A imagen y... chanza

Kim Jong-un, Nicolas Sarkozy, Vladimir Putin y Barack Obama. Debajo, la artista Mari-Lou Desmeules acompaña al sosias de Bashar El-Asad, al que irónicamente 'mezcló' con un diablillo. /R. C.
Kim Jong-un, Nicolas Sarkozy, Vladimir Putin y Barack Obama. Debajo, la artista Mari-Lou Desmeules acompaña al sosias de Bashar El-Asad, al que irónicamente 'mezcló' con un diablillo. / R. C.

Mari-Lou Desmeules emplasta a sus modelos hasta que se parecen a personajes icónicos de nuestra cultura;eso sí, algo deformados...

ISABEL IBÁÑEZ

Como una cirugía estética defectuosa o una versión (aún más) desquiciada de las figuras de cera de cualquier museo del ramo, pongamos que hablo del de Madrid, la artista franco canadiense Mari-Lou Desmeules se dedica a 'emplastar' modelos de carne y hueso con capas de pintura, látex, caretas, papel, cartón o cualquier otra cosa que le sirva en su propósito de crear esculturas vivientes, ya sean músicos como Iggy Pop, Marilyn Manson, Amy Winehouse y Justin Bieber, cineastas como David Lynch y Woody Allen, o el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud. Pamela Anderson queda retratada como si una ola californiana le hubiera dado un revolcón afectando a su cara. Hablando de rubias, el maestro del suspense, Alfred Hitchcock, tan aficionado a ellas, posa sentado, chaqueta negra, característico gesto distante, pero un rápido vistazo a la mitad inferior permite descubrir un generoso muslamen femenino. Qué duda cabe, al aire.

Capítulo aparte merecen las efigies de mandatarios mundiales, entre las cuales destaca, y esto ya es mucho decir, la de Putin, cuya tendencia a mostrar torso desnudo queda patente en su escultura con camiseta de tirantes y tetilla fuera, en lo que parece haber sido el ataque de un fan fatal...; eso o que necesita renovar su vieja reserva de sostenes. Peor parado sale el presidente sirio Bashar El-Asad, sacado, por los cuernos, bien del mismísimo infierno, bien de un concierto de AC/DC. El desaparecido Gadafi más bien recuerda a Carmen de Mairena, volantes rosas y mirando a Cuenca. Mientras, el norcoreano Kim Jong-un posa hierático y rojigualdo.

Lo que Desmeules se propone con tanto surrealismo lo explica ella misma: «Esculpo a personas icónicas y arquetipos modernos de forma retorcida, y lo hago sobre los rostros y cuerpos de gente común. Enmascaro cualquier rastro de individualidad bajo pintura y otros materiales, y luego capturo a este protagonista a través de la fotografía y el vídeo. Debajo de todo ese material sofocante hay personas que no se parecen en nada a la imagen final».

Y pese a lo grotesco -y warholiano- del resultado, el parecido con la realidad es tal que el reconocimiento es inmediato... Excepto ante el busto de Berlusconi, ahí sí es posible dudar un segundo entre si estamos ante el político italiano o contemplando a un sosias con sobrepeso del payaso Ronald McDonald. Quién sabe cómo se le ocurrió a Desmeules esta idea de las esculturas vivientes, estos 'alter egos' con tanta mala leche. «Me fascina cómo la imagen que proyectamos se está volviendo más poderosa que nosotros mismos. Como dijo Andy Warhol: 'No es lo que eres lo que importa, es lo que los demás piensan que eres'».

«Me atrae lo extraño»

Dice inspirarse especialmente en la noción actual de belleza, que incluye la potente industria de la cirugía plástica, pero también en la idea de género y la identidad: «Me atrae lo extraño, todo lo que se sale de lo estandarizado. En mi serie de celebridades me centré más en el culto a la imagen que practicamos hoy. Nuestra cultura quiere que reflejemos éxito, felicidad, belleza... Desde que nos bronceemos, nos saquemos selfies, nos 'levantemos' la cara o nos compremos un nuevo culo u otra nariz... Las personas se transforman en sus héroes. Y el precio para alcanzar la perfección es perder tu propia identidad. De alguna manera, me inspiro en todas estas ideas para crear mi propio lenguaje en mi trabajo».

Esculpe con cualquier material que pueda servir para reconstruir un rostro sobre otro, y lo hace en su estudio en una sesión de lo que ella denomina su «cirugía»: «Es muy intensa, ya que no quiero que el modelo se siente en una silla más de tres horas. Tengo que preparar mi mente y todos los materiales para la operación. La música juega un papel importante en mi arte y, por lo tanto, también preselecciono la mayor parte de las canciones para cada actuación, porque me ayuda a alcanzar el estado de ánimo que necesito para la cirugía que estoy creando. No tengo un proceso concreto; en realidad, está en constante evolución, lo cual es un desafío emocionante».

En el caso de las 'estatuas' de líderes mundiales, tuvo la ocurrencia de combinarlos con dibujos animados y otros personajes de la cultura pop. De este modo, Obama es un compendio de él mismo y Mickey Mouse; Kim Jong-un aparece como un hombrecito de Lego, y por eso Berlusconi recuerda tanto al payaso de las hamburguesas. El francés Sarkozy tiene ese color verde al haber sido deconstruido y vuelto a construir junto al ogro 'Shrek'. Al británico David Cameron le tocó en (mala) suerte fusionarse con Patricio, el amigo 'ingenuo' de Bob Esponja. Y lo de Putin y su tetilla... En fin, Putin es mucho Putin y no se mezcla con nadie más.