. «Si le hubiéramos quitado la córnea, el postoperatorio sería de un año. Con esta operación, esos tiempos se reducen considerablemente. En un mes ya notará la diferencia y en dos o tres meses podría graduarse la vista otra vez», explica Gascón. La clave del proceso está en esa capita, el endotelio. «No disponíamos en el hospital de metodología para hacer el corte y quedarnos con la capa. Ahora, el Banco de Tejidos de Málaga nos sirve lo que necesitamos, lo que evita que tengamos que derivar pacientes a otros hospitales».

Para explicar la operación que le han realizado a Antonio de una manera sencilla, el doctor José Ignacio Muñoz, parte del equipo que realizó el trasplante, compara la córnea con una galleta de chocolate tipo Príncipe, ya saben, galleta-chocolate-galleta: «Vamos a suponer que se nos rompe la galleta de atrás, ¿por qué cambiar el resto? Lo que hacemos es quitar esa galleta». La doctora Gascón completa la explicación mientras dibuja el proceso sobre un papel: «Hacemos un corte en la córnea (la galleta delantera) por el que introducimos el instrumental, un ganchito que corta, y con la punta vamos haciendo una circunferencia en la capa superior (de la galleta de atrás). Cortamos el pedazo y lo retiramos, como si fuera una pegatina. A continuación, inyectamos el nuevo endotelio dentro del ojo, enrollado, y lo desplegamos poco a poco para que coja la forma. Por último, para que se pegue, rellenamos la cavidad de un gas que exige que el paciente esté tumbado 24 horas».

Antonio, tras la lupa
Antonio, tras la lupa / R. L. P.

La operación

El endotelio
Es una capa que forma parte de la córnea.
Espacio de la operación
La cirugía se realiza entre 2,5 y 3 milímetros. El nuevo endotelio se inyecta enrollado.
Lista de espera
Seis meses.
Postoperatorio
24 horas en cama, tumbado hacia arriba.

En todo este proceso, el paciente no necesita anestesia general, lo que sumado a que el equipo de Gascón ha conseguido reducir los tiempos considerablemente, podría parecer algo sencillo. Ojo –nunca mejor dicho– a estos datos para comprender la grandeza del milagro: la cirugía se realiza en un espacio de entre 2,5 y 3 milímetros; el endotelio que se despliega dentro de la córnea mide 9 milímetros de diámetro; y el grosor de la cirugía no pasa de las 200 micras, esto es, 0,2 milímetros. Una técnica de la que podrá beneficiarse entre seis y siete pacientes al año, según los cálculos del Hospital Campus de la Salud.

«¡Mirar!»

Antonio, tras su problema de cataratas, ya ha recuperado el 80% de la visión en el ojo izquierdo. «Estoy estupendamente», dice, mientras pasea su mirada por el equipo que participó en la operación. Sus ojos van desde Inmaculada Gascón y José Ignacio Muñoz, hasta Adelaida Contreras, la jefa del servicio de oftalmología del PTS, pasando por Carlos Gonzalo, el anestesista, y Victoria, Mercedes, Lourdes, Manolo y Nieves, los enfermeros. «Me he puesto en manos de los mejores. Estaba tranquilo, Inma siempre me dio confianza. Lo que hacen tiene mucho mérito. Durante la operación notaba que me tocaban el ojo, pero nada de dolor. Es un auténtico milagro».

Fiel lector de IDEAL «de toda la vida», Antonio confiesa que llevaba un tiempo leyendo únicamente «la letra gorda». «»Ya puedo leer las letras pequeñas. Me encanta leer. Y es algo que estoy recuperando poco a poco, tengo cientos de libros esperando». La operación tampoco cambió su forma de ver los colores y no, ahora no es del Madrid: «¡Sigo siendo del Barça! ¡Y del Granada! (ríe) Sí, me gusta mucho ver el fútbol».

Antes de irnos, una última pregunta. ¿Lo mejor de todo? «¡Mirar!», grita emocionado. «¡Mirar!», repite. «Los ojos son el sentido más importante y esto –señala a su alrededor, a la doctora Inmaculada Gascón y su equipo– no tiene precio».