Los beneficios y peligros del conductor automático que cada día está más cerca

Los beneficios y peligros del conductor automático que cada día está más cerca

La creciente aplicación de nuevas tecnologías en la seguridad de los automóviles siembra dudas entre los expertos. Todos creen que evitarán accidentes, pero temen que dejemos nuestras vidas en manos de los coches

JAVIER GUILLENEA

El Parlamento Europeo quiere salvar la vida de miles de personas que jamás sabrán que deberán la continuidad de su existencia a algo tan aparentemente lejano y poco apasionante como un pleno de la Eurocámara en Estrasburgo que se celebró el pasado martes. No ocurrirá de hoy para mañana, sino a más largo plazo, en 2022. A partir de ese año, todos los coches, furgonetas, autobuses y camiones que salgan de fábrica vendrán equipados obligatoriamente con un ramillete de nuevas tecnologías encaminadas a mejorar la seguridad en la conducción. Los vehículos del futuro estrenarán el asfalto provistos de un arsenal de sensores y automatizaciones que, si se cumplen las previsiones, reducirán en un 20% las muertes en carretera. Y eso es mucha gente.

En 2018 fallecieron en toda la Unión Europea 25.000 personas en accidentes de tráfico y otras 135.000 sufrieron heridas graves. Tan solo con la aplicación de una de las medidas aprobadas el martes, la instalación de asistentes de velocidad, el Consejo Europeo de Seguridad en el Transporte espera que cerca de 5.000 personas se libren todos los años de la muerte. En España serían 400.

Estos cálculos están basados en las bondades de un sistema que alertará a los conductores cuando circulen más deprisa de lo permitido. El Asistente de Velocidad Inteligente (ISA) reconoce los límites de velocidad en cada uno de los tramos de la red viaria y lanza una advertencia cada vez que se superan, aunque de momento solo avisará. «No limitará la velocidad del vehículo, sino que su función es informar a través de receptores sensoriales de que se ha superado el límite de velocidad aplicable. El sistema no infiere en la posibilidad de que el conductor exceda la velocidad demandada por el sistema», explican fuentes de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (Anfac).

Todos los vehículos que se fabriquen a partir de 2022 deberán contar con el ISA en su equipamiento, pero, paradójicamente, su uso no será obligatorio. En la propuesta de reglamento que presentó en mayo del año pasado, el Consejo Europeo de Seguridad en el Transporte estableció entre las especificaciones mínimas de los asistentes de velocidad la imposibilidad de desactivarlos. Pero las presiones de los fabricantes europeos de vehículos y de algunas asociaciones de conductores han logrado que este requisito se elimine en el texto finalmente aprobado. Dispositivo, sí; apagado, también.

Entonces, ¿por qué se instala? Según el Parlamento Europeo, es un primer paso para que los conductores vayan acostumbrándose a esta nueva tecnología mientras se perfecciona su funcionamiento, ya que hoy en día su margen de error es de casi un 10%. Pero no es el único hábito que deberán adquirir. La instalación de nuevos sistemas de seguridad en los automóviles convertirá su interior en un maremágnum de pilotitos encendidos y pitidos que, junto a la señora del GPS que recuerda que hay que girar a la derecha, el sonido de la radio y las voces de los pasajeros, harán de cada viaje una experiencia multimedia.

Prohibido dormir

Los futuros vehículos vendrán provistos, entre otras mejoras, de etilómetros que vigilarán si el conductor ha bebido alcohol, ayudas activas para mantenerse en el carril, sistemas que detectan la somnolencia, cámaras traseras y sensores de presión de los neumáticos... Nada se le escapará; es como si el coche se cuidara de sí mismo y, de paso, vigilara atentamente a su propietario para que no haga ningún estropicio. Bastará una cabezadita para que la propia máquina llegue en nuestra ayuda y nos salve la vida al despertarnos. Vaya, como si nuestra seguridad dependiera por completo de ella. Y ahí está el peligro, porque es fácil caer en la tentación de dejarse llevar. Total, ¿para qué esforzarme por mantenerme despejado si sé que cuando cierre los ojos una voz o un pitido me los abrirá?

La presidenta de Stop Accidentes, Ana María Novella, cree que las nuevas tecnologías «servirán para salvar vidas» y también, como en el caso de la obligación de colocar cajas negras en los automóviles, «para esclarecer muchísimas dudas cuando haya un siniestro». La instalación de estas cajas es una medida largamente reclamada por la asociación, que ha logrado de esta manera un triunfo. Sin embargo, aún le queda pendiente el objetivo de conseguir que se implante en los colegios una asignatura de educación vial, porque una cosa son los vehículos inteligentes y otra, sus conductores. «El coche no va solo, va con alguien y esa persona tiene que estar concienciada», recuerda.

El riesgo es que, con tantas innovaciones, el factor humano quede relegado a un segundo plano, como si fuera un mero comparsa de la máquina. José Ignacio Lijarcio, director de proyectos de la Fundación Española para la Seguridad Vial (Fesvial), también cree que los nuevos dispositivos salvarán vidas, pero advierte de la necesidad de «abrir un período de reflexión» para determinar «si apostamos por un modelo exclusivamente tecnológico o por otro humanista y tecnológico», en el que el ser humano tenga algo que decir y encuentre la respuesta a una pregunta: «¿Hasta qué punto el sistema toma decisiones por mí?».

Lijarcio explica que nuestra sociedad está dividida en nativos digitales y en los que han nacido antes de que existiera internet. Mientras que los primeros «no tendrán que hacer ningún proceso de adaptación» a los nuevos sistemas de conducción, los segundos lo tendrán más complicado, porque serán poseedores de un vehículo muy moderno y con muchas funciones pero no sabrán para qué sirven. En el mejor de los supuestos, este desconocimiento hará que algunos sistemas de seguridad «sean ineficaces». En el peor, «si se usan mal, pueden ser un peligro». Y si nos ponemos aún más pesimistas, puede darse el caso de que «el conductor asuma más riesgos y llegue a pensar que ya frenará el coche». Por eso, añade Lijarcio, «el Estado, las administraciones y los fabricantes tienen que informar sobre el empleo de estas tecnologías».

Barreras tecnológicas

De lo contrario, afirma José Ignacio Castillo, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, «vamos a crear en la conducción barreras tecnológicas que a personas de determinada edad les pueden suponer un freno, porque no tienen los conocimientos necesarios para manejar los nuevos dispositivos». Salvando las distancias, Castillo recuerda los dos Boeing 737 que se han estrellado en un plazo de cinco meses. En ambos casos, el 'software' del sistema de vuelo falló y los pilotos no pudieron tomar el control manual de los aparatos. «Estamos confiados en que el avión lo hace todo solo, pero las máquinas fallan, por eso se necesita supervisión humana».

Las nuevas tecnologías aumentarán la seguridad, pero no para todos. Al menos, eso es lo que piensa Castillo. La incorporación de dispositivos en los nuevos vehículos encarecerá los precios a partir de 2022. «El sobrecoste se transferirá a los consumidores y muchos optarán por adquirir automóviles de segunda mano». Se puede producir así una curiosa situación. Los que salgan de fábrica tendrán menos accidentes pero los otros, los no digitales, los envejecidos, serán los que engrosen las listas de la siniestralidad.