Los secretos del mítico rodaje de 'Curro Jiménez' en Andalucía

Los secretos del mítico rodaje de 'Curro Jiménez' en Andalucía

La singularidad paisajística de este pueblo blanco de la sierra gaditana sirvió de escenario para la mítica serie 'Curro Jiménez'. Todos recuerdan aquel rodaje

SUSANA ZAMORA

De no haber sido porque tenía un solo pantalón, hoy atesoraría el autógrafo de quien, desde muy niño, le hizo soñar con ser bandolero. Se imaginaba a lomos de un caballo, trabuco en mano, impartiendo justicia por la Serranía de Ronda. Mientras sus hermanos dejaban volar su imaginación con las aventuras del Capitán Trueno y el Guerrero del Antifaz, él solo tenía ojos para su héroe. Un personaje televisivo, edulcorado y envuelto de romanticismo, que mantenía pegados a todos los españoles frente al televisor durante los primeros años de la Transición. Curro Jiménez paralizaba el país cada domingo por la noche. Literalmente.

Fiel a aquella serie, Sebastián Bermúdez no se perdía ni un capítulo, «ni uno», salvo el que se rodó en su pueblo. Menudo infortunio. Una varicela inoportuna lo mantuvo postrado en la cama. «Había oído que estaban grabando escenas en Setenil de las Bodegas, pero no podía ni levantarme», recuerda este escritor y autor de varios libros sobre la historia de este pequeño municipio de la sierra gaditana, como 'El garrochista. Amor, Tierra y Sangre' y 'Setenil 1484'. Pero su abuelo Francisco, conocedor de la admiración de Sebastián por el protagonista de la serie (el actor Sancho Gracia), fue a buscarlo al rodaje. Invitó a todo el equipo al bar Zamudio, que regentaba en la planta baja de la vivienda familiar. Arriba, en una habitación, reposaba convaleciente su nieto de ocho años, quien inesperadamente se vio en el dormitorio con medio reparto. «Tuve la sensación de tener a mi lado a un superhéroe; todavía se me eriza la piel al recordarlo», afirma Sebastián, que ahora roza los 50. Como si hubiera ocurrido hoy mismo, relata a este periódico el momento en que El Algarrobo (Álvaro de Luna) irrumpió bruscamente en el cuarto, con un ruido «espantoso», propio de las puertas antiguas, al grito de: «¿Dónde está el enfermo? ¿Qué es lo que te pasa, niño? No te preocupes, que ya mismo estás bien y te vienes con nosotros». Tras sus pasos, El Estudiante (Pepe Sancho) y el propio Curro Jiménez, «que se sentó en el filo de mi cama, me cogió cariñosamente la mano y me preguntó si tenía novia y cómo llevaba los estudios. ¡Increíble! Eso, hoy en día, es inimaginable. Pero lo último que pude imaginar es que pidiera a mi familia una prenda para firmármela y dejármela como recuerdo».

Fueron dos o tres días de rodaje en Setenil de las Bodegas, en los que el equipo recuperaba fuerzas en el bar Zamudio, uno de los más antiguos del municipio (1957) y que aún hoy permanece abierto, aunque se trasladó a un local de la acera de enfrente. En donde inicialmente estaba, la familia de Sebastián aprovechó el espacio para ampliar la casa. Allí, en la pintoresca y concurrida calle Cuevas del Sol, Ana (madre de Sebastián) cuenta a sus 86 años cómo estaba dispuesta la barra, las mesas, la cocina y qué les dio de comer la noche en que los protagonistas fueron a cenar tras el día de grabación. No faltó su especialidad, la carne con tomate, pero también lengua en salsa, higaditos, conejo y tortilla. «Se lo comieron todo; rebañaron las ollas y hasta acabaron con una caja entera de Tío Pepe», apostilla Sebastián.

En Setenil de las Bodegas, con unos 2.800 habitantes, casi todo el mundo se acuerda de las escenas que se rodaron en 1977 en la calle Cabrerizas para uno de los capítulos de la serie, llamado 'El servidor de la justicia'. En la memoria quedó la recreación de una pelea, que acaba a navajazos en un granero ardiendo. Francisco Manuel Porras recuerda que siendo niño vivió aquel rodaje como una «fiesta»; «fue todo un acontecimiento para este pueblo pequeño». De aquellos días, no puede olvidar el momento en que Curro Jiménez cae junto a su enemigo al granero y éste se incendia. «No cabía más gente viendo el rodaje», señala.

De los innumerables emplazamientos que tuvo la serie en Andalucía (Serranía de Ronda, Doñana, o Cabo de Gata), Pepe Sancho llegó a decir en una entrevista que Setenil había sido la localidad más bonita que había visto. A tan solo 14 kilómetros de Ronda, este pueblo blanco de la sierra gaditana recibe cada día más turistas, atraídos por su singular diseño urbano, declarado Conjunto Histórico. El centro, que discurre entre la calle Cuevas del sol y la calle Cuevas de la sombra, se ha desarrollado al abrigo del tajo formado por el río Guadalporcún a su paso por Setenil de las Bodegas.

Muchos vecinos han aprovechado el hueco que deja la roca, horadada por el río hace miles de años, para habilitar una vivienda o un comercio. Aquella orografía fascinó al equipo de la serie. Hoy, la calle Cabrerizas sigue igual, solo las frondosas chumberas que lucían en la serie han sucumbido al paso del tiempo, víctimas de una epidemia que acabó con ellas. Hace tan solo cinco meses, un hostelero del municipio decidió que ya iba siendo hora de que alguien rindiese un merecido homenaje a aquel histórico rodaje. «Terminé las obras del primer restaurante que se iba a abrir en esta calle y me di cuenta de que no había pensado un nombre para él. Tenía claro que debía estar relacionado con la serie y acabé poniéndole 'El Bandolero'», relata Ismael Palmero. Hoy, en sus paredes, lucen fotografías antiguas de esta vía y un fotograma del paso a caballo de Curro Jiménez por ella.

Precisamente, está previsto que la calle Cabrerizas forme parte de un amplio proyecto de promoción turística, junto a otros enclaves singulares para señalizarlos y dotarlos de paneles informativos. «Es un proyecto que dejará constancia de aquel rodaje, que no nos exige un gran presupuesto y que puede resultar muy interesante para quien nos visita», asegura Rafael Vargas, alcalde de Setenil.

Domingos por la noche

'Curro Jiménez' se estrenó el 22 de diciembre de 1976 y se estiró, durante 40 capítulos, hasta abril de 1978. Cada domingo, tras el telediario de la noche, España se paralizaba en cuanto sonaba la sintonía de Waldo de los Ríos. Las familias, acostumbradas a las películas y las series con tramas ambientadas en el lejano Oeste ('Bonanza', 'El Gran Chaparral', 'Caravana', 'Rawhide' o 'El Virginiano'), recibieron extraordinariamente bien las andanzas (muy similares a las de los héroes del western) del bandolero ibérico.

El dramaturgo uruguayo Antonio Larreta, creador y guionista de la serie, se inspiró en la vida de Andrés López Muñoz, un barquero resentido de Cantillana (Sevilla) que, tras cometer un asesinato y huir de las autoridades, se tiró al monte para darse al poco noble arte del latrocinio y del secuestro. Pero su vida nada tiene que ver con el Curro Jiménez de leyenda, ese bandido castizo, apuesto, galán y preocupado por el bienestar de sus paisanos. «La ficción ha mostrado una imagen distorsionada del bandolero, que no era más que un bandido, que asaltaba y robaba. El guerrillero militar, que se tira a la sierra contra los franceses durante su invasión, se convierte posteriormente en bandolero porque no sabe hacer otra cosa. Primero, vive de los robos a los franceses y luego, cuando se marchan, sigue robando a los señoritos», ilustra Sebastián Bermúdez, que ultima otro libro sobre el bandolerismo en la zona.

El éxito de 'Curro Jiménez' fue indiscutible. Aún hoy se sigue reponiendo al mediodía en La 2. En aquel momento tenía todos los ingredientes para triunfar: casticismo, gallardía, aventura, buenos y malos, protagonismo del pueblo, valentía a la española y rebeldía frente a la injusticia. Curro Jiménez será uno de los personajes más recordados de la historia de la televisión, sin olvidar que este Robin Hood de patillas frondosas se convirtió en todo un sex-simbol en aquella España postfranquista.

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