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Los bomberos que vienen del cielo

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El retén de La Peza participa en unas prácticas con helicóptero en el Centro de Defensa Forestal de Puerto Lobo, muy cerca de Granada. / Jorge Pastor

  • Infoca ataja 121 fuegos este verano, una lucha coordinada desde los centros de defensa forestal

Once de agosto. Cuatro y media de la tarde. El sol cae a plomo sobre Granada. Al fondo, más allá de la Vega, se otea una columna de humo. Cerca del Padul. Cerca de la Laguna. Cerca del bosque. Un comunicante advierte al 112, que tarda segundos en informar de la incidencia al Centro de Defensa Forestal (Cedefo) de Puerto Lobo. Se activa el protocolo de emergencia. Las hélices del 'koala', el helicóptero con base en este Cedefo, empiezan a girar. La aeronave está en el aire en pocos minutos. A los mandos, Javier Gallo, el piloto. En la cabina, siete bomberos forestales. En poco menos de ocho minutos están sobrevolando la zona crítica.

El Centro Operativo Provincial ya tiene las primeras fotos. También las primeras evaluaciones. La fumarada no es muy densa, lo que da una idea del tipo de combustible. Llegan refuerzos aéreos desde el Cedefo de Tablones, en Órgiva. Las llamas tienen a favor la orografía. En contra, el viento, que frena el avance ladera arriba. Las decisiones están tomadas. El retén, ya con pies en tierra, decide atacar por el flanco derecho ya que el izquierdo está protegido por un cortafuegos. La situación no tarda en controlarse. Repliegue de recursos. Sólo queda refrescar el perímetro para evitar que las teas se reaviven. El primer balance es de dos hectáreas quemadas. El Infoca llegó otra vez a tiempo. Ahí quedó la cosa.

Este conato en el Padul es una de las 121 intervenciones realizadas por el Infoca en la provincia hasta el pasado viernes. Acciones rápidas y efectivas que mantienen a salvo, por el momento, las 290.000 hectáreas de superficie forestal de Granada. Este verano 'tan sólo' han ardido 246 hectáreas (4 de arbolado, 173 de matorral, 23 de pastizal y 46 agrícolas), una cifra que se aproxima a la media de la última década. Números que deben cogerse con pinzas hasta que acabe la temporada de máximo riesgo. En cualquier momento puede suceder lo peor. Como en Lújar, el año pasado. El fuego arrasó 1.993 hectáreas de gran valor ambiental y muchas ilusiones. Las imágenes de los lugareños llorando dieron la vuelta a España.

De ahí la importancia del Infoca, que moviliza a 696 efectivos en todo el territorio provincial. Una maquinaria, perfectamente ajustada y jerarquizada, con la importante misión de que Granada siga siendo verde. Según Francisco Vílchez, técnico operativo del Cedefo de Puerto Lobo, la celeridad es clave. «Todo incendio grande empieza siendo pequeño», comenta Vílchez, quien reconoce que siempre, cuando se produce una llamada, existe un factor de incertidumbre: «Nunca sabes lo que te vas a encontrar». Una intranquilidad que dura poco. Lo que tardan en arribar al lugar del siniestro y valorar las circunstancias. «Actuamos siempre en equipo; sabemos donde podemos meternos», resume Vílchez. Y es que tan importante es detener el fuego como saber cómo huir de él de la manera más segura. Un trabajo que requiere un programa de formación continua como el que se realiza en el Cedefo de Puerto del Lobo, situado en el término de Víznar, a apenas quince minutos de la capital granadina.

Aunque no basta tan sólo con que los retenes cuenten con una buena instrucción. También deben estar en perfecta forma. Un cometido del que se encargan profesionales como Gonzalo Martínez. «Buscamos una preparación física donde prevalezca la resistencia sobre la fuerza, ya que al final hablamos de actuaciones que se pueden prolongar durante más de diez horas», afirma Martínez, quien añade que lo ideal es que el entrenamiento se desarrolle siempre en el medio natural. El Cedefo de Puerto de Lobo, por ejemplo, se encuentra a 1.200 metros, una altitud que favorece la generación de glóbulos rojos. «No contamos con instalaciones aquí, pero sin lugar a dudas el monte es el mejor gimnasio», refiere.

Y es que en las tareas que realiza el Infoca prima la cohesión, pero también la especialización. Es el caso de José Manuel y José Gerardo, conductores de camión. «Con el pequeño, con el nodriza, abastecemos al grande, aunque en ocasiones también podemos avanzar hasta la primera línea», explica José Manuel. Manejar el volante de este tipo de vehículos, que pueden alcanzar los 26.000 kilogramos cuando van completamente cargados, requiere mucha pericia. También experiencia. «No es lo mismo circular por una autovía o por una carretera perfectamente asfaltada que hacerlo por el campo o por carriles», apostilla José Gerardo.

Javier Gallo es el encargado de pilotar el 'pájaro', el Augusta 119 Koala, un helicóptero de mil caballos con capacidad para transportar a siete personas y arrastrar un 'bambi' -el depósito del agua que se arroja en las extinciones- de unos mil litros. «Es un aparato muy estable y muy veloz, algo básico para llegar pronto hasta los siniestros», dice Javier Gallo, quien indica que el pilotaje de estas máquinas está condicionado por las circunstancias en que se desarrollan las misiones -vuelos bajos, con mala visibilidad y en zonas montañosas-. A todo ello hay que sumar el plus que implica la coincidencia con otros medios aéreos y las continuas bajadas para cargar el 'bambi'.

Daniel Tovar es jefe de grupo en La Peza -este retén hacía prácticas en el Cedefo de Puerto Lobo el día que se realizó el reportaje-. «Nuestra jornada empieza con la asignación de la ruta, lo que nos obliga a desplazarnos de un sitio para otro», afirma. Los 'tiempos muertos' los emplean para adiestrarse. Él y sus compañeros. «Pasamos más horas juntos que con nuestras familias», bromea. «Comemos juntos, hacemos deporte juntos, los pasamos bien o mal juntos y apagamos los incendios juntos», concluye.

Antonio Aguilar y José María Martín son agentes de Medio Ambiente. También son los 'jefes del incendio' hasta que el mando lo toma el Centro Operativo Provincial. «Somos funcionarios y podemos denunciar cualquier negligencia». Además colaboran en la investigación, ya que son los primeros en llegar al punto donde se originan las igniciones.