La pieza comprada por 5 libras que puede valer un millón

Este guerrero vikingo de marfil pertenece al juego de ajedrez antiguo más grande y mejor conservado del mundo./
Este guerrero vikingo de marfil pertenece al juego de ajedrez antiguo más grande y mejor conservado del mundo.

Aparece una pieza del ajedrez medieval de Lewis. Un anticuario la compró en 1964 por 5 libras y hoy podría venderse por un millón

INÉS GALLASTEGUI

La figurita marrón llevaba años guardada en un cajón y de vez en cuando su propietaria la sacaba para mirarla. Le tenía cariño. Era un recuerdo de su padre, un anticuario ya fallecido que la había comprado en 1964 por 5 libras (5,65 euros). Para ella, había algo mágico en ese guerrero tuerto con cara de pocos amigos y la espada en alto, amenazante pese a su chaparra estatura de 8,8 centímetros. Ese 'algo' ha tardado en salir a la luz, pero les ha dado una enorme alegría a la señora y a sus hijos: la talla ha resultado ser una de las piezas desaparecidas del mítico ajedrez de marfil de la isla de Lewis, en las Hébridas Exteriores, un tesoro medieval de origen vikingo hoy incompleto y dividido entre Londres y Edimburgo. Sotheby's lo saca a subasta el 2 de julio y avanza que su precio puede alcanzar el millón de libras (1,13 millones de euros).

Como suele ocurrir con los tesoros, este está rodeado de misterio. En 1831 se encontró en una playa de la bahía de Uig un arcón que contenía 93 piezas de un juego de ajedrez de apariencia muy antigua, 14 tableros y una hebilla. Hay quien dice que el hallazgo lo hizo una vaca paciendo y otros, que un campesino en un banco de arena. Una tercera versión habla de una cámara subterránea de piedra junto a las ruinas de un convento. Los expertos creen que la colección fue escondida poco después de su fabricación. Se ha especulado que el comerciante que la llevaba en barco de Noruega a Irlanda sufrió un naufragio, salvó su preciosa mercancía y, para evitar el pago de impuestos, la enterró en la playa. Sea como fuere, su secreto duró más de 500 años.

En el siglo XIX un tratante llevó el cofre a la Sociedad de Anticuarios de Escocia, a la que solo le llegó el dinero para comprar once piezas que hoy se exponen en el Museo Nacional de Escocia. Otras 82 se las quedó el Museo Británico. Del resto, hasta completar cuatro juegos, no se ha sabido nada en 200 años. Hasta ahora.

Las piezas están datadas en la segunda mitad del siglo XII, cuando las Hébridas Exteriores pertenecían al Reino de Noruega -Escocia las recuperó en 1266- y su estilo escultórico se asemeja al de otros objetos del románico hallados en la ciudad de Nidaros, la actual Trondheim. Las figurillas están minuciosamente talladas, incluidos los rasgos del rostro, en colmillo de morsa o en diente de ballena. Son reinas y reyes sentados, carceleros (torres en el ajedrez actual), obispos con mitra y báculo (alfiles), jinetes a caballo (caballos) y peones en forma de obelisco.

Todas blancas

Todas las piezas eran blancas hasta la aparición del nuevo carcelero, de un marrón rojizo, lo que aporta a los investigadores una nueva perspectiva para determinar su color original. El fiero barbudo, al que le falta el ojo izquierdo, lleva cota de malla, capucha, espada y escudo, y algunos especialistas lo identifican con los 'berserker', los legendarios guerreros vikingos que peleaban en una especie de trance de rabia incontenible.

«Las piezas dan testimonio de las fuertes conexiones culturales y políticas entre las islas británicas y Escandinavia en la Edad Media, y de la creciente popularidad del ajedrez, que tiene su origen en India hacia el año 500 antes de nuestra era», señala en su página el Museo Británico, que junto al Nacional de Escocia y algún coleccionista privado es uno de los potenciales destinatarios del pequeño soldado. «Cuando lo vi me quedé con la boca abierta. Me dije: '¡Madre mía, es una de las piezas de Lewis!'», admitió en la BBC Alexander Kader, responsable de Arte Europeo en Sotheby's, que pese a todo ha tardado seis meses en certificar su autenticidad.

La familia, que quiere permanecer en el anonimato, ha estado 55 años en posesión de la valiosa pieza sin saberlo. En su libro de compras, el abuelo dejó escrito que se la había adquirido a un colega, pero durante décadas nadie le dio más valor que el sentimental. «La trajeron para que les asesoráramos. Eso pasa todos los días y lo que vemos casi nunca vale mucho», reconoció Kader. No es el caso. Este gambito vale un millón.