La primera indie española

Fiel compañera. Una monja estadounidense le animó a tocar la guitarra, que ya le acompañaría durante toda su trayectoria artística. 2 DE AGOSTO1976/
Fiel compañera. Una monja estadounidense le animó a tocar la guitarra, que ya le acompañaría durante toda su trayectoria artística. 2 DE AGOSTO1976

Cecilia muere al chocar su coche contra un carro de bueyes en Zamora. Sus temas vibran hoy con un acento feminista

ANTONIO PANIAGUA

Su verdadero nombre, Evangelina Sobredo Galanes, quizá no le diga nada. Pero su nombre artístico le evocará el perfume de las violetas, el amor a medianoche y un funesto 2 de agosto en que un 'Seat 124' chocó contra un carro de bueyes. En efecto, estamos hablando de Cecilia. Su coche se estrelló en el casco urbano de Colinas de Trasmonte (Zamora), en una malhadada noche en que un carruaje emergió de la oscuridad, sin ninguna luz que avisara de su presencia.

La niña se había desenvuelto en un ambiente familiar con devaneos artísticos. Su abuelo tocaba a Wagner al piano y hacía colección de discos de canto gregoriano, en tanto que su madre, una mezzo-soprano, se aplicaba con la guitarra. Una monja estadounidense la animó a imitar la pasión de su madre por las seis cuerdas, y este instrumento le acompañaría durante toda su trayectoria.

Mientras por esos años del tardofranquismo las nuevas hornadas de cantautores entonaban canciones con voz desfallecida que sonaban a Brassens y Moustaki, Cecilia, que había heredado la educación cosmopolita de su padre diplomático, bebía de lo que se hacía al otro lado del Atlántico. Sus héroes eran gentes como Bob Dylan y Paul Simon. Cecilia fue nuestra hippie, la Joan Baez española, la protoindie del ruedo ibérico, la folky celtibérica, la rebelde con causa que sabía inglés y toreaba a la censura. Donde ella decía «un desliz en el sexto», los señores de la tijera y misa diaria le obligaban a cantar un «desliz inconexo».

Evangelina quería lucir en los carteles como 'Eva', pero ese nombre ya estaba cogido, así que adoptó el de Cecilia, título de una de las canciones de Simon y Garfunkel. La compositora era una mujer culta, leía a Machado, Lorca y James Joyce y tenía previsto poner música a uno de los mancos más ilustres de las letras españolas: Valle-Inclán.

Malditos 27

Para una mujer que odiaba los festivales, debió de suponer un trago representar a España en la OTI, pero en esa ocasión también se amotinó contra las convenciones. Juan Carlos Calderón, compositor en la cumbre y máximo exponente de la música ligera, había creado para ella un tema que se llamaba 'La llamada'. Cecilia no se identificaba ni remotamente con la letra y le dio la vuelta como un calcetín. Nació así 'Amor a medianoche'. Lo que era una composición de lo más trivial mudó de piel. Cecilia convirtió esa letra intranscendente en canción protesta de resonancias feministas, un clásico interpretado una y mil veces en los karaokes de todo el país. Esa actitud emancipatoria se trasluce también en 'Me quedaré soltera'.

Tenía 27 años cuando encontró la muerte, esa edad en que acabaron sus días gigantes de la música como Jim Morrison, Janis Joplin, Amy Windhouse. Siguió reinando después de muerta. Semanas después de recibir sepultura, sus canciones seguían en el número uno de la radiofórmula española.

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