Amaia y Alfred, sin fallos, bailan como «por primera vez» en Eurovisión

Ensayo de Amaia y Alfred. / EFE | Eurovision Song Contest

La pareja española, que actuó en segundo lugar, interpretó 'Tu canción' sin nervios y con un Altice Arena volcado con ellos

MIGUEL ÁNGEL ALFONSOEnviado especial a Lisboa

«Siento que bailo por primera vez». Como la letra de 'Tu canción', sin nervios, sin fallos ni grandes artificios. Amaia Romero y Alfred García, los representantes españoles en Eurovisión, han interpretado su cuento de Disney, de amor puro, bajo el doble anillo que corona el escenario del Altice Arena de Lisboa. Que estaba repleto de banderas españolas después de que nuestros compatriotas acapararan el 16% de las entradas que estaban a la venta.

A la pareja española se la vio tranquila, sin perder de vista la mirada del otro. Ya lo tenían todo bien ensayado después de cantarlo incontables veces, desde que fueron elegidos por el público de TVE mediante sus votos el pasado mes de marzo, y no hubo sorpresas, hicieron lo que se esperaba de ellos. Todo pese a que partían desde la segunda posición, considerada maldita porque nadie ha ganado en la historia del festival ocupando esa plaza. La decisión estaba motivada por la propia organización, que siempre prefiere abrir el concurso con una actuación potente y vistosa para enganchar al espectador de televisión, como fue el caso esta vez del ucraniano Melovin, que salió desde dentro de un piano al estilo Conde Drácula y que había que desalojar del escenario en solo 30 segundos (los que dura el video de presentación de cada representante).

Por tanto decidieron encajar a la pareja española después de Ucrania, ya que ellos no portaban más atrezo que su propio vestuario. La joven navarra luciendo el vestido de transparencias en color negro con adornos dorados y plateados y escote pronunciado diseñado por Teresa Helbig que ya llevó en la actuación ante el jurado el viernes pasado, mientras que el músico catalán apostó por un traje granate con camisa blanca y brillos en la manga izquierda, obra de Paco Varela.

Noche estrellada

El momento emocionante de su actuación llegó cuando se empezó a corear el estribillo dentro del Altice Arena. El público, a petición de la delegación española, colaboró inundando de luces el recinto con las linternas de sus móviles, un efecto que simulaba una noche estrellada, pero que no fue una decisión original, también lo pidieron Irlanda y Lituania. «Y no pasa nada porque sea así», como reconoció el propio Alfred a este periódico días antes de la final.

A España le penaliza tradicionalmente el hecho de no tener pasar por las semifinales, al estar clasificado directamente en la final gracias a que RTVE forma parte del denominado 'Big Five' (el selecto club de los países que más fondos aportan al festival) junto a Italia, Alemania, Reino Unido y Francia. Al final, los que votan son los espectadores y el jurado de otros países, que ni conocen el trasfondo de la historia de amor entre Amaia y Alfred, ni tampoco han conectado con la melodía como sucede con otras potencias como Israel, Chipre o Irlanda que han accedido al desenlace del concurso por sus propios méritos. Una actuación previa que ayuda a convertir sus canciones en familiares y reconocibles para los 'eurofans'.

Nunca quedan bien clasificados, pero siempre están felices», comentaba un locutor de radio italiano el jueves pasado mientras observaba cómo más de 400 españoles hacían cola bajo un sol de justicia en Praça do Comercio, el corazón de Lisboa, que estos días late al ritmo de Eurovisión gracias a la victoria de Salvador Sobral en la pasada edición. Todos permanecían en rigurosa fila delante de una mesa vacía con el objetivo de hacerse una foto con Amaia y Alfred, nuestros representantes en la final de esta noche (TVE, a partir de las 21:00 horas) con 'Tu canción' y a los que las casas de apuestas sitúan en el puesto 19 (si no han bajado más al cierre de este periódico). España lleva 49 años sin ganar -desde 'Vivo cantando', de Salomé, en 1969- y en los últimos 20 años no se ha superado el puesto 15 en 14 ocasiones. Fracaso tras fracaso. Sin embargo, cuando la pareja entra en la plaza, todo queda olvidado. El turno de espera se rompe y se abalanzan sobre ellos creando tal caos que supera a los guardias de seguridad privada y obliga a la Policía a intervenir y poner orden. Aquí la ilusión no entiende de resultados.

Este año, los españoles son mayoría en Lisboa y han comprado una de cada seis entradas que han salido a la venta (el 16% de todas, contando las dos semifinales, los ensayos y la final). Esto significa que a la capital lusa, si se cuenta a los que han viajado sin boleto, se han desplazado unos 5.000 compatriotas, de los 30.000 extranjeros que calculan las autoridades portuguesas que han viajado por el festival (y que han superado en número a los que llegaron durante la Eurocopa de 2004 o en el centenario de las apariciones marianas en Fátima). En esta ocasión se han juntado varios factores. Por un lado, el más obvio, la cercanía con nuestro país vecino, pero también ha contribuido el éxito del regreso de 'Operación Triunfo' a TVE, de cuya academia salieron hace tres meses Alfred y Amaia.

Uno de sus antiguos compañeros de 'talent show' también se encuentra allí observando la escena. Es Ricky Merino, el mallorquín de 32 años eliminado en la sexta gala del programa. «Los 'eurofans' españoles son unos bestias, no solo este año. Lo que pasa es que con 'Operación Triunfo' se ha captado a una nueva generación de seguidores. Eurovisión hasta hace poco tenía un matiz en España algo 'friki' y no es verdad, nunca lo ha sido. Es un programa musical donde toda Europa, además de Australia, se esfuerzan por llevar algo bueno, porque esto es un escaparate enorme frente al mundo. Hay que tomarlo con seriedad, dándole la importancia que tiene», explica a este periódico, imaginando desde detrás de sus gafas de sol cómo sería estar en el lugar de la pareja de representantes.

En coche o en avión

La fila se ha vuelto a recomponer, la Policía ha pedido refuerzos y forma un cordón en torno a Amaia y Alfred, que observan con algo de miedo la marabunta que, durante la próxima hora, les va a pedir «un beso, una dedicatoria y una foto». Cien metros por delante y cien personas en medio, el punto de vista cambia radicalmente. «Venimos desde Nerja en coche, a apoyar a los nuestros. No tengo ni entrada, ha sido muy complicado encontrarla, pero venimos a disfrutar. Para mí es mi primer festival y estamos a tope con Amaia y Alfred. Lo que tienen que hacer es vivir el momento, el puesto es lo de menos», explica Paco, que con 60 años se ha traído a sus tres hijos y a su mujer.

La entrada más barata al Altice Arena, el pabellón que acoge las galas, cuesta 35 euros y tiene una visibilidad prácticamente nula. Las más caras, en el denominado 'golden circle', llegan hasta los 600 euros. «Nosotros ya habíamos estado en Copenhague con Ruth Lorenzo, en 2014. Había hasta autobuses gratis y ella era impresionante. Esta vez está peor preparado, pero esto está muy bien. Hemos venido en avión y tenemos entrada para una de las semifinales. Y de noche de marcha, mucha marcha. Se nota mucho que somos mayoría, porque además formamos mucho escándalo», reconoce José Antonio, autónomo de 22 años que proviene de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).

La impaciencia y las caras de preocupación aumentan conforme la posición en la cola está más retrasada. Allí está Lola, teleoperadora de 56 años que ha viajado en avión desde Zaragoza junto a su marido. «No creo que nos dé tiempo a hacernos la foto con ellos. Como soy mayorcita, recuerdo que soy 'eurofan' desde que nos representaron Mocedades. Como el domingo (por mañana) es mi cumpleaños, mi marido me ha regalado el viaje para ver a Amaia y Alfred. A mí me gustan, pero la puesta en escena es poco efectiva. No me importa cómo queden, aunque sería estupendo acabar por encima del puesto 15. Lo bueno es que ahora estoy rodeada de 'eurofans', ya que normalmente me encuentro sola en mi pueblo», confiesa.

Y ya al final de la fila, casi fuera de la plaza y con nulas posibilidades de ver de cerca a la pareja de artistas, un grupo de amigos que se han conocido en las redes sociales y llevan todo el año organizando el viaje a Eurovisión llaman la atención por ir perfectamente uniformados con camisetas que ellos mismos han creado con el logo de Amaia y Alfred. Vienen de Mágala, Italia, Madrid y Alicante, de dónde es Abel Navarro, periodista de 21 años. «Es mi primer festival y me lo esperaba diferente. En la televisión se ve todo muy grande, pero no defrauda. A nivel audiovisual, junto a la 'Superbowl' puede ser uno de los espectáculos más grandiosos del mundo. Tengo entradas para las dos semifinales y para el ensayo de la final», revela. No le falta razón, Eurovisión tiene una audiencia potencial de 1.500 millones de espectadores en todo el mundo. Pero es más chulo venir para contarlo.

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