El milagro del arroz y San Juan Macías

Monje alimentando a los pobres, grabado de 1819./Wellcome Collection CC BY 4.0
Monje alimentando a los pobres, grabado de 1819. / Wellcome Collection CC BY 4.0

En 1949 ocurrió un supuesto milagro en Olivenza (Badajoz) equiparable a la multiplicación de los panes y los peces: 750 gramos de arroz alimentaron a decenas de personas

ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA

Si creen ustedes que los milagros no ocurren y que son una paparruchada, mejor no lo digan en Olivenza (Badajoz) porque en este pueblo pacense existen aún testigos de un milagro canónico. Una multiplicación de alimentos que, junto a la de los panes y los peces protagonizada por Jesús, es la única aceptada por la Iglesia Católica y que fue vital en la causa de canonización de San Juan Macías (1586-1645). A su intercesión se atribuye que el 23 de enero de 1949 tres tazas de arroz (unos 750 gramos aproximadamente) se convirtieran en más de 30 kilos que sirvieron para alimentar a todos los necesitados de la población.

San Juan Macías, nacido en Ribera del Fresno (Badajoz) bajo el nombre de Juan de Arcas y Sánchez, fue un sencillo pastor que impelido por una revelación mística decidió emigrar a Perú para ingresar en la convento dominico de Santa María Magdalena (Lima). Allí trabajó como portero muchos años, dando abundantes muestras de su devoción y espíritu caritativo. Fue beatificado en 1837 y algún otro milagro lejano en el tiempo se le había atribuido cuando ocurrió el milagro del arroz en Olivenza. En 1949, plena posguerra aún y con muchos vecinos requerían de la ayuda de la parroquia para cubrir sus necesidades básicas. En el Hogar de Nazaret, institución que coordinaba el comedor de pobres, se encontraron aquel 23 de enero con un problema: los donantes que habitualmente regalaban alimentos habían fallado y había tan sólo unos puñados de arroz para dar de comer a decenas de personas. Resignada, la cocinera Leandra Rebollo puso manos a la obra para intentar estirar aquello en una cazuela con agua y mientras preparaba la escasa comida se encomendó a su paisano Juan Macías. «¡Ay, beato! Y tus pobres sin comer…»

Según los testigos Leandra se fue a hacer varios quehaceres y cuando volvió a acercarse a la olla, ésta estaba rebosante de arroz. Sorprendida, hizo venir a varias personas que vieron cómo al sacar el arroz de la cazuela ésta se volvía a llenar. Así, y sin usar más carbón que el que inicialmente habían puesto en el fuego, dieron de comer a todos los que estaban esperando y más aún, repartiendo la arrozada por distintas casas particulares. Con el estómago saciado, los pobres satisfechos y el pueblo alborotado, a las cinco de la tarde el párroco don Luis Zambrano decidió apartar la olla de la lumbre.

Tan extraordinarias noticias pronto llegaron a oídos del obispado y después del mismísimo Vaticano, que llevó a cabo una larga investigación de trece años durante la cual se habló con numerosos testigos del supuesto milagro y se llevaron granos de aquel arroz ya mítico a analizar. Para verificar una multiplicación hacía falta atestiguar tres cuestiones, la cantidad incial de comida, la existencia de una cantidad posterior mucho mayor y la ausencia de causas naturales. Al parecer los enviados vaticanos lo vieron muy claro porque ratificaron el milagro del arroz oliventino y en septiembre de 1975 elevaron a los altares a San Juan Macías.

El 16 de septiembre es la festividad del santo y seguro que esta semana mucha gente se acercará hasta la Capilla del Milagro en Olivenza para ver la antigua cocina del cura en la que ocurrió la multiplicación del arroz. Que por cierto, se dice que a pesar de ser simplemente cocido sabía fenomenalmente bien. Algo tenía que tener de milagroso.

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