La casa natal de Morente, convertida en un piso de alquiler para turistas

Azulejo conmemorativo y placa a la entrada de la casa./P. RODRÍGUEZ
Azulejo conmemorativo y placa a la entrada de la casa. / P. RODRÍGUEZ

La vivienda se rehabilitó el año pasado y una noche en ella cuesta entre 60 y 100 euros en portales como Booking o Airbnb

Juanjo Cerero
JUANJO CEREROGranada

Poco después de morir Morente, la Asociación de Vecinos del Bajo Albayzín colocó en la fachada de su primer hogar un azulejo que celebra su memoria. «En esta casa nació el cantaor Enrique Morente (1941-2010)». Justo debajo, una placa más reciente anuncia La Casa del Cantaor, un «alojamiento con encanto» en el corazón del barrio albaicinero, en el número 9 de la Cuesta de San Gregorio. Desde finales del año pasado, cualquier visitante de la capital aficionado al flamenco puede pasar una noche en la casa donde vivió los primeros años de su vida el Ronco del Albaicín. El precio: a partir de 59 euros, de acuerdo con las ofertas disponibles en portales de viviendas para fines turísticos como Booking o Airbnb.

Su actual dueño y regente, Eduardo Rodríguez, asegura que en un par de ocasiones ya han llamado clientes interesados en dormir allí precisamente por su carga histórica. Recalca que la placa fue colocada por los vecinos con su autorización y que no está ahí como reclamo publicitario. En la oferta que figura en el portal de alquileres turísticos Airbnb, sin embargo, se puede leer en la descripción que se trata de una «casa regionalista de principios del siglo XX en la que nació el conocido cantaor granadino Enrique Morente». Este texto, eso sí, no aparece en la reseña del alojamiento en Booking, otra web similar.

El hogar natal de Morente no fue nunca propiedad de su familia, que vivió en ella de alquiler. El actual dueño, profesor de secundaria según se describe él mismo en su perfil de Airbnb, cuenta que su padre la adquirió en los sesenta y es parte del patrimonio familiar desde entonces. El año pasado decidió acometeruna ambiciosareforma, de más de 200.000 euros según información del Registro de la Propiedad, y cuya financiación obtuvo curiosamente gracias a que el subdirector de una de las entidades bancarias a las que acudió había vivido también en el inmueble. Eduardo se siente orgulloso de haber hecho una «rehabilitación integral» en la que se ha «conservado todo lo antiguo» de la vivienda para los nuevos visitantes, aunque matiza: «No intento que se vea esto como un museo».

El cantaor mostró interés en comprar la casa poco antes de fallecer, dice el dueño actual

Antes de convertirse en vivienda con fines turísticos, la casa también se usaba para alquiler, en muchos casos de estudiantes, afirma Eduardo. Prefirió cambiar al uso actual porque le provoca «más placer» que acuda al inmueble mucha gente distinta. «Disfrutan de cómo se ha quedado todo lo antiguo». El propietario del número 9 de la Cuesta de San Gregorio cuenta que su padre y Morente, poco antes de fallecer, hablaron sobre la posibilidad de que el cantaor comprase la casa, aunque eso nunca ocurrió. Este extremo no ha sido confirmado por la familia del artista granadino. Su viuda, Aurora, aseguró a este periódico no haber tenido constancia hasta ayer de que la casa natal de su marido, donde vivió hasta la adolescencia, fuese ahora un piso de alquiler para turistas, tras lo cual no quiso hacer más declaraciones. Eduardo Rodríguez confirma que no tiene ninguna relación con la familia del cantaor, pero que pueden acudir a ver la casa cuando quieran.

Lo cierto es que la vivienda natal de Morente, ahora La Casa del Cantaor, cuenta con extraordinarias valoraciones en los portales de alquiler para turistas. En Booking está calificada como 'excepcional', con un 9,5 de nota media. Muchos visitantes destacan asimismo el buen trato que dispensan los anfitriones.

Lo de la casa morentiana es solo un ejemplo de un fenómeno que se viene dando en los últimos años por toda la capital. Aquí y allá, lugares emblemáticos de la historia local abren sus puertas a los turistas con el intangible valor de la memoria como parte de su reclamo.

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