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La Alhambra, en servicios mínimos

Los servicios del Pabellón de Taquillas se saturan cada vez que llega un autobús con turistas.
Los servicios del Pabellón de Taquillas se saturan cada vez que llega un autobús con turistas. / ALFREDO AGUILAR
  • Quince meses después de suspenderse el proyecto Atrio, la oferta paralela del monumento se limita a un par de kioscos, chiringuitos y máquinas dispensadores de latas. Los aseos públicos apenas cubren las más urgentes necesidades de los turistas y se colapsan cuando llegan a la vez en los autobuses

El marco incomparable anda un poco bajo mínimos. No afecta a las visitas en un año en que Granada está batiendo todos sus récords de turistas, ahora que estamos en diciembre y termina 2016, y que apenas afectan a la Alhambra porque tiene limitado el aforo a algo más de ocho mil personas al día. Y se llena a diario. La diana es la oferta complementaria que ofrece el Patronato de la Alhambra y el Generalife, que ha pasado en estos últimos quince meses del proyecto del Atrio -un edificio de tres plantas, con un restaurante y cafetería de más de quinientos metros cuadrados, además de tiendas y librerías- a quedarse en un par de kioscos, una decena de máquinas dispensadoras de latas de refrescos y un chiringuito con chuches que sobrevive junto al Palacio de Carlos V y la Puerta del Vino desde hace más de setenta años, y que ya va por la tercera generación de propietarios.

Un año después de la paralización del Atrio, y apenas a una semana de la suspensión definitiva del proyecto tras la publicación del Informe de Icomos, uno de los organismos que asesora a la Unesco, que declara que el Atrio es «invasivo», el pabellón de entrada que era visto como «necesario» por los técnicos para un monumento que recibe más de ocho millones de turistas todos los años, no se realizará. Mientras, nadie se ha molestado en buscar alguna alternativa. Atrio ofrecía tiendas, cafetería, restaurante y toda la oferta necesaria para que la visita fuera completa y agradable. Pero hoy, el proyecto del Atrio no es más que una quimera y la Alhambra se tiene que conformar con unos servicios parecidos a los que tiene cualquier concesionario oficial de automóviles: unas máquinas por aquí y por allá, además de tiendas cerradas y con un servicio de audioguías suspendido que no se ha activado hasta el mes pasado. Ir al baño, incluso, puede llegar a ser una odisea.

En estas páginas recorremos el recinto monumental, analizamos la oferta y observamos que centros culturales a la altura de la Alhambra como el Museo del Prado o el Guggenheim en Bilbao mantienen como signo de identidad una oferta comercial paralela a la cultural que Granada carece. La conclusión es que la paralización del Atrio por su alto nivel de tóxica polémica ha dejado a la Alhambra con unos servicios mínimos. Y sin alternativa alguna.

Desde el primer momento

«Hasta huele mal». El conductor del minibús de la Rober que todos los días sube desde Granada a la Alhambra se queja mientras toma café en uno de los establecimientos diseminados por el recinto. «El coche está viejo, se cae a pedazos, los turistas van apelotonados. Menuda primera imagen que se van a llevar de la Alhambra», sangra por la herida que le duele abierta por su ciudad, su monumento y su propio oficio de conductor. «Deberían poner un autobús nuevo, que este tiene ya dos décadas y está hecho polvo».

«Por aquiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Por aquí se va a la Alhambra», grita una gitana vieja apoyada en el poyo de las escaleras que conducen del aparcamiento a las taquillas, en el pabellón de entrada. Entre medias, con su ramita de romero y su predicción de la suerte, embaucan al guiri por una ración de euros.

También se puede llegar a pie. Se puede subir por la Cuesta de Gomérez y dejarse seducir por el ruido del agua, el frescor de la sombra de sus árboles y de sus jardines. Hay que traspasar la Puerta de los Carros y observar que un andamio de color marrón la sostiene y saluda al turista. «Decidimos que había que intervenir de forma urgente y la mejor manera era la instalación de este sistema que esperamos retirar en el menor tiempo posible. Se han iniciado los trámites para poder acometer una intervención que consolide la puerta y nos permita eliminar la estructura metálica provisional, pero sabemos que los procedimientos administrativos son lentos y se ha preferido dar una solución hasta que se pueda materializar una verdadera obra de restauración», afirmaba en julio el director del Patronato Reynaldo Fernández, que mantiene la temporalidad de la medida. Estamos ya a finales de diciembre y el andamio sigue dando la bienvenida a los turistas.

La Alhambra permanece en servicios mínimos

«Tampoco es que la Alhambra haya ido del proyecto del Atrio a quedarse en un chiringuito. Además, ese chiringuito, no es una prioridad. Tiene sus chicles, pipas y cuatro cosas y ya lo llevaba el abuelo, luego su padre y ahora él. Hay que estudiar jurídicamente la situación y también desde el punto de vista personal. Aunque tengo que reconocer que es una situación que nos hemos encontrado. Y tampoco es una prioridad. Ya lo resolveremos. Él lleva toda la vida ahí», argumenta el director del Patronato de la Alhambra y Generalife, Reynaldo Fernández.

También razona que «aquí hay un montón de sitios para un café, una caña y su tapa o lo que se quiera». «No sólo son los establecimientos que tiene la Alhambra. Tenemos una gran oferta de restauración: La terraza Ka Mimbre, Jardines Alberto, los hoteles Guadalupe y el Generalife, el Alhambra Palace, el Parador de San Francisco, el hostal América en la calle Real, el Pozo... hay un montón de sitios». Si bien es cierto, la crítica que se hace de forma automática a esta argumentación es que un café en el Parador Nacional de San Francisco, de máxima categoría, al igual que el hotel Alhambra Palace, «cuesta un ojo de la cara. No son precisamente todos ellos lugares de precios populares. Aprovechan su estratégica localización y hacen bien. No todos los días te tomas un café o una caña en el recinto de la Alhambra», asegura un guía turístico que conoce bien tanto los servicios del monumento como las necesidades de los turistas.

Reynaldo Fernández continúa con su defensa de la oferta del monumento y explica el cierre temporal de las tiendas y librerías, que son tres, dos en el recinto y una más en la calle Reyes Católicos. «La concesión de la tienda había caducado. Y al final, las tiendas sólo van a estar cerradas dos semanas». Así ha sido. Ya en diciembre, las dos tiendas en el recinto permanecen abiertas y reciben a los clientes con una sonrisa y todo el material dispuesto en perfecto estado.

Entre juicios y polémicas

Un punto aclarado. Aunque queda en el camino cierta sensación de falta de previsión. El siguiente, el del servicio de audioguías, también ha estado suspendido y estuvo de nuevo operativo el mes pasado, tras largos meses sin poder ser disfrutado por los visitantes. Entre medias, el nombre de la Alhambra se pasea por los juzgados. El último día de septiembre de este año concluyó la ronda de declaraciones de los acusados en el llamado 'caso Alhambra', que sienta en el banquillo a un total de 49 personas por un supuesto fraude en la venta de entradas y el control de accesos al monumento. Una vez culminada esta fase, la vista oral se retomó en octubre para que fueran compareciendo ante el tribunal de la Sección Segunda de la Audiencia de Granada las varias decenas de testigos que han propuestos las partes. El caso ha quedado ya visto para sentencia.

De igual forma, el primero de octubre se anunció que la Alhambra retrasaría hasta final de año los resultados de la auditoría que solicitó a Hacienda sobre su gestión económica tras la investigación judicial abierta por los posibles delitos de prevaricación, malversación de caudales públicos y blanqueo de capitales en la gestión de las audioguías. Es decir, hasta este mismo mes de diciembre, en que se está a la espera de novedades sobre este espinoso tema. El actual director de la Alhambra anunció la petición de la auditoría en agosto del 2015, pocos días después de su nombramiento y de que se abriera la causa judicial por la gestión de las audioguías, aun en curso y que provocó la dimisión de su antecesora, María del Mar Villafranca.

La Alhambra permanece en servicios mínimos

Y, de vuelta al estado de la Alhambra en servicios mínimos, conviene recordar las palabras de la anterior concejala de Urbanismo del Ayuntamiento de Granada, Isabel Nieto, obligada a dimitir por la 'Operación Nazarí': «El Atrio se describía en el proyecto original como un edificio de tres plantas, con un restaurante y cafetería de más de quinientos metros cuadrados», además de tiendas». Y criticó que «eso sería como hacer una especie de Abades delante de la Alhambra, donde cada media hora se le daría comida a los turistas lo que perjudicaría a la hostelería de Granada porque la gente no bajaría del monumento».

Ni una cosa ni la otra

No son los Abades, precisamente. Así que ni una cosa ni la otra. Cuando el turista llega a los aparcamientos del Generalife descubre que las máquinas expendedoras de latas de refrescos y tentempiés permiten el pago de tres formas diferentes. En esto sí que andamos avispados, con monedas, con billetes, o a través de un dispositivo, con una tarjeta de crédito. El Patronato de la Alhambra informa en su página en Internet que «ha habilitado una serie de máquinas que se pueden encontrar en varias zonas del conjunto monumental para posibilitar al visitante la adquisición de comida y bebida, mientras se ponen a disposición del visitante los servicios de cafetería y restauración». Un 'mientras' que de momento, va para largo. Muy largo.

Se pueden encontrar máquinas en las tres áreas. El aparcamiento de la Alhambra, el pabellón de acceso donde se encuentran las taquillas y el pabellón de servicios, junto a la Puerta del Vino. En total, una docena de máquinas para los más de ocho mil visitas diarios que acceden con entrada al monumento. Justito-justito. La pregunta ahora es: ¿Qué ofrecen? Pues un poco de todo. Y también todo un poco caro. Veamos. Una botella de medio litro de agua sale por 1,20 euros. El resto de los precios van en concordancia. Caretes.

Además de estas tres baterías de máquinas dispensadoras, el pabellón de acceso cuenta con un pequeño local junto a las taquillas que está provisto de multitud de bolsas de patatas y gusanitos y ofrece algún tipo de bocadillo caliente. Eso sí, son encantadores. Además, en la explanada frente a la entrada a la Alcazaba hay un kiosco que sirve también bebidas y refrigerios que con buen tiempo hace que sea un lugar idílico. «Pero que en invierno parece que no es el lugar más apropiado», comenta un guía turístico del lugar.

La información al visitante sí está bien organizada. En principio. El Patronato de la Alhambra y Generalife presta a los visitantes un servicio de información telefónica a través del número 958027971, además de la atención personalizada en varios puntos, como el pabellón de entrada y el punto de información al visitante en la Calle Real. La atención al público se realiza en torno a tres ámbitos de actuación. Primero respecto a la información sobre la visita pública al monumento. La segunda sobre la gestión de reservas para las visitas guiadas organizadas y el tercero es sobre las tareas de apoyo en las relaciones institucionales. La realidad es la siguiente. Cuando se baja de los aparcamientos del Generalife el visitante se topa con unas cuantas cajitas como de madera que en su interior se han habilitado unas oficinas. La mitad de esta suerte de cubículos están cerrados a cal y canto, otro de ellos está ocupado por las máquinas dispensadoras de refrescos y otra más es la oficina de información, donde los turistas hacen cola a pleno sol en verano, al relente en otoño e invierno.

El otro punto de información está en la Calle Real, donde solo una persona atiende las preguntas. En nuestro caso, preguntamos en su día, en octubre, por la ubicación de las tiendas oficiales de la Alhambra, y nos indicaron perfectamente la más cercana, en el Palacio de Carlos V, sin tener ni idea de que los establecimientos estaban cerrados temporalmente en esas fechas.

Aparcamientos y lavabos

El Patronato de la Alhambra y Generalife dispone de un aparcamiento público para facilitar el acceso al recinto en vehículo propio. Se extiende desde la rotonda de entrada al cementerio hasta el pabellón de acceso, donde se encuentran situadas las taquillas. Está distribuido en varias zonas según el tipo de vehículos: un aparcamiento para autobuses y caravanas (el primero que se puede encontrar) además de tres áreas más para automóviles particulares. El aparcamiento está abierto y vigilado las 24 horas del día.

El resto de los servicios que ofrece la Alhambra son comunes al resto de monumentos y museos nacionales, y se resuelven sin problemas. Se trata de la atención sanitaria, «un servicio atendido por personal sanitario de Cruz Roja que se halla ubicado en el pabellón de servicios de la Puerta del Vino».

También tiene consigna. El Patronato de la Alhambra «ha habilitado dos consignas para que los visitantes puedan depositar maletas, bolsos y carritos de bebé, ubicadas junto a las taquillas y en el pabellón de servicios de la Puerta del Vino». Asimismo, «en caso de extravío de objetos personales, los visitantes pueden solicitar información en cualquiera de las puertas de entrada al recinto», informa el propio Patronato de la Alhambra.

Sobresalen dos aspectos, la limpieza generalizada de todo el recinto y la accesibilidad y la preocupación por todos los miembros de la familia. Por eso se ofrece el servicio de custodia de carritos y préstamo de mochilas portabebés gratuitamente. El visitante que lo desee «podrá depositar su carrito en la consigna de Puerta del Vino y obtener a cambio una mochila porta-bebé (hasta un máximo de doce kilos) para realizar una visita más cómoda y contribuyendo además a la conservación del monumento».

Como curiosidad, en estos tiempos de Whastapp, Facebook, Twitter y Google, el buzón de correos se encuentra situado en el pabellón de acceso.

A la hora de ir al baño

La Alhambra presenta ciertos problemas a la hora de ir al baño. Se explica «por las dificultades que presenta la ubicación de cuartos de aseo en un monumento de estas características». Así, «existe solamente un número limitado, aunque suficiente, asegura el Patronato de la Alhambra, de ellos.

Debe tener presente esta circunstancia antes de iniciar la visita», advierte, porque, aunque proclamen que son «suficientes», lo cierto es que tras visitar de forma concienzuda estos lugares se comprueba una vez sí y la otra también que los aseos para las mujeres presentan colas de espera de hasta veinte minutos.

Una situación que ocurre por norma general cada vez que llega un autobús con turistas, donde lo primero que hacen al bajar, es entrar en tromba al servicio. Y es en este momento cuando los servicios colapsan. Si bien es cierto, todo hay que decirlo, que son cómodos y están limpios e higiénicos en extremo, lo cierto es que las caras de los turistas muestran un tinte de agobio por la espera.

En la visita de comprobación fuimos testigos de colas de hasta quince y veinte mujeres. Estos lavabos se encuentran en tres lugares a lo largo del recinto, el pabellón de acceso, con aseos adaptados para discapacitados; el pabellón de servicios, en la Puerta del Vino, también con aseos para discapacitados y en los jardines bajos del Generalife.

De diez en diez años

Un monumento, la Alhambra y el Generalife, perfectamente protegido y con una calidad de visita de matrícula de honor que, sin embargo, ofrece una oferta comercial paralela bajo mínimos. Una pelea tóxica y un debate estéril sobre el proyecto Atrio. Y, sobre todo, la sensación de que la Alhambra ha vuelto a tropezar por segunda vez con la misma piedra.

La Alhambra permanece en servicios mínimos

Busquemos en la hemeroteca. En abril de 2006, este periódico publicó en titulares que «la Alhambra derribará su polémico pabellón de acceso y lo cambiará por uno más 'blando'. El controvertido edificio, construido durante la etapa de Mateo Revilla como máximo responsable del monumento nazarí, suscitó en su momento una catarata de críticas».

El texto explicaba que «el Patronato de la Alhambra ha decidido que el principal punto de acceso al monumento, el pabellón situado junto a la entrada al Generalife, pase ya a la historia. El edificio, construido en la etapa en que Mateo Revilla fue director del recinto nazarí, fue muy polémico en su momento. Recibió un considerable caudal de críticas por parte de personas que lo consideraron inapropiado para el lugar donde está ubicado. Los detractores censuraron sobre todo el aspecto duro de las instalaciones, que fueron comparadas con un centro penitenciario o incluso con la estación de autobuses de la localidad madrileña de Parla. Ahora, transcurridos ya diez años -se refiere a 1996-, desde que se construyó, el pabellón no ha logrado sobreponerse a su aspecto de mamotreto pese a que la vegetación ha ido camuflando una parte de su estructura».

Es decir, que en 1996 -hace veinte años exactos-, se construyó el actual pabellón de entrada con las taquillas y ya lo compararon con el presidio de Sing Sing.

Seguimos. Diez años después, en 2006, se decidió echarlo abajo para que hoy, continuamos, diez años después de esta última decisión y dos décadas después de que se inaugurara el actual pabellón de acceso, el proyecto Atrio que iba a suponer la modernización de los servicios que oferta la Alhambra, está ya suspendido por un informe y una enésima polémica entre las fuerzas vivas -y también las muertas-, de la ciudad. Falta consenso.

Y, una vez aparcado el Atrio, nadie habla de las soluciones que, más allá de que este proyecto de Siza sea o deje de ser invasivo, era imprescindible y necesario cubrir.

Vamos bajando la colina de la Alhambra y no nos vamos sin hacer una última pregunta al personal del Patronato de la Alhambra y del Generalife:

-Y wifi... ¿Tienen wifi?

-No te pases.