El Amazonas contra Amazon

Dos mundos. Los países del Tratado de Cooperación Amazónica no quieren dejar su soberanía digital en manos de una empresa./REUTERS
Dos mundos. Los países del Tratado de Cooperación Amazónica no quieren dejar su soberanía digital en manos de una empresa. / REUTERS

Los países del Amazonas libran desde hace años una batalla con la empresa de comercio online. Quieren poder usar su nombre en internet

JAVIER GUILLENEA

Qué es más importante, Amazon o Amazon? Cuesta saberlo si se busca la respuesta en internet. Y, si se preguntara en la calle, más de uno diría que, por supuesto, Amazon es el no va más, por algo es la empresa de comercio electrónico más grande del mundo, la que es capaz de llevar en poco tiempo cualquier producto a todos los hogares. El otro Amazon es una selva que también es grande, aunque no es lo mismo; al fin y al cabo, una selva no llama a la puerta para entregar un paquetito. Es importante e incluso necesario que haya árboles por ahí, pero seamos serios: ¿qué sería de nosotros sin Amazon?

En castellano, Amazon significa Amazonas, de ahí la confusión y la batalla en la que, desde hace siete años, se hallan enzarzados la gran compañía estadounidense de reparto a domicilio y ocho países sudamericanos que no quieren ceder terreno ante la multinacional creada por Jeff Bezos. Los gobiernos de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela, todos miembros de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), quieren que la empresa les devuelva el nombre o, al menos, que les permita utilizarlo. En este pulso no interviene la Guayana francesa, un territorio galo que pertenece a la Unión Europea.

La guerra comenzó en 2012, año en el que la Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números (Icann), una entidad con sede en Estados Unidos, decidió ampliar su lista de dominios de nivel superior genéricos, que son los que van después del último punto en la dirección de una página web. Hasta ese momento se utilizaban, entre otros, caracteres como 'com' para propósitos comerciales, 'net' para entidades relacionadas con internet o también 'org' para entidades sin ánimo de lucro. Las nuevas reglas permitieron a las empresas solicitar extensiones diferentes, como, por ejemplo, su nombre comercial en lugar de '.com', lo que les ofrecía la oportunidad de personalizar sus webs y darles más visibilidad.

Fue una revolución en un mundo que se ha convertido en una máquina de ganar dinero. «Cada vez es más importante tener un buen dominio y ya no quedan los de pocas letras, por eso están muy cotizados. Hay gente que especula con ellos y los pone a la venta», afirma Nando Olcina, abogado especialista en nuevas tecnologías. La ampliación aprobada por la Icann fue acogida con avidez por las grandes empresas del sector, como Amazon o Google, y por otras nuevas creadas exclusivamente para hacer negocio con los dominios. Todas se apresuraron a solicitar, y a pagar por ello, nuevos nombres de nivel superior, como 'app', 'free', 'kindle', 'you', 'blog' o 'fitness'. Solo sus poseedores pueden utilizar estos términos en sus direcciones.

Fines comerciales

En previsión de lo que pudiera pasar, la Icann estableció normas especiales para las extensiones que hacen referencia a ubicaciones geográficas o geopolíticas y comunidades étnicas, lingüísticas y culturales, de forma que cualquiera pueda poner objeciones a su empleo. Hubo dominios como '.london', '.rio' o '.istanbul' que no molestaron a nadie, al menos de momento, pero otros levantaron ampollas.

Amazon se hizo con el nombre -el suyo y el del río- y reveló su intención de utilizarlo para sus intereses comerciales en nuevos dominios, como 'books.amazon' o 'kindle.amazon'. Los ocho estados de la OTCA consideraron que emplear el Amazonas como reclamo empresarial iba en contra de su soberanía digital y entablaron una tensa batalla contra el gigante tecnológico.

Apoyos no faltaron. En abril de 2013, los países de América Latina y el Caribe suscribieron la Declaración de Montevideo, en la que se rechaza «toda pretensión de apropiación, sin el debido consentimiento de los países de la región, de las denominaciones Amazonia y Patagonia en cualquier idioma, así como cualquier otro dominio de primer nivel referido a nombres geográficos, históricos, culturales o naturales, los cuales deben ser preservados como parte de su patrimonio e identidad cultural».

Estas palabras no inquietaron a Amazon, que mantuvo su pulso con la OTCA y trató de salvar el escollo al estilo de aquellos colonizadores que regalaban collares de cuentas de vidrio a los indígenas. En 2017, la compañía ofreció a sus adversarios cinco millones de dólares en libros electrónicos ('kindles') a cambio de que olvidaran sus pequeñas diferencias y dejaran libre el paso a sus dominios. Todos los países rechazaron los collares.

«El conflicto es entre una entidad con una marca registrada y una serie de estados con un interés legítimo en la defensa de un bien cultural. Ambos tienen una parte de razón», dictamina Olcina. La OTCA sostiene que no trata de negar a Amazon el uso del dominio, sino que plantea un «gobierno compartido» del nombre. Según sus propuestas, la compañía podría personalizar sus páginas oficiales con nombres como 'kindle.amazon'. A cambio, cada país tendría derecho a utilizar dominios relacionados con su patrimonio cultural, como, por ejemplo, 'tourism.amazon'.

Segundo nivel

La compañía de Jeff Bezos no cede y plantea que las ocho naciones puedan usar dominios de segundo nivel, como 'br.amazon' en el caso de Brasil o 'pe.amazon' en el de Perú. También se compromete a apoyarles para que la Icann les conceda la gestión de los dominios 'amazonia' o 'amazonas'. Quienes defienden la postura de la empresa argumentan que un río no necesita su propia extensión en las redes y recuerdan que el hecho de que una compañía utilice su nombre para vender productos online no tiene un impacto real en la región ni en las personas que viven en ella, la mayoría de las cuales carece de conexión a internet.

A mediados de marzo, el organismo encargado de asignar nombres dio a ambas partes un plazo para alcanzar un acuerdo que concluyó el pasado día 7 sin que nadie diera su brazo a torcer. Ante la falta de consenso, será la propia Icann la encargada de tomar una decisión «en no más de dos semanas», si es que la toma. Y así, mientras unos y otros esperan, allá abajo la deforestación avanza a pasos agigantados. La Amazonia tendrá dominios digitales, pero se está quedando sin los de toda la vida, los árboles, sus dominios terrenales. Para ellos no hay '.amazon' que valga.