Un tesoro bajo olivos y chaparros

Grupo de expertos en la 'Sala del Queso'. / FAUSTO ORTEGA

Esta sima, situada en el municipio de Moclín, a 30 kilómetros de la capital granadina, acogerá visitas guiadas para grupos reducidos | La Cueva de Malalmuerzo estuvo habitada hasta la Edad del Bronce

OLGA AGEAGRANADA

Una tórrida tarde de agosto de 1978, cinco chiquillos entraron por un enigmático agujero con sus linternas de petaca quedando paralizados al ver una inmensidad ante sus ojos. Una sala enorme repleta de estalactitas y estalagmitas donde el goteo constante del agua y la humedad permitían que el suelo estuviera muy resbaladizo, y el olor a cerrado junto a una fantasmagórica quietud les obligaba a sentir una sensación de escalofrío continuo. Unas pinturas rojas y negras en forma de bolitas y unos trazos grabados en la piedra les hicieron presagiar que habían entrado en un lugar no sólo misterioso sino de extraordinario valor.

Los túneles a izquierda y derecha de la gran sala indicaban también que aquello tan impresionante no quedaba ahí, que la cueva era más grande y que posiblemente había habido mucha vida dentro de ella. «Fue algo inolvidable, mira que a los niños nos gustaba investigar por todos los sitios, cualquier agujero o raja que encontrábamos por allí nos metíamos, pero esto fue un gran descubrimiento. Ver por primera vez la cueva de Malalmuerzo nos dejó impactados», dijo José Ramón.

«Recuerdo el día que Juanito se metió por aquel agujero tan estrecho y se quedó atascado, lo sacamos pegándole tirones de los pies. ¡Cómo lloraba el chiquillo! Entonces no éramos conscientes de la enorme riqueza de la que estábamos rodeados», afirmó Antonio.

La cueva de Malalmuerzo, declarada en 1985 'Bien de Interés Cultural' por la Junta de Andalucía, forma parte del extraordinario legado patrimonial atesorado en más de 350 cuevas y yacimientos rupestres al aire libre del Paleolítico Superior Europeo. Se sitúa en uno de los más importantes enclaves de ocupación por los primeros homínidos y se trata de un lugar mágico para conocer lo que en las entrañas de la tierra se ha ido forjando tras el goteo lento del agua sobre las piedras calizas a lo largo de millones de años.

Un sitio que fue refugio para los primeros hombres que plasmaron su mundo mediante dibujos. Malalmuerzo es un santuario y una muestra innegable del magnífico patrimonio que dejaron en esta zona de Andalucía los habitantes del Paleolítico Superior y del Neolítico hace más de 24.000 años.

Desde los años 80 hasta la actualidad, la cueva ha sido un lugar muy atractivo para los arqueólogos. En 2016, un grupo de expertos dirigidos por la doctora Lidia Cabello, realizaron una serie de estudios para confirmar con nuevas tecnologías la veracidad de la antigüedad de los restos fósiles y comprobaron que realmente la cueva fue habitada hasta la Edad del Bronce, según la cerámica localizada en anteriores prospecciones arqueológicas por Francisco Carrión y Francisco Contreras, teniendo períodos de ocupación y otros en los que quedaba desierta.

Los fragmentos de cerámica recogidos presentaban decoración cardial en algunos casos y en otros, decoración de cordones y lisa correspondientes a ollas, cuencos, platos, fuentes y orzas de grandes dimensiones. En piedra tallada se encontraron 223 piezas de sílex y en piedra pulimentada solo cuatro: cincel, hacha, azuela y un canto de cuarcita con señales de un intenso golpeo en los extremos.

Además, localizaron pinturas rupestres esparcidas por la cueva, entre ellas un caballo rojo, un bóvido negro y numerosos puntos y figuras probablemente de contenido religioso, simbólico o sexual, ya que algunas de ellas estaban situadas en recovecos donde solamente cabían dos personas. Los restos óseos humanos determinaron que la edad máxima de vida fue de 40 años y que se practicó canibalismo, estableciendo que alrededor de 30 individuos fueron comidos sin diferenciar ni el sexo ni la edad.

La cueva de Malalmuerzo está situada en un cerro estratégico en el municipio de Moclín, a 30 km de la capital granadina, junto a la ribera del río Velillos, rodeada de chaparros y olivos.

Sala grandiosa

En el exterior presenta incisiones producidas por el afilado y pulimentado de útiles de hueso y piedra. Pasado el umbral de la misma, se abre una grandiosa sala dividida en pasillos por columnas, con los techos, suelos y galerías bastante erosionados debido al amplio caudal de agua subterránea que circulaba por el interior de la cueva. El suelo de la entrada es bastante irregular, con una ligera pendiente hacia el interior, y con grandes bloques procedentes de antiguas excavaciones arqueológicas. La luz natural que alumbra a la cueva es únicamente la que entra por la boca de entrada. Todo el recorrido se desarrolla en el plano horizontal, existiendo un entramado de galerías laberínticas que conducen hasta estancias de una increíble belleza y un sinfín de formaciones.

Al fondo de la sala, una estrecha galería llega hasta una pequeña cavidad oscura en la que únicamente caben dos personas, y en la que se ha encontrado un motivo con pigmento rojo que representa la parte delantera de un caballo. Hacia el sur se abre otra galería con menos de 60 centímetros de altura, donde se conservan unos signos rojos realizados con las yemas de los dedos, de difícil contemplación porque hay que arrastrarse hasta ellos y observarlos a pocos centímetros de la pared inclinada que los conserva. En esta sala existen también varios conductos que confluyen en una misma galería sin continuación alguna.

Al sur hay un túnel que obliga a ir reptando durante 10 metros para acceder a un estrechísimo paso, el sifón de la cueva de Malalmuerzo, por el que hay pasar con la espalda contra el suelo e ir introduciéndose de cabeza. A pocos metros se ensancha y se accede a la 'Sala del Queso', llamada así por una gran roca que recuerda a este alimento, posee gran profusión de excéntricas columnas y majestuosas estalactitas y estalagmitas de enorme belleza y formas curiosas que parecen desafiar a la gravedad, destacando una peculiar estalagmita que en su parte inferior tiene una serie de pequeñas estalactitas en forma de sierra manchadas de rojo produciendo un efecto de gran interés visual. En un recoveco muy sinuoso de la roca hay un signo en forma de lazo de color rojo, estas pinturas situadas en lugares seleccionados de manera intencionada por los artistas, es lo que confiere ese halo misterioso al arte rupestre.

Una nueva galería muy estrecha de forma casi circular conduce a la última y más recóndita de las estancias, la 'Sala de la Tetería', un reducido espacio en el que solo caben diez personas sentadas. Debe su nombre a las impresionantes estalactitas estrelladas del techo que dan a la sala un fastuoso aspecto mocárabe.

Las pinturas se encuentran en muy mal estado por las descamaciones naturales y la profusión de líquenes, que las han afectado de modo irreversible, lo que hace imposible apreciar en su totalidad la imagen original. Además, se ha detectado la presencia de saqueadores que durante años han realizado grandes agujeros en los sedimentos. Por tanto, el Ayuntamiento de Moclín ha instalado a la entrada de la cueva una puerta doble blindada con una reja metálica como medida de protección ante posibles actos vandálicos.

Y en un futuro próximo, dicha institución pretende abrir las puertas de la cueva de Malalmuerzo al público. Actualmente, se están realizando visitas a la cueva por parte de grupos de espeleólogos (quienes necesitan una autorización previa para su entrada). Pero el objetivo principal es que todas las personas tengan la posibilidad de disfrutar de las maravillas que encierra la caverna. Tal y como explica la alcaldesa, Fina Caba, se harán visitas turísticas de grupos reducidos tanto en número como en frecuencia. En un principio, se realizarán con fines didácticos para escolares, con actividades basadas en las recreaciones de la vida en la Prehistoria. Mientras que los grupos de mayores realizarán actividades basadas en la espeleología.

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