Ideal

Música para espantar a los ciervos

vídeo

José Méndez Moya muestra uno de los aparatos de radio que tiene en sus viñedos para espantar a ciervos y jabalíes. / Jorge Pastor

  • Agricultores granadinos, con pérdidas millonarias, acuden a soluciones imaginativas para salvar la cosecha

El tema tiene poco de chiste. Los agricultores de la Sierra de Baza no saben ya qué hacer para espantar a los animales que devoran sus cosechas y que, según estimaciones de organizaciones agrarias como la Unión de Pequeños Agricultores (UPA), ya han ocasionado este año pérdidas superiores al millón de euros en esta zona escarpada y seca de la provincia. Han probado todo tipo de soluciones. Soluciones que valen para cuatro o cinco días, pero con una efectividad nula en cuanto los intrusos 'se dan cuenta' de que no hay peligro. Han probado colocando vallas, pero casi siempre terminan en el suelo ante el empuje de las bandadas. Han probado con los estruendos que provocan los cañones de gas. Han probando con repelentes de todo tipo -normalmente bastante costosos-. Y últimamente, ya desesperados, han probado también dejando transistores encendidos durante horas y horas para que el sonido arredre a las fieras y las mantenga alejadas. A este método ha recurrido José Méndez Moya, viticultor y bodeguero granadino que cuenta por cientos las cepas dañadas por las diferentes especies que penetran en sus viñedos -ha perdido gran parte de la producción con la que elabora sus vinos blancos-. «Unas veces les pongo música y otras las noticias, que también les asustan», bromea José Méndez.

Un punto de ironía para un asunto muy grave y que pone en riesgo el sustento de cientos de familias. Pero vayamos al quid de la cuestión. A expensas de cuáles sean los registros pluviométricos de este otoño, las estadísticas evidencian que estamos inmersos en un periodo de sequía -los pantanos de la provincia se encuentran al 45,9% de su capacidad, once puntos por debajo que el año pasado por estas mismas fechas-. La primera consecuencia de ello es que no hay pasto. Y la segunda que ciervos, jabalíes, zorros y tejones bajan la montaña y encuentran el sustento en las plantaciones agrícolas. En el caso de Méndez Moya, que tiene su finca entre el Pocico y Dólar, en la altiplanicie de la Calahorra, no sólo se comen sus uvas, sino que también generan importantes daños estructurales en las plantas, frenando su potencial productivo durante, incluso, un par de campañas.

«Los ciervos actúan en mayo, cuando las viñas brotan y los tallos están tiernos, produciendo unos destrozos bestiales», afirma José Méndez, quien añade que llegan a devorar «filas enteras», en relación a la disposición de las vides. «Además -comenta- debe haber algún tipo de enzima en la saliva que condiciona negativamente su desarrollo posterior». También, en estas fechas, engullen los racimos ya maduros, tirando de los sarmientos. El 'modus operandi' de los jabalíes es similar. Tejones, zorros y estorninos producen cuantiosos desperfectos. José Méndez conoce perfectamente cómo proceden. También qué días los visitan -se ha convertido en un auténtico experto en huellas-. «Los ciervos son muy escrupulosos, nunca acuden a los sitios donde pastan las ovejas, por ejemplo, lo que deriva las manadas hacia el valle, ya que hay rebaños en el monte por motivos forestales», indica Méndez.

Según los afectados, el origen del problema se remonta a varios decenios atrás, cuando las autoridades relacionadas con el medio ambiente tomaron la determinación de meter especies que, según ellos, nunca existieron en este hábitat como los ciervos o los jabalíes. En los años lluviosos la coexistencia es pacífica. Ahí arriba hay hierba y no tienen que desplazarse hasta allá abajo. Los incidentes vienen en los periodos de déficit de precipitaciones y los ejemplares, normalmente en grupo, se mueven decenas de kilómetros para alimentarse.

El secretario de UPA en Granada, Nicolás Chica, manifiesta que «este asunto lleva muchos años encima de la mesa, pero aún no se ha adoptado ninguna medida realmente satisfactoria». En este sentido, recuerda que en 2013 la UPA presentó una reclamación patrimonial por importe de 170.000 euros ante la Junta, a la que imputan la decisión de introducir una fauna que, a su juicio, nunca existió por aquellos pagos. Aquel documento, avalado por técnicos, fue suscrito por 160 personas y afectaba a 150 hectáreas. «Realmente eran muchos más -refiere Chica-, pero muchos se echaron atrás y tampoco se sumaron al procedimiento judicial porque consideraban que era costoso no existían garantías para ganar ese pleito».

Línea de ayudas

La UPA insiste en que esta cuestión ha sido abordada en reiteradas ocasiones ante la Junta, «que deriva responsabilidades hacia los cazadores». En cualquier caso, desde la UPA instan a la administración autonómica a abordar esta problemática más allá de los paños calientes. La opción de poner cercados ya se planteó en su momento. De hecho, se propuso incluso una línea de ayudas, tramitadas a través de los ayuntamientos, consistentes en que la Junta sufragaba la inversión de la alambrada y los titulares asumían los gastos de montaje. Los agricultores no se muestran tampoco a favor de esta alternativa por las limitaciones que implica para la circulación de vehículos y maquinaria por los caminos. Más allá de la autorización de batidas, desde la UPA se apuesta por el traslado de las especies a otros espacios y por la habilitación de abrevaderos donde puedan comer los animales en cotas más elevadas.