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Inspectores del Banco de España desvelan la alarmante situación de Bankia en su salida a Bolsa

Rodrigo Rato.
Rodrigo Rato. / Reuters
  • En contra de la versión oficial del supervisor, veían un panorama desolador» en las cuentas «de mierda» del banco

«No tiene por qué ser verdad lo que todo el mundo piensa que es verdad». De tan singular forma comenzaba el escritor danés Hans Christian Andersen uno de sus cuentos más famosos: 'El traje nuevo del emperador'. Casi dos siglos después, la historia demuestra que aquella fábula puede ser realidad. Un ejemplo bien podría ser lo sucedido con Bankia, el banco cuyo rescate ha costado más a las arcas públicas -22.424 millones de euros- y cuyo alumbramiento fue forzado mediante la fusión de media docena de entidades de ahorros encabezadas por Caja Madrid y la valenciana Bancaja.

Al igual que en aquel cuento, comúnmente conocido como 'El rey desnudo', algunos habrían sacado provecho aparentemente de forma irregular de un supuesto engaño que nadie en la Corte se atrevió a desvelar, aunque les resultara extraño lo que veían, por miedo a las iras de un emperador que este caso no termina de quedar claro si fue Bankia, el Banco de España (BdE) o incluso el Gobierno de la época. Solo un niño contó sin ambages las vergüenzas de aquel monarca y eso es lo que parece que hicieron los inspectores del supervisor bancario que estaban empotrados en aquella entidad financiera a lo largo de 2011, tanto meses antes como meses después de su polémica salida a Bolsa (julio) que lleva cuatro años siendo investigada en la Audiencia Nacional.

El instructor del caso, Fernando Andreu, requirió a Bankia, su matriz BFA (Banco Financiero de Ahorros)-cuyo máximo accionista es hoy el FROB, dependiente del Ministerio de Economía- y el Banco de España que le enviaran todas las comunicaciones oficiales que aquellos funcionarios se cruzaron entonces, y que incluye decenas de correos electrónicos y actas internas de reuniones que mantuvieron con los directivos del banco que entonces presidía el exministro Rodrigo Rato. De la lectura de ellos, ya en manos del magistrado, queda claro que desconfiaban sobremanera de su situación contable, e incluso apreciaban un riesgo evidente de que al menos la citada BFA entrara en quiebra.

Probablemente el mensaje más extenso, y a la vez más duro, figura en el correo que José Antonio Casaus Lara, entonces jefe de Inspección en el Banco de España, dirige a su equipo que trabajaba en el tema de Bankia (14 personas) advirtiéndoles de que «¡no tiene desperdicio!». Corría el 2 de diciembre de 2011. Su primer aviso trata sobre el «posible deterioro de la participación que tiene BFA en Bankia», donde habla irónicamente de una «pequeña desviación del 9%» -de la que culpa al área de gestión de balance de la entidad- en el margen financiero del grupo para el presupuesto de 2010, y que luego terminaría por pagar con creces los años siguientes.

Señala que tras haberse podido reunir -«por vez primera desde hace un mes», resalta en tono quejoso- con Sergio Durá, entonces interventor de Bankia, ha podido constatar la existencia de «un agujero de 5.000 millones de euros» en BFA, resultado de comparar que si bien le corresponderían fondos propios de Bankia por 8.000 millones, en realidad su «valor de mercado» solo llegaría a 3.300 millones. Y todo ello partiendo de una posición inicial en el banco que para su matriz debería haber sido, al menos en teoría, de 12.000 millones en valores comerciales negociables (VCN).

«Dice Durá -apostilla el jefe de los inspectores- que a ver quién es el guapo (auditor externo, BdE) que le manda una carta al FROB diciendo que en BFA hay un agujero». No es lo único que hubiera sido conveniente que conocieran en el Fondo y también en el Ministerio de Economía porque Casaus sigue desgranando las 'perlas' de aquella reunión.

  «El panorama del 'grupo bueno' cotizado -como se refieren a Bankia a diferencia de BFA, el 'banco malo', como llaman con frecuencia a la matriz-, pese a serlo sobre el papel y que todo lo soporta, solo podemos calificarlo de desolador pese al buenismo de las proyecciones» del banco. «Y gracias -apunta con sarcasmo- a que estamos de buen humor porque es viernes y víspera del gran acueducto (llegaba el habitual puente festivo de diciembre)».

Un ejemplo de esa delicada situación contable de Bankia vendría de analizar su margen financiero, que en apariencia era de 3.140 millones. Pero Casaus, muy crítico, da a entender a su equipo que no se lo cree porque, entre otras cosas, un departamento de la entidad les había dicho que «sólo» llegaría a 2.700 millones. «La sensación que tenemos -se queja amargamente- es que con esos 2.700 salía una cuenta de mierda (perdón por lo de cuenta), y que desde Intervención han cambiado posteriormente las masas de balance para hacerla más presentable».

«Forzar las previsiones»

Las notas de Casaus hacia sus hombres no terminan ahí. Al hablar del beneficio neto de Bankia que se atribuiría a BFA, cifrado «en torno» a los 400 millones de euros, censura que salga de «forzar las previsiones iniciales sobre el margen de intereses» (400 millones brutos), así como del pretendido devengo de unos 1.000 millones brutos por promotores no dudosos, otros 1.000 millones brutos por 'carry trade' (compraventa de divisas) y, por último, «unos» 800 millones por la «financiación barata» del BCE.

Un mensaje parecido ya había expresado a principios de aquel mes al resumir una de sus reuniones con la Intervención de Bankia (Durá). «Se ve que la cuenta de resultados va muy pesada, muy ajustada, y ya desde la parte de arriba», advierte. Además, y como hicieron en meses anteriores algunos de sus colegas en conversaciones con directivos del banco, resalta que «hay que insistir en la importancia de la veracidad y de la transparencia al mercado», sobre todo respecto a la liquidez donde apunta que, por ejemplo, «no todos los ingresos no recurrentes han ido a dotar fondos genéricos».

Pero con ese objetivo parecía chocar parte de la cúpula del banco en aquella época. Así, María Jesús González, una de aquellas inspectoras, contaba a sus compañeros en agosto de 2011 que Juan Bartolomé, responsable de la gestión de activos inmobiliarios y tóxicos en Bankia, le pidió que el BdE levantara algo la mano en la normativa contable sobre morosidad porque le estaba entrando un volumen inesperado de créditos de ese tipo desde las otras cajas (1.633 millones de Bancaja, 200 de Caixa Laietana...). «Quiere -revela en un correo- que le permitamos periodificar aflorar algunas cifras y conceptos de mora para evitar que se disparen los ratios».