La guerra de las francesas

Un grupo de hombres piropea a una mujer en una calle de Bruselas./REUTERS
Un grupo de hombres piropea a una mujer en una calle de Bruselas. / REUTERS

El manifiesto encabezado por Catherine Deneuve que denuncia al movimiento #MeToo por criminalizar la galantería y abocar al puritanismo abre la caja de los truenos en el país vecino

IRMA CUESTA

Si es verdad lo que dicen de ella quienes la conocen, es más que probable que a Catherine Deneuve el follón que se ha montado no le quite el sueño. Y eso que, solo unas horas después de que la actriz francesa encabezara con su firma un manifiesto contrario «al clima de puritanismo sexual desatado a raíz del caso Weinstein», a una legión de intelectuales francesas le ha faltado poco para pedir su cabeza. Indignadas con la proclama, que afirma que la violación es un crimen pero asegura que «el ligoteo insistente o torpe no es un delito, ni la galantería una agresión machista», las feministas aseguran que la carta solo puede interpretarse como un «desprecio al hecho de que miles de mujeres sufran este tipo de violencia sexual». La guerra está en marcha: frente a «el feminismo se ha convertido en un estalinismo con todo su arsenal: acusación, ostracismo, condena...» de la carta de la señora Deneuve, otras critican con dureza que ese colectivo «use su visibilidad mediática para banalizar la violencia y despreciar de facto a millones de mujeres que sufren o han sufrido este tipo de violencia».

De que la cosa va en serio da idea el hecho de que incluso la ministra de Igualdad gala se ha visto obligada a tomar partido. Marlène Schiappa no solo considera peligroso este tipo de discursos en tiempos en los que «es difícil hacer comprender a chicas jóvenes que si un hombre intenta frotarse contigo en el metro sin tu consentimiento es una agresión y en los que resulta muy complicado hacerles comprender que no tienen que sentir vergüenza por denunciar». También cree que comentarios como los que durante toda la semana han inundado periódicos, radios y televisiones destruyen la toma de conciencia en ciertos públicos sensibles.

Hay quien considera que la polémica hace un flaco favor a la causa femenina

Una idea muy parecida a la que defiende Juana Gallego, directora del Observatorio de Igualdad de la Universidad Autónoma de Madrid, que cree que Deneuve y compañía no han elegido el mejor momento para hacer públicas sus opiniones. La profesora mantiene que, en un momento como este, cuando las estrellas de Hollywood aún están despojándose del vestido negro que lucieron en los Globos de Oro en un gesto simbólico sin precedentes contra las agresiones sexuales, sus palabras hacen un flaco favor a la causa. «Está claro que hay que diferenciar acoso y seducción, porque son asuntos completamente distintos. ¿Que dónde creo que está la clave? Sin duda en el poder. En una relación establecida en términos de igualdad todo el juego es posible. El problema es cuando uno tiene poder sobre el otro», dice esta experta, convencida de que el feminismo ha hecho bien su trabajo. «Hace treinta o cuarenta años esto habría sido imposible porque, para empezar, nadie habría hecho caso a esas mujeres si se hubieran decidido a denunciar. Actualmente se dan dos circunstancias decisivas: esa conciencia que antes no existía y que es fruto de mucho esfuerzo, y las redes sociales. La posibilidad de que una denuncia llegue a todos los rincones en cuestión de minutos y anime a otras mujeres a seguir su ejemplo era algo impensable hace solo unos años».

Cortejo y aproximación

La suya, sin embargo, es solo una forma de ver las cosas. Hace apenas unas semanas, cuando el 'caso Weinstein' comenzaba a adquirir dimensiones estratosféricas, Javier Marías confesó que, en su opinión, ha llegado el momento de que hombres y mujeres establezcan una fórmula de actuación para que la gente sepa a qué atenerse. Declarado partidario de «la aproximación y el cortejo», el escritor no esconde una curiosidad irresistible por conocer las razones que llevaron a las denunciantes a callar durante tantos años y plantea en su artículo, 'Protocolo sexual preciso', una suerte de propuesta de actuación. «Ante cualquier avance quizá deba pedirse permiso: «Me apetece besarte, ¿puedo?» Y, una vez concedido ese: «Ahora quisiera tocarte el pecho, ¿puedo?» Y así, paso a paso, hasta la última instancia».

Ni que decir tiene que las palabras de Marías se han encargado de avivar la polémica a este lado de los Pirineos y que no han tardado en recriminarle que se tome el asunto a guasa, por más que el autor de 'Los enamoramientos' se esfuerce en asegurar que es totalmente consciente de que está hablando de un tema muy serio.

«Acoso y seducción son asuntos completamente distintos»

En medio de tanto follón, lo que nadie cuestiona es que encontrar mesura y sentido común en un asunto tan sensible como este es complicado. Esa es también la opinión de Carmen Posadas que, aunque cree que hay que aprovechar el momento y animar a las mujeres a denunciar cualquier tipo de abuso, asegura que «lo ideal sería combatir el problema sin caer en los mismos errores de arbitrariedad, intransigencia o burla en los que los hombres han caído con respecto a nosotras a lo largo de siglos y siglos».

La escritora sabe, como la mayoría de quienes hasta ahora ha dicho algo al respecto, que ante un asunto como este cualquiera puede malinterpretar tus palabras y acarrearte más de un disgusto.

 

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