Las enfermedades del corazón son la causa de una de cada tres muertes en Granada

La respuesta sanitaria es clave para tratar un infarto o un ictus. /F. R.
La respuesta sanitaria es clave para tratar un infarto o un ictus. / F. R.

La tasa de fallecidos por estas patologías sigue siendo la más importante en la provincia a pesar de caer siete puntos en los últimos quince años

Antonio Sánchez
ANTONIO SÁNCHEZGRANADA

Dos de cada tres granadinos se mueren a causa de un tumor, una enfermedad del corazón o un problema del aparato respiratorio. Las cifras comparadas de mortalidad de los últimos quince años reflejan que las patologías circulatorias siguen siendo las culpables de casi una de cada tres muertes registradas en la provincia, mientras que las defunciones por tumores o complicaciones respiratorias ganan peso, aunque en términos absolutos todavía quedan lejos de los muertos por problemas circulatorios. Las cifras, obtenidas del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA) y del Instituto de Salud Carlos III, reflejan además la importancia que este tipo de decesos tienen en la provincia de Granada si se comparan con el resto del país. Así, un hombre residente en Granada tiene un 17% más de posibilidades de fallecer por complicaciones circulatorias, mientras que en el caso de las mujeres el porcentaje sube al 25%.

Las cifras evolutivas de las dos últimas décadas reflejan que el peso que tienen las enfermedades cardiacas (infartos, ictus...) dentro de las causas de muerte desciende siete puntos, pasando de 2.712 fallecidos en el año 2000 a los 2.599 registrados hace dos años, el último del que se tienen registros. ¿Por qué? Los programas de prevención sanitaria se han centrado a lo largo de los últimos años en trabajar este aspecto concreto y, aparte, las comunicaciones han mejorado y la respuesta que los equipos de emergencias dan a estas patologías es mejor ahora que hace veinte años. «En este tipo de muertes, la actuación inmediata es muy importante», expone Amelia Fernández, jefa provincial de la Unidad de Prevención, Promoción y Vigilancia de la Salud.

La anticipación es un aspecto importante en este tipo de fallecimientos, ya que los expertos consultados por IDEAL coinciden en que hay dos elementos fundamentales para prevenir las muertes por problemas circulatorios: los hábitos de vida y la respuesta en el caso de que se produzca un infarto. «Los dispositivos de atención primaria trabajan muy bien y están coordinados y la respuesta también es rápida se viva donde se viva», explica Fernández.

La importante caída en términos porcentuales de las muertes por enfermedades cardiacas no impide que en términos absolutos el descenso de fallecidos por esta patología sea simbólico y que también Granada sea una de las provincias en las que es más probable morir por este motivo. Antonio Daponte, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública de Granada, es más crítico: «Estamos más bien mal. El sistema sanitario funciona, pero se tiene que garantizar el acceso de la población independientemente de donde se viva». Daponte cree que la complicada geografía de Granada es un factor determinante para que este tipo de fallecimientos no caigan con más fuerza y añade además otro factor con el que si coincide Amelia Fernández. «Hasta hace muy poco la dieta mediterránea era accesible a las clases bajas, pero ahora ya no y esto está provocando que las tasas de obesidad sean más altas, especialmente en los niños», argumenta Daponte. Fernández añade que actualmente se tiene una alimentación «que podría ser más sana» y hace hincapié en los perjuicios del sedentarismo, que trae como consecuencia un aumento de este tipo de tipologías.

Tras las enfermedades circulatorias, los tumores (cánceres de cualquier tipo) son la segunda causa de mortalidad de los granadinos. Este tipo de fallecidos son los que experimentan un mayor incremento desde el 2000. Ese año fueron 1.632 los decesos registrados por esta causa, mientras que en 2015 se acumularon 2.000 muertes por este motivo.

Incontrolable

La sensación social que subyace relacionada con esta patología es que es de las más incontrolables e impredecibles que existen, a pesar de que en términos porcentuales su peso en el total de fallecidos es sólo ocho décimas más que hace quince años. Antonio Daponte confirma el sentir ciudadano comparando esta causa de fallecimiento con las enfermedades circulatorias. «Antiguamente el infarto o el ictus eran mortales y esto ya no es así. La gente puede padecerlos y recuperarse con una buena calidad de vida. Esto es visible y se percibe, pero con el cáncer no es tan claro», explica Daponte.

Aparte, se añaden otras causas que provocan un incremento en las muertes motivadas por tumores. El aumento de la esperanza de vida provoca que aparezcan algunas patologías, como el cáncer de próstata, a una edad avanzada que antes se presentaban en menor medida. La dieta también afecta a ello. La alimentación que se llevaba a cabo hace dos décadas era más sana que la actual, basada más productos en prefabricados que frescos. «El cáncer de estómago desciende al mejorar las técnicas de conservación de los alimentos o bajar el consumo de alcohol. Sin embargo, el de colon aumenta debido a los cambios en la alimentación», considera Antonio Daponte. «La esperanza de vida está aumentado mucho, pero lo que hay que añadir es calidad de vida a los años que se están ganando», argumenta Amelia Fernández.

La tercera causa de mortalidad en la provincia son las enfermedades relacionadas con el aparato respiratorio (gripe, neumonía, asma...). Uno de cada ocho fallecidos (12,48%) en 2015 lo hicieron por una complicación de los órganos encargados de la absorción del aire. Supone una importancia de dos puntos más que en el año 2000, cuando 'sólo' se registraron uno de cada diez fallecidos por este motivo. Los expertos coinciden en señalar la incorporación de la mujer al hábito de fumar como la principal causa que justifica este aumento y los datos confirman el planteamiento. Las féminas fallecidas por enfermedades del sistema respiratorio se duplican con respecto a los años noventa, cuando los decesos en mujeres por este motivo anotaron un mínimo histórico dentro los registros de los que dispone el Instituto de Salud Carlos III. En los hombres también se produce un incremento, pero en términos porcentuales es mínimo.

Políticas de prevención

En conjunto, la importancia de estas patologías sigue siendo bastante notable. A finales del siglo pasado suponían el 71,3% de los fallecidos y ahora se quedan en el 66,9%, un descenso que aún no marca una tendencia clara si se analizan en conjunto, dado que las muertes por tumores y problemas respiratorios aumentan con más fuerza que la caída de los decesos relacionados con lo circulatorio. Tanto Amelia Fernández como Antonio Daponte coinciden en que las técnicas para identificar los factores de riesgo han mejorado en las dos últimas décadas y seguirán mejorando, por lo que actualmente el trabajo debe centrarse en trabajar en políticas de prevención.

Fernández argumenta que el trabajo desde las áreas de prevención debe encaminarse para que lleguen «menos enfermos a los hospitales». «El tabaquismo ha bajado en los últimos años, pero sin embargo la obesidad -sobre todo la infantil- ha aumentado, por lo que en los centros educativos tenemos que realizar esfuerzos relacionados con la alimentación», desarrolla.

Daponte expone que factores de riesgos como el tabaco o sedentarismo «deben ser eliminados de la vida de las personas». Añade además en la importancia de generar circuitos de mercado cortos para los alimentos, de tal forma que los ciudadanos «se coman las lechugas de la Vega y no las que le puedan llegar de Polonia» e incide en que las barreras geográficas que existen para una mejor o peor atención médica deben «trabajarse».

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