El eclipse que iluminó a Einstein

El eclipse que iluminó a Einstein

Hoy hace 100 años se produjo el fenómeno astronómico que permitió confirmar su teoría de la relatividad. Dos expediciones viajaron a Brasil y África para dirimir la polémica

ANTONIO PANIAGUA

La gente se agolpaba atónita en las plazas por el soberbio espectáculo que les ofrecía el cielo. La oscuridad cayó como un telón de sombra y los gallos, despistados, empezaron a cantar mientras sus crías buscaban cobijo desesperadamente. Así describía una crónica de un periódico brasileño el velo que ocultó el Sol el 29 de mayo de 2019. Hoy hace cien años se produjo un eclipse solar que figura en los anales de la historia de la ciencia. Ese día se llevaron a cabo dos experimentos que demostraron que Albert Einstein tenía razón.

Para confirmarlo, sendas expediciones científicas habían viajado a dos lugares muy distantes entre sí. Uno era la isla del Príncipe (Santo Tomé y Príncipe), una antigua colonia portuguesa en África, y el otro era Sobral, en el norte de Brasil. Los equipos de astrónomos certificaron que la predicción de la relatividad general concerniente a la curvatura de los rayos de luz por el Sol era cierta.

La teoría de la relatividad de Einstein, considerada su obra maestra, su más bella intuición, puso patas arriba las ideas que hasta entonces se mantenían incólumes sobre el espacio y el tiempo. Fue toda una revolución que desplazó a la vieja teoría de la gravitación universal de Isaac Newton. Semejante hito encumbró al joven físico alemán al poco de terminar la Primera Guerra Mundial. «Las predicciones de Einstein eran una teoría, y como toda teoría necesitaba ser corroborada. Ese experimento fue trascendental, pues confirmó la teoría de la relatividad general, lo que cambió por completo la visión que teníamos de la gravedad y de cómo funciona el universo. Albert Einstein se convirtió en un icono social como solo ahora puede ser Messi, aunque suene un poco triste decirlo. Es difícil imaginarlo, pero Einstein entonces era una de las personas más famosas del mundo, y además de manera global», dice José Luis Gómez, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía, dependiente del CSIC.

Arthur Eddington, catedrático de Astronomía en la Universidad de Cambridge, y Frank Dyson, el Astrónomo Real, organizaron hace una centuria dos expediciones para dirimir la controversia, pues Einstein no escapaba a las críticas acerbas. El genio germano defendía que cuando la luz viaja por el espacio-tiempo y pasa por campos gravitatorios producidos por algún objeto se curva.

Si era correcto, la desviación de la luz, según sus estimaciones, debía ser dos veces mayor de la prevista por Newton. ¿Qué mejor que un eclipse total, ese fenómeno en que la sombra de la Luna alcanza la Tierra y oculta al Sol, para comprobarlo? La ocasión se presentaba pintiparada. El eclipse de 1919 se podría observar en Sudamérica y África. En ese momento crucial el Sol estaría cerca de un grupo de estrellas singularmente brillantes, las Híades.

Dyson y Eddington fueron precavidos. Sobral era un excelente lugar de observación, pero ¿y si amanecía nublado? El ensayo podía irse al garete. Mejor acudir a dos lugares diferentes.

El astrónomo pacifista

Para su desgracia, Dyson se quedó en Inglaterra y no pudo partir hacia América, pero encontró a dos peritos en la materia: Charles Davidson, sin títulos académicos pero asombrosamente diestro en el manejo del telescopio, y el astrónomo irlandés Andrew Crommelin, a cargo del segundo instrumento de observación. Por su parte, Eddington, que como cuáquero y pacifista se había declarado objetor y negado a engrosar las filas del ejército en la Gran Guerra que acababa de terminar, sí que fue a Isla del Príncipe.

En los meses previos, se midieron las posiciones 'reales' de las estrellas. Cuando aconteció el eclipse, los dos grupos, a miles de kilómetros uno del otro, capturaron imágenes y calcularon el emplazamiento de las estrellas durante la ocultación del astro solar, lapso que duró seis minutos.

A la luz de las fotografías que los astrónomos habían tomado se comprobaba que la teoría de la relatividad general no era una conjetura. A Einstein le asistía la razón. En noviembre de 1919 se publicaban las conclusiones. «Los resultados de las observaciones aquí descritas parecen apuntar definitivamente (...), y confirmar la teoría de la relatividad general de Einstein», rezaba un párrafo del estudio final, firmado por Dyson, Eddington y Davidson. Einstein podía respirar tranquilo, había pasado días de zozobra a la espera de los resultados del experimento. Nada más enterarse, escribió a su madre para comunicarle la «feliz noticia».