El país donde no hay dinero: hasta los mendigos aceptan limosnas 'on line'

El monedero en el móvil. Los pagos con el teléfono, escaneando los códigos QR, están a la orden del día en todo tipo de establecimientos, desde los chiringuitos callejeros a los restaurantes y las cadenas de electrodomésticos. /Z. Aldama
El monedero en el móvil. Los pagos con el teléfono, escaneando los códigos QR, están a la orden del día en todo tipo de establecimientos, desde los chiringuitos callejeros a los restaurantes y las cadenas de electrodomésticos. / Z. Aldama

Los pagos electrónicos, sobre todo con el móvil, arrinconan el uso de billetes y tarjetas bancarias hasta el extremo de que los mendigos ya aceptan limosnas 'on line'

ZIGOR ALDAMA

Después de una sencilla comida en un restaurante de batalla, la camarera se acerca a nuestra mesa para traer la cuenta. Espero que pronuncie el clásico «¿metálico o tarjeta?», pero el terminal de punto de venta (TPV) que lleva en la mano no es para leer la banda magnética o el chip de las tarjetas bancarias. «¿Alipay o WeChat Pay?», pregunta despreocupada. Solo cuando ve que tengo la cartera en la mano añade que si quiero pagar con dinero en efectivo o con tarjeta puedo ir a la caja y hacerlo. «Es que ya casi todo el mundo paga con el móvil», se disculpa.

La escena se produjo hace mes y medio en Shanghái, la capital económica de China, pero podría haber sido en cualquier otra localidad del país más poblado del mundo. Porque en el gigante asiático la población ha abrazado los pagos electrónicos -sobre todo a través del móvil- como no ha hecho ningún otro lugar del planeta. Desde esa comida, y para descubrir cómo de lejos se puede llegar sin papel moneda o tarjetas, he pagado todo utilizando exclusivamente los servicios de Alipay y WeChat, los sistemas de pago 'online' que copan el 54,1% y el 37% del mercado chino respectivamente.

Su uso es relativamente sencillo. Se pueden utilizar como un monedero virtual o vinculados a la cuenta corriente, que es la opción por la que he optado yo. Si se utiliza para compras en internet, su funcionamiento es similar al de Paypal: se inicia sesión en el servicio y se introduce la contraseña para verificar cada transacción. La gran diferencia, sin embargo, está en la posibilidad de utilizar las aplicaciones de estas empresas para pagar en casi todos los establecimientos: desde grandes cadenas de tiendas, hasta chiringuitos en la acera, pasando por máquinas de 'vending' y medios de transporte.

Incluso es posible pagar los recibos de la luz, el gas y el agua, los impuestos, o la matrícula de escuelas y universidades. En mes y medio no he encontrado nada que no haya podido abonar por esta vía. De hecho, hace unas semanas el ciberespacio chino se asombró de que en algunas ciudades incluso los mendigos aceptan limosna de forma electrónica.

Las estadísticas dejan muy clara la pujanza de los pagos 'online'. Según datos de iResearch, el año pasado el volumen de las transacciones realizadas por esta vía alcanzó los 7,4 billones de euros. Es 50 veces el volumen de Estados Unidos, que aparece en segunda posición del ranking. Y todo apunta a que la tendencia al alza continuará, porque se espera que en 2019 la cuantía de las transacciones alcance los 14,9 billones de euros. Un año más tarde, según un informe de la Better Than Cash Alliance, los pagos en metálico habrán caído hasta el 30% del total. Las tarjetas se llevarán otro tercio, y el pago virtual continuará ganando terreno. Así, China puede convertirse en el primer país que destierre tanto el papel moneda como las tarjetas bancarias.

A diferencia de los sistemas occidentales, que generalmente utilizan un chip NFC -sin contacto- en el móvil para pagar, en China el sistema funciona sobre todo con códigos QR, esos cuadrados llenos de cuadrados más pequeños que esconden mucha más información que los tradicionales códigos de barras. Para pagar en un establecimiento o hacer una transferencia entre usuarios -sin coste para importes de menos de 20.000 yuanes (2.500 euros)-, el móvil genera uno de estos códigos QR -válido solo durante un minuto- y el receptor lo escanea, ya sea con una 'pistola' láser o con otro teléfono móvil. En los establecimientos más pequeños, es el tendero quien tiene impreso un código QR y el cliente quien lo escanea para hacer la transferencia.

Como comenta la señora Huang, mi frutera, el sistema resulta muy atractivo «porque es seguro, ya que no es necesario guardar el dinero en la caja, es limpio -hay que ver cómo están algunos billetes-, es rápido, y, sobre todo, muy práctico». El año pasado, 469 millones de chinos pagaron 'online', un 31% más que en 2015, y la mitad empleó su móvil para abonar compras en tiendas físicas.

«Para entender este fenómeno hay que tener en cuenta que China ha saltado del dinero en efectivo a los pagos con el móvil sin haber pasado por métodos intermedios como los cheques o las tarjetas de crédito y de débito», explica Oliver Rui, profesor de Finanzas en la China-Europe Business School (CEIBS). «Hay dos razones principales que han propiciado este vuelco: la rápida penetración de los 'smartphones' -de los 731 millones de internautas chinos el 95% utiliza su móvil inteligente para acceder a la Red-, y la avidez de la juventud por las nuevas tecnologías -el 92% de los nacidos tras 1990 paga 'online'-. Para ellos, el dinero en efectivo es algo del pasado», explica Rui.

Además, sucede que Alipay y WeChat no solo sirven para pagar. También han comenzado a ofrecer productos financieros y de inversión que rivalizan con los de los bancos. El fondo Yu'ebao, por ejemplo, está gestionado por Ant Financial para Alipay y es ya el que más activos tiene en China. Ha pasado de 200 millones de yuanes en 2013 a 810.000 millones (103.000 millones de euros). «No existe un mínimo para invertir, de forma que puede ser solo lo que nos sobra, y la rentabilidad es del 3,5% anual, bastante superior a la que dan los bancos por una cuenta corriente. No hay gastos de gestión y el fondo puede ser cancelado en cualquier momento sin comisión alguna», comenta Ye Baoxiang, un ingeniero treintañero que ya ni siquiera lleva un billete en la cartera. «Antes sí lo tenía por si acaso, pero me he convencido de que no hace falta», ríe.

La revolución de los pagos 'online', sumada a la de las empresas de mensajería, ha propiciado la aparición de una dinámica economía virtual que está propulsada por millones de emprendedores chinos que venden sus productos en diferentes plataformas 'online'. El dinero ya no cambia de manos en fajos, sino en bytes. Ya no hay que esperar días a que se complete una transferencia -a cuyo importe el banco le da un mordisco-, porque se realiza de forma inmediata.

Pero, detrás de su innegable comodidad, estos medios de pago también esconden peligros en los que la población pocas veces repara. «El principal es la intimidad», apunta Luis Galán, fundador de la consultoría 2Open, especializada en comercio electrónico chino. «Estoy convencido de que el papel moneda, tal y como lo conocemos ahora, terminará desapareciendo. Y eso puede servir para combatir lacras como el terrorismo o los delitos económicos. Pero también supone que todo lo que compremos puede ser observado en tiempo real», comenta Galán.

Se abre un nuevo negocio que ya comienzan a explotar grandes de internet, como Facebook o Google: el de los datos. «Nuestra vida irá generando un reguero cada vez mayor de información que es muy valiosa para las empresas. Tanto para campañas de marketing como para estudios de mercado. Quien tenga nuestros datos, tendrá una llave empresarial muy poderosa», apostilla Galán.

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