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Las olvidadas del 27

Cultura-Granada

Las olvidadas del 27

27.05.10 - 02:30 -
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Ellas fueron mujeres que en las primeras décadas del siglo XX intentaban no sólo escribir sino hacer oír su voz. Son los nombres femeninos de la Generación del 27, algunas, las menos, conocidas por haber estado a la sombra de un gran autor, como Zenobia Camprubí, la esposa de Juan Ramón Jiménez, y Concha Méndez, la respectiva de Manuel Altolaguirre. 'Peces en la tierra. Antología de mujeres poetas en torno a la Generación del 27', de la filóloga granadina Pepa Merlo, recoge y recupera un buen número de mujeres poetas, algunas de ellas prácticamente desconocidas y ausentes de las páginas de la historia literaria española.
Quizás no se haya dado en la historia de España un momento tan interesante y participativo para la mujer como el que comenzó a finales del XIX y que resultaría segado, más tarde, por la Guerra Civil, alcanzando su punto álgido en los años de la Segunda República. Como en otros ámbitos artísticos, las poetas del 27 se desenvolvieron con naturalidad entre sus compañeros de generación, con las mismas influencias y ambiciones. «Sin embargo, las escasas antologías publicadas, o bien repiten los mismos nombres o se limitan a hacer una enumeración de las poetas en la que apenas se deja constancia de una existencia fantasmal», comenta Pepa Merlo. La antología, que recoge poemas pertenecientes a libros publicados hasta 1936, viene a cubrir ese olvido lamentable.
«Esta antología -señala Pepa Merlo- pretende que a los nombres de Carmen Conde, Concha Méndez, Josefina de la Torre, Rosa Chacel y Ernestina de Champourcin, se unan los de otras de las que aún no se han editado obras completas ni antologías ni monográficos, con el fin de dar a conocer sus versos».
Liberadas
A los nombres que cita la especialista y autora de esta edición, en la que ha participado el Centro Generación del 27, se suman Lucía Sánchez Saornil, Dolores Catarineu, Casilda de Antón del Olmet, Cristina de Arteaga, Pilar de Valderrama, Elisabeth Mulder, María Teresa Roca de Togores, Gloria de la Prada, María Luisa Muñoz de Buendía, María Cegarra, Josefina Romo Arregui, Esther López Valencia, Josefina Bolinaga, Margarita Ferreras y Marina Romero.
La aparición de estas mujeres en el panorama literario se produce en una época en la que se hacen efectivas medidas sobre patrimonio y divorcio, igualdad jurídica entre hombre y mujer, seguro de maternidad, «por no hablar -indica Merlo- del derecho de sufragio concedido ya en 1931 o el debate sobre la ley de prostitución o el aborto libre que llegó a establecer Federica Montseny en el otoño de 1936».
Esta explosión literaria femenina se vio reflejada en la aparición, en pocos meses, de cinco revistas: 'Mujer' (republicana), 'Nosotras' (marxista), 'Aspiraciones' (extrema derecha), 'Ellas' (derecha) y 'Cultura integral y Femenina' (republicana), cuyo lema era «de la mujer casi analfabeta a la mujer cumbre». La proliferación de estas publicaciones confirma que las féminas, en plena República, se convirtieron en un público importante.
La especialista destaca en el prólogo de la edición que estas mujeres vieron sus poemarios publicados en los mismos años que sus compañeros masculinos de generación. «De hecho, en 1927, cuando se celebraba en Sevilla el famoso encuentro homenaje a Góngora que dio lugar a la llamada Generación del 27, Concha Espina ganaba el Premio Nacional de Novela», escribe Merlo. Elisabeth Mulder, publicaba 'Sinfonía en rojo' y Josefina de la Torre, 'Versos y estampas'. Pilar Valderrama tenía ya dos poemarios, 'Las piedras de Horeb' y 'Huerto cerrado'; Ernestina de Champourcin, 'En silencio' (1926); Concha Méndez, 'Inquietudes' (1926); Cristina de Arteaga, 'Sembrad' (1925); Josefina Bolinaga, 'Alma rural' (1925); Casilda de Antón del Olmet había editado sus dos cancioneros, 'Cancionero de mi tierra' y 'Nuevo cancionero'; Carmen Conde, 'Brocal'.... «Y así hasta un total de casi cuarenta mujeres que están editando las primeras obras cuando comienzan a sacar a la luz sus libros los integrantes del 27», añade la filóloga.
Relaciones
Pepa Merlo indica que parte de la crítica se ha referido a estas autoras como mujeres aisladas del mundo y al margen de lo que se manejaba en los ambientes de la literatura de vanguardia del momento. «Sin embargo, se desenvolvieron con naturalidad entre sus compañeros de generación, por lo que no parece que estuvieran desvinculadas de las corrientes que se movían a su alrededor», comenta la autora de la antología.
«Unas, más próximas al grupo que formaban Salinas, Alberti, Guillén y Cernuda, entre otros, como Concha Méndez, que contrajo matrimonio con Manuel Altolaguirre. Otras no tan fieles al grupo, pero no lejanas a él, como Ernestina de Champourcin», indica Merlo. Aunque fueron las olvidadas de las páginas de la historia literaria del momento. «En las reuniones que se celebraban, ya fuese en casas privadas o en actos públicos de la Residencia de Estudiantes o en el Ateneo, siempre había, como poco, alguna poeta, además de políticas, narradoras, pintoras, integrantes habituales de la vida cultural».
Esta presencia, hoy llamada visibilidad, así como efervescencia cultural de la mujer, no significa que fueran un gran número, porque «se diría que el número de escritoras en ese momento era reducidísimo y las que sobresalían un poco eran una rareza».
Ocultas
Merlo expresa que la Guerra Civil fue «peor que para los propios hombres». De esta manera, explica que «las que pudieron, como Concha Méndez o Ernestina de Champourcin, partieron al exilio, pero las que se quedaron lo pasaron «terrible». «Vivieron ocultas, escondidas y en el silencio más absoluto, además de ver cómo su labor poética quedaba anulada», pero ahora queda recuperada gracias a esta edición firmada por la especialista granadina, porque no todas las antologías actuales y en plena democracia se han interesado por las voces femeninas del 27, que siempre eran las mismas. Incluso la selección confeccionada por el actual director de la Real Academia, Víctor García de la Concha, «tiene olvidos notables». Merlo confiesa que se queda con Elizabeth Mulder, Margarita Ferreras y Lucía Sánchez Saornil, si bien el lector se encontrará «todo lo que se estaba escribiendo, desde monjas hasta anarquistas».
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