Un futuro negro y amargo para la cafetera de toda la vida

Alfonso Bialetti (izquierda), el inventor de la cafetera italiana, en su taller. /R. C.
Alfonso Bialetti (izquierda), el inventor de la cafetera italiana, en su taller. / R. C.

Las deudas ahogan a la compañía Bialetti, que inventó la cafetera italiana en 1933. El auge de las cápsulas amenaza su continuidad

La cafetera italiana, ese artilugio que reúne sencillez, belleza y eficacia en cuatro simples piezas, ha sobrevivido a 85 años de guerras, crisis y política a la romana, pero está a punto de sucumbir ante la encantadora sonrisa de George Clooney. El Grupo Bialetti, fundado en 1919 por el inventor de ese icono del diseño italiano, anunció la semana pasada que está al borde de la bancarrota, con una deuda de 68 millones de euros, y alberga serias dudas sobre su continuidad. La competencia de las cafeterías y, sobre todo, la imparable expansión de las máquinas de cápsulas -de las que Nespresso, la marca que anuncia el guapo actor americano, es líder- han puesto contra las cuerdas a la empresa, que ha visto caer en los últimos años la venta de su producto estrella, la mítica Moka.

El ingeniero Alfonso Bialetti (Omegna, 1888) tenía una fundición y fábrica de aluminio en Crusinallo, en el Piamonte. La idea de la cafetera se le ocurrió viendo a una mujer que hacía la colada en una lavadora de la época, una especie de caldera con un tubo por el que el agua con lejía subía a gran presión al ser calentada, aumentando el poder limpiador del detergente sobre la ropa.

En 1933 diseñó la primera cafetera express, tomando el nombre de Moca, la ciudad yemení en la costa del Mar Rojo que entre los siglos XV y XVIII fue el mayor mercado cafetero del mundo. El invento triunfó en una Italia devastada por los efectos de la crisis económica mundial, entre una población azotada por las altas tasas de paro que ya no podía permitirse el pequeño lujo de visitar el bar de la esquina para tomarse una taza.

Gracias a su sencillo pero inteligente diseño, que hace pasar el agua hirviendo a gran presión, empujada por el vapor, para extraer todo el aceite del grano molido, garantiza una infusión de máxima calidad. El modelo está compuesto por tres piezas de aluminio -la caldera con su característica base octogonal, el filtro y el depósito, con mango de baquelita- y una arandela de goma que se puede reemplazar, cuando está deteriorada por el uso, para alargar la vida de esta máquina casi hasta la eternidad.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el hijo del inventor, Renato Bialetti, tomó las riendas del negocio y convirtió el taller artesanal en una gran industria para hacer de la Moka un utensilio cotidiano en millones de cocinas de todo el mundo. A partir de 1953 contó con la ayuda de una innovadora campaña de marketing basada en el 'señor con bigote', una caricatura suya creada por el dibujante Paul Campani, que después se convirtió en tira cómica y serie de dibujos animados. El simpático personaje es aún el sello de autenticidad de la marca. Aunque ha conocido múltiples imitaciones, el modelo original, inspirado en el 'art déco' de la época, es uno de los embajadores del diseño industrial italiano en el mundo -como la Olivetti, la Vespa o el Cinquecento-, y forma parte de la colección permanente del MoMA de Nueva York y del Museo de Ciencias de Londres.

Hábitos de consumo

Pero el cambio de hábitos de consumo ha resultado fatal para la marca. En el país transalpino existen más de 150.000 cafeterías y los 'millenials' son más callejeros que sus padres. Muchos italianos vivieron como una afrenta la apertura de un local de lujo de la franquicia Starbucks en Milán hace dos meses. Algunos consideran esos vasos de cartón gigantes una forma esnob de calentarse las manos en invierno, pero apenas pueden identificar el aguachirle hirviente que contienen con su aromático, concentrado y cortísimo 'espresso'.

Sin embargo, su mayor competencia son las máquinas de café en cápsulas monodosis, que elaboran una bebida aceptable de forma rápida y cómoda sin necesidad de manipular -ni siquiera ver- la materia prima. Según datos de la analista Nielsen, las ventas de café en grano o molido cayeron un 6% en Italia en 2017, mientras el mercado de las cápsulas crecía un 23%. Y eso que en el 70% de los hogares del país hay una cafetera de rosca.

La compañía se ha reinventado y en la actualidad fabrica también versiones más coloridas y glamourosas de la original, máquinas de café eléctricas y de cápsulas -si no puedes vencer a tu enemigo...- y menaje de cocina. En 2017 inició la apertura de sus tiendas monomarca y hoy hay 180 repartidas por Europa. El objetivo es «llevar al mundo la cultura italiana del café, la pasión por el diseño y la calidad, el valor de la tradición y el estilo italiano», proclama su web.

El anuncio de hace unos días por parte del grupo empresarial confirma la gravedad de la situación: el año pasado registró unas pérdidas de 15 millones de euros y se ha acogido a la ley de bancarrota del país para hacer frente al pago de salarios e impuestos. Mientras, aguarda el milagro en forma de solicitud de un préstamo de 35 millones al fondo de inversión norteamericano Och-Ziff Capital.

Por suerte para la familia, en 1993 Renato vendió su parte de la compañía a Rondine, líder en la fabricación de sartenes. Pese a ello, permaneció siempre leal al invento de su padre. A su muerte en 2016, el famoso 'omino coi baffi' dispuso que sus cenizas fueran guardadas en una urna muy particular: una Moka de 18 tazas, el modelo más grande del mercado.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos