Albaicín, patrimonio de la suciedad

Un mural de grafiti camufla la valla que limita la acera con una zona en obras./
Un mural de grafiti camufla la valla que limita la acera con una zona en obras.

Un barrio único en el mundo está salpicado de excrementos y basuras | La asociación de vecinos demanda la ampliación del servicio de limpieza y el Ayuntamiento responde que también falta colaboración ciudadana

CARMEN MARCHENA

El Albaicín es al mismo tiempo Patrimonio de la Humanidad y de la suciedad. Inconcebible. Un paseo desde Plaza Nueva por la calle Elvira hasta Plaza Larga demuestra con la fuerza de los hechos que los escombros, los orines, los excrementos, los muebles y electrodomésticos, la basura depositada a deshoras, las pintadas y los solares abandonados adornan con fuerza el más bello barrio del mundo. Mientras los vecinos piden soluciones, la concejala de Medio Ambiente, Telesfora Ruiz, explica que hay medios a disposición del barrio -ofrece las cifras al final de este reportaje- y apela a la propia responsabilidad cívica de los vecinos y de los visitantes. De hecho, Inagra periódicamente limpia en profundidad algún solar.

La calle está plagada de pintadas desde la puerta de Elvira hasta su desembocadura en Plaza Nueva. No sólo es un problema de grafitis. También se aprecian las primeras evidencias de la dejadez que sufre el barrio. Aquí, dos bidones para depositar el vidrio ubicados entre Plaza Nueva y la Cuesta de Gomérez obstaculizan el paso de los peatones, precisamente, un punto caliente para el turismo donde los haya.

Ya en calle Elvira, si bien el solar de Correo Viejo se encuentra tapiado tras las labores de limpieza, la suciedad y restos de orín no han desaparecido. La estrechez de esta calle deja aparecer el Lavadero de la Manchega que, gracias a su estructura tan resguardada, es sede de colchoneros y litroneros la mayoría de sus días. Por ello los vecinos se quejan de las personas que trasnochan en la plaza bebiendo unos y durmiendo en ella otros.

Siguiendo este itinerario de la 'cochambre' albaicinera, la cuesta Maraña es claro ejemplo de insalubridad y falta de cuidado. A su izquierda hay un solar -uno de tantos- que alberga escombros y residuos de todo tipo que se integran entre la marabunta de chumberas como si parte de su flora se tratase. Son cascos de cerveza, bolsas de patatas y chuches de todo tipo y hasta envases de pollos asados.

Unos balcones con su ornamentación de madera destruida casi en su totalidad dan la bienvenida a la calle Zenete. Las puertas repletas de pintadas son otra de las características de esta calle, sin dejar atrás las esquinas y el empedrado oscurecido por el amargo orín que permanece durante días.

A lo largo de la calle hay dispuestos numerosos bidones de desechos. Están vacíos, sin bolsas, pero huelen como si estuvieran en medio de una huelga de recogida de basura, ya que no se limpian a fondo y están en el interior llenos de restos en descomposición, acentuada por la ola de calor. A un lado y a otro, en los jardines del Albaicín, una espesura limitada a chumberas y matojos secos en perfecta simbiosis con litros de cerveza, envoltorios de plástico y escombros guían al viandante hacia el Mirador del Zenete.

Un espacio que brilla en primer lugar por la de su placa informativa, donde sólo se puede observar pintadas y óxido sin dejar atrás, en segundo lugar, al solar perteneciente a la Junta, justo debajo, en el que también pueden encontrarse la fauna y flora autóctona de todos los solares del barrio -plástico, botellas, excrementos y escombros-.

Una bofetada visual

En esta misma calle, tan sólo media vuelta es necesaria para ver que el Aljibe del siglo XVI corre la misma suerte. Es otra bofetada visual. Plagado de pintadas, apenas se aprecia su restauración. Los dos focos que tendrían que alumbrarlo están rotos cuando se hace este tour y, una vez más, la presencia perpetua de basura hace que papeleras y jardines rebosen de suciedad. A lo largo del Carril de la Lona se encuentran la casa del mismo nombre y la de las Maravillas que, debido a su situación de abandono, permiten apreciar las ingentes cantidades de yerba seca, un riesgo completo de incendios, denuncian también los vecinos, ya que estamos en pleno verano.

Por la parte trasera de la Casa de la Lona, algún amante de los animales deposita sobras de comida en el interior y alrededor, una comunidad gatuna no cesa de aumentar. Otro motivo por el que los vecinos se quejan, dada la gran cantidad de gatos y ratas que invaden solares y edificios abandonados, con lo que se convierten en focos de posibles infecciones.

El trayecto finaliza en el Arco de las Pesas, donde se aprecia una bonita estructura en herradura junto una pintada de formas nazaríes que los vecinos ya han denunciado. El arco da acceso a Plaza Larga, que debido a su afluencia turística por el día se mantiene impoluta. Pero, según los oriundos de la zona, «por la noche se convierte en un vertedero con patas», comentan. Esta situación se explica por la falta de bidones de basuras y de equipos de limpieza -dicen- que mantengan la zona cubierta, continúan los vecinos y comerciantes.

Otra vecina del barrio, destaca que el rosario de bolsas de basura bajo los árboles de la Cuesta de la Alhacaba brota a diario. También explican que Plaza Larga sólo se riega los lunes por la mañana.

Los vecinos del Bajo Albaicín

Muchas son las trabas por las que la asociación Bajo Albayzín lucha desde hace diez años. En los últimos meses y tras una ampliación de los servicios de limpieza de la empresa Inagra en el barrio, los vecinos no han visto mejorada la situación de insalubridad de sus calles, critican. A veces, no basta con reforzar el dispositivo, hay que colaborar.

Por ello, han tomado como método de denuncia sus perfiles de redes sociales, colgando numerosas fotografías que muestran lo alarmante de la situación. Muebles, ropa, basura, orín... son los componentes a los que se enfrentan diariamente estos vecinos. Además, denuncian que las concejalías de Urbanismo y Medio Ambiente hace caso omiso a sus propuestas para la gestión del barrio

La presidenta de la asociación, Lola Boloix, expresa, pese al abandono que sufren por parte de las administraciones, que no quieren pensar que esta situación vaya a ser «definitiva». Y critica que sólo mantienen el interés por cuidar lo que llama 'la carrera oficial', «que dirige al turista de turno al Mirador de San Nicolás». La presidenta propone la realización de un estudio para el mantenimiento del barrio que se adapte a sus necesidades específicas.

Por ejemplo, mantiene que es inviable que en calles tan características como Panaderos o calle del Agua no dispongan contenedores. O que en Plaza Larga encontremos un montón de bolsas de basura en cuanto llega la noche. «No pueden hacerse comunes las imágenes de contenedores y papeleras abarrotadas de bolsas y excrementos por no hablar de los más de cien solares que se han convertido en vertederos y foco de infecciones por las ratas».

Lola Boloix insiste en que «un barrio con un bagaje tan magno como el del Albaicín precisa de un cuidado y del interés del equipo de gobierno de la ciudad. Un interés que no esté exclusivamente definido hacia la Alhambra, el Mirador de San Nicolás o Plaza Nueva».

Para terminar, cree que «una mejora del sistema de limpieza, el mantenimiento de las viviendas y los monumentos históricos o una policía de barrio, son las medidas básicas para la reactivación de este barrio tan característico».

La respuesta municipal

La concejala de Medio Ambiente del equipo de gobierno municipal, Telesfora Ruiz, defiende que en el barrio del Albaicín se realiza un barrido manual diario de las zonas con mayor tránsito de personas, que serían Plaza Larga, mirador de San Nicolás y San Miguel Bajo. Otra de las métodos de limpieza a los que se somete el barrio es al limpiado de manchas por un hidrolimpiador que también actúa en casetas encastradas para el almacenamiento de contenedores, sedimentos que dejan las bolsas de basuras dispuestas fuera de los contenedores así como vertidos incontrolados de estos.

Añade que en las zonas del Paseo de los Tristes y del Camino del Sacromonte actúa una barredora encargada de repasar la limpieza matinal. Para los servicios nocturnos ordinarios, la concejala confirma la recogida de residuos sólidos con un camión prensa de seis metros cúbicos y dos recolectores pequeños para zonas con dificultad de acceso.

Además, un camión de caja abierta y una grúa realiza una recogida selectiva de basura con una frecuencia de seis días durante la semana , cifra similar a la del resto de la ciudad. En vista de la cantidad de basura que se aprecia fuera de los contenedores del barrio y el depósito de muebles en vía pública fuera del horario establecido, se realiza una recogida especial las mañanas de domingos y festivos con dos camiones adaptados a las dimensiones de las calles, informa Telesfora.

La conclusión de la concejala es que «el plan de limpieza es correcto». Pero además solicita «un mayor compromiso de los vecinos y transeúntes en el uso de contenedores y papeleras, cumpliendo los horarios estipulados en la sacada de residuos sólidos así como en el aviso para la retirada de muebles y enseres». Con esta colaboración de todos, termina Telesfora Ruiz, «se podrá conseguir una ciudad mejor con unas condiciones ambientales adecuada, consiguiendo por tanto la imagen que todos deseamos de Granada».

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