Los científicos creen «prematuro» afirmar que los videojuegos provocan adicción

Dos hombres juegan con una consola. /Archivo
Dos hombres juegan con una consola. / Archivo

Treinta y seis investigadores piden a la OMS que cambie de opinión y reclaman más estudios en profundidad

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

La Organización Mundial de la Salud (OMS) decidió en 2007 que en 2018 iba a publicarse la nueva Clasificación Internacional de Enfermedades (ICD-11), la biblia de las patologías del mundo, pero que no se toca desde hace casi tres décadas (en 1990 fue la última actualización). En el último borrador, la OMS incluyó la adicción a los videojuegos dentro de las enfermedades mentales y apuntó tres malos usos: poco control en términos de conducta, como la duración de las sesiones; que los videojuegos se conviertan en prioridad frente a otros aspectos de la vida y mantener una rutina con los videojuegos a pesar de la aparición de consecuencias negativas. Una decisión que sorprendió a los profesionales sanitarios y a los del ocio electrónico por todo tipo de motivos. Unos, porque creían que la OMS nunca iba a dar ese paso; otros, porque consideraban que es exagerado y algunos la calificaban de imprudente.

Treinta y seis científicos -sobre todo psicólogos y psiquiatras- pusieron ayer más argumentos para que la OMS torné su decisión provisional, ya que la definitiva no será una realidad hasta mediados de año. En un artículo publicado en 'Journal of Behavioral Addictions', estos expertos de universidades y centros de investigación de Norteamérica, Europa y Oceanía -Instituto John Hopkins, las universidades de Lovaina, Estocolmo, Sídney, Londres u Oxford, entre otros- consideran que el organismo de Naciones Unidas se precipita en esta decisión. Afirman que faltan muchos datos para confirmar que la adicción a los videojuegos deba entrar en el ICD-11. «Es necesaria una base científica mucho más sólida. Mantenemos que la calidad de baja empírica existente es baja. Es prematuro», señala el texto.

«Formalizar un tipo de conducta como desorden mental con la intención de profundizar en una investigación colisiona con su objetivo clínico», señalan, antes de enumerar los diferentes pasos que son necesarios. Más estudios transparentes, un mayor enfoque sobre el comportamiento con los videojuegos y el comportamiento general o trabajos que analicen más en profundidad la relación con otros estados de ánimo depresivos o de ansiedad. «Una adicción debería ser establecida de forma clara y sin ambages antes de formalizarla como desorden en el sistema de clasificación de enfermedades», argumentan. Eso sí, no niegan que haya personas con problemas por culpa de los videojuegos, pero que la «gravedad de los problemas» debería tratarse en «futuras investigaciones».

El texto de los 36 investigadores ha servido para que el sector del videojuego requiera de nuevo a la OMS un cambio de postura. «Este asunto debe tratarse con sumo cuidado. Hay que actuar con prudencia y cautela antes de tomar una decisión irreversible que genere una imagen negativa de nuestra comunidad», apuntó el director general de la Asociación Española del Videojuego (AEVI), José María Moreno. «El proceso de la OMS ha carecido de transparencia, está muy sesgado y carece de base científica», apunta de forma más contundente el director general de la Federación Europea de Software Interactivo, Simon Little.

Una decisión de la OMS que preocupa a un sector que en 2016 creció un 8,5% en todo el mundo hasta facturar unos 92.000 millones de euros. En España, fueron 1.163 millones según los datos de AEVI.

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