Campeones que han reconquistado la gloria tras sobreponerse a un infierno

Campeones que han reconquistado la gloria tras sobreponerse a un infierno

Tiger Woods emocionó al mundo ganando un 'major' once años después. Santi Cazorla reapareció tras once operaciones y el augurio de que jamás volvería a jugar al fútbol

FERNANDO MIÑANA

Fue un putt, ya en el green del 18, corto, fácil y sutil, pero provocó una descarga de energía que sacudió Augusta entera. Tiger Woods volvía a ganar un 'major'. La resurreción del Tigre relegado a triste gatito por las lesiones -cuatro operaciones de espalda y otras tantas de rodilla-, el desprecio de una sociedad puritana por sus pecados de alcoba y la huida de los patrocinadores que buscaron el rédito al calor del jugador que revolucionó el golf. Pero después de ese putt delicado, Woods volvió a rugir mientras el público, arracimado alrededor del green, gritaba enloquecido: «¡Tiger! ¡Tiger! ¡Tiger!».

Un incipientemente alopécico Tiger Woods metía los puños por las mangas de su quinta chaqueta verde a los 43 años, 16 meses después de caer hasta el puesto 1.200 del ranking mundial y conquistando un 'major', el número 15 de su carrera, once años después del último. No solo el público de Augusta se asombraba, el mundo también se emocionaba con uno de los renacimientos más sonados de la historia del deporte.

No es fácil resurgir en un terreno, el de la alta competición, donde la mente te sube o te tira del podio. Cuando has perdido la confianza, la fe, no es sencillo volver a ser un grande. Como bien sabe Santi Cazorla. El asturiano, integrante de esa generación que ganó dos veces la Eurocopa -se perdió el Mundial de Sudáfrica por una lesión en la espalda-, estuvo 668 días -un año, nueve meses y 17 días- sin jugar un partido oficial. Aunque, en realidad, pasó mucho más tiempo sin poder disfrutar de su profesión en plenitud.

Se lo recuerda a diario su piel parcheada. En el antebrazo, el nombre de India, su hija, se interrumpe bruscamente porque tuvieron que quitarle un trozo de tejido para hacerle un injerto en el tobillo. O sea, que su nombre empieza en el brazo y acaba en el pie. Para chufla de Enzo, su hermano, que presume de seguir intacto en el bíceps del fino futbolista.

Cazorla pasó once veces por el quirófano. Todo empezó en septiembre de 2013, cinco meses después del nacimiento de India, cuando sufrió un golpe en el pie durante un amistoso entre Chile y España. Se hizo una fisura en el tobillo derecho y, aunque parecía que no iba a mayores, ya nunca dejó de jugar con dolor. Muchos días, después de un buen calentamiento, jugaba con relativa comodidad el primer tiempo, pero al descanso, cuando se enfriaba la articulación en el vestuario, llegaba a llorar del dolor.

En octubre de 2016 dio una asistencia con la precisión de un 'aproach' de Tiger Woods y se retiró. Aquella goleada del Arsenal iba a ser su último recuerdo hasta que reapareció con el Villarreal dos veranos más tarde. Por el medio, un calvario. Diagnósticos desacertados y hasta un médico inglés que le sentenció: «Me dijo que si volvía a caminar por el jardín con mi hijo, ya podía darme por satisfecho». Dolor y sufrimiento.

Pero no se rindió. En la primavera de 2017, en Vitoria, entró al quirófano con el doctor Mikel Sánchez. El médico se echó las manos a la cabeza. Unas bacterias le estaban destrozando el pie, dañando el calcáneo y devorando hasta ocho centímetros del tendón de Aquiles. Con la intervención y el tratamiento antibiótico pudo remontar y, tras meses de rehabilitación, fue traspasado al Villarreal, al que ahora guía para eludir el descenso.