El pais que quiere cambiar su capital porque tiene los pies de barro

Panorámica de una parte de la ciudad de Yakarta cercana al mar de Java./AFP
Panorámica de una parte de la ciudad de Yakarta cercana al mar de Java. / AFP

Indonesia quiere cambiar su capital. Yakarta se hunde y los atascos la hacen impracticable

ISABEL IBÁÑEZ

Es una ciudad casi impracticable, y el futuro que la espera es aún más asfixiante. Yakarta, la superpoblada capital de Indonesia, vive agobiada porque sus diez millones de habitantes, treinta si sumamos los extrarradios, atascan a diario las carreteras, haciendo que sus vecinos se desesperen y que cada vez les cueste más respirar aire puro por culpa de la polución. El ministro de Planificación de Indonesia, Bambang Brodjonegoro, asegura que tal congestión provoca pérdidas económicas por valor de 100 billones de rupias (unos 6.300 millones de euros). La Policía debe escoltar a los ministros del Gobierno a través de sus calles para que lleguen a tiempo a las reuniones del Ejecutivo del cuarto país más poblado del mundo, con 266 millones de personas viviendo en sus más de 17.000 islas.

Pero no es solo eso; Yakarta es la ciudad que más rápidamente se está hundiendo -la mitad de ella se encuentra por debajo del nivel del mar-, y algunas estimaciones anticipan que para 2050 estará completamente cubierta por las aguas. Se yergue sobre tierras pantanosas que la están engullendo poco a poco, y a esto no ayudan los trece ríos que la cruzan y que cada poco tiempo 'regalan' una nueva inundación. Todo ello, unido al hecho de que Yakarta acapara el desarrollo del país en detrimento del resto, ha hecho que el presidente, Joko Widodo, alias 'Jokowi', haya anunciado un reto ya planteado por mandatarios anteriores: el cambio de capital.

Las cifras que exhibe Heri Andreas, experto perteneciente al Instituto de Tecnología de Bandung, son apabullantes, más bien aterradoras: en la última década, la parte norte de Yakarta se ha hundido 2,5 metros y sigue haciéndolo a razón de 25 centímetros al año en algunas zonas, más del doble de la media de otras grandes ciudades costeras. Uno de los ejemplos más claros se encuentra en el distrito de Maura Baru, lleno de canales contaminados donde pueden verse edificios cuyas plantas bajas han sido literalmente tragadas por la tierra y permanecen inundadas. Si nos referimos a la ciudad en su conjunto, desciende 1,15 centímetros anualmente.

El mar de Java se adentra cada día más en la tierra por culpa del calentamiento global provocado por el cambio climático, pero es que, además, los habitantes de Yakarta sin acceso a las canalizaciones, que son muchos, han ido perforando con pozos ilegales el terreno para alcanzar los acuíferos sobre los que descansa la ciudad, y el efecto es algo así como un cojín que se estuviera desinflando. Todo está tan asfaltado que, pese a las lluvias, no permite reponer estas reservas de agua; casi no hay parques ni campos, todo es hormigón.

Al margen de este grave problema de difícil solución, el recientemente reelegido presidente de Indonesia se apoyó en la necesidad imperiosa de desarrollar el país de una manera más equitativa y de abordar la superpoblación que sufre la isla de Java -concentra casi el 60% de los habitantes del país-, donde se sitúa Yakarta, para anunciar el pasado lunes su decisión de dar un nuevo impulso al viejo plan de cambiar la capital, trasladándola a otra isla del archipiélago. Aunque no ha trascendido cuál sería la elegida, algunos medios locales hablan de la ciudad de Palangkaraya, en la provincia de Kalimantan central, en la isla de Borneo, donde, según la agencia de noticias Reuters, hay ya reservadas unas 300.000 hectáreas para ese fin.

Modelo estadounidense

El ministro Bambang Brodjonegoro aclaró que 'Jokowi' apuesta claramente por que la capitalidad recaiga en una ciudad en el centro de Indonesia para favorecer un desarrollo más equilibrado del país. «Queremos tener una capital que represente la identidad de la nación, mejore la eficiencia del Gobierno central y establezca una ciudad inteligente, verde y hermosa. La reubicación debe servir a la visión estratégica de nuestra agenda de desarrollo a largo plazo», precisó.

Lo que se pretende en realidad, y salvando las distancias, es algo similar al modelo estadounidense, con la nueva capital operando como polo administrativo del Ejecutivo, a la manera de Washington, mientras que Yakarta asumiría el papel de Nueva York como centro de negocios. Así las cosas, la nueva sede aglutinaría los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, las fuerzas de seguridad policiales, el Ejército, las embajadas y otras organizaciones internacionales. A su vez, el sector financiero, con entidades como el Banco de Indonesia, seguirían en Yakarta.

El cambio podría llegar a producirse en diez años, tiempo necesario para trasladar todas las instituciones. El coste podría superar los 30.000 millones de euros, destinados a construir nuevas infraestructuras y reubicar a los funcionarios en las sedes a estrenar. Un proceso complejo, como ya experimentaron en el pasado países como Malasia, Corea del Sur, Brasil o Kazajistán.

Aguafiestas

Pero a este plan le ha salido un aguafiestas, el gobernador de Yakarta, Anies Baswedan, que asegura que si la intención es acabar con la congestión del tráfico en la ciudad y combatir la superpoblación, esta no es la solución: «Los atascos seguirán ocurriendo en Yakarta porque los que contribuyen a ellos son las actividades de los hogares y el sector privado, no del Gobierno», respondió el mismo lunes. Y acudió a los datos: 17 millones de vehículos privados en Yakarta, frente a los 141.000 coches gubernamentales, y una bolsa funcionarial que representa solo el 9% de los diez millones de habitantes de Yakarta, sin contar sus extrarradios. «Incluso si la Administración del Gobierno central se mueve, los problemas se mantendrán», advirtió.