Gais de todos los colores

Gais de todos los colores

Políticos de PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos se olvidan de la campaña para celebrar las conquistas del colectivo y denunciar ‘agujeros’ como el atentado de Oregón y las 80 agresiones homófobas de este año

INÉS GALLASTEGUI

Ángeles, Iñaki, Nicolás y Eduardo no llevan ningún cartel en la frente. Quizá un observador amante de los tópicos sacaría conclusiones del pelo corto y la cara lavada de Ángeles o de la melenita de Iñaki. Quizá no. No se parecen en nada, ni en su forma de vestir ni en su forma de pensar, pero tienen mucho en común. Son políticos de todos los colores: del PP, del PSOE, de Podemos y de Ciudadanos, y son homosexuales. Como otros dos millones de españoles. En este mismo país, hace no tanto, habrían sido encarcelados por practicar el «nefando vicio». Hoy pueden vivir el amor a su manera, casarse y tener o adoptar hijos, y quien se atreva a menospreciarles por su orientación sexual como presuntamente hizo hace un mes el arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares se enfrenta a penas de prisión. Aún horrorizados tras el atentado islamista contra un club gay en Orlando que hace una semana causó 49 muertos, coinciden en que queda mucha batalla por dar en el mundo la homosexualidad está prohibida en 73 países y en 13 se castiga con la muerte y aquí. Sobre todo, en la calle en Madrid llevan 80 agresiones homófobas este año y en las aulas, donde miles de adolescentes son acosados por ser distintos. El 28 de junio, día del Orgullo Gay, será una nueva jornada de fiesta y lucha bajo la bandera del arcoíris.

Iñaki Oyarzábal (PP). Salir del armario a los 25 años y con novia formal

A Iñaki Oyarzábal (Vitoria, 1966) las dudas sobre su sexualidad le entraron con 25 años: a punto de casarse con su novia de toda la vida, regentaba dos tiendas de ropa y era presidente de Nuevas Generaciones. Estaba aterrorizado. Después de más de un año «penando», decidió asumir sus miedos y terminar la relación. «No conocía a ningún gay», recuerda. Le daba «apuro» tantear el ambiente en Vitoria, una ciudad pequeña en la que todo el mundo se conoce, y probó en Barcelona y Madrid. Tratarse con homosexuales con los que se sentía identificado le dio fuerzas para contárselo a su familia, a sus amigos y quizá los más difícil al partido.

Datos y cifras

El país más tolerante

Según un estudio del Pew Research Center, España es el país más tolerante del mundo hacia la homosexualidad. El cambio ha sido enorme. AFederico García Lorca lo asesinaron en 1936 «por rojo y por maricón». La Ley de Vagos y Maleantes de 1954 y la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social de 1970 permitieron al franquismo enviar a prisión o al manicomio a miles de personas por su orientación sexual.

Matrimonio igualitario

La ley elaborada por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero fue un hito en el reconocimiento de los derechos de la comunidad gay y lesbiana y convirtió a España en uno de los países más avanzados del mundo en esta materia.

28.086

bodas entre personas del mismo sexo se celebraron en España durante los diez primeros años de vigencia de la Ley del Matrimonio Igualitario, según el INE. La norma entró en vigor el 1 de julio de 2005 y once días después Carlos Baturín y Emilio Menéndez hicieron historia al estrenar este nuevo derecho.

¿Cuántos gays hay?

Es muy difícil de determinar. Considerando el porcentaje de personas que habían mantenido alguna vez una relación homosexual, el informe Kingsey señalaba en los años 50 que en torno al 10% de los varones y el 5% de las mujeres en EEUUeran homo o bisexuales. Encuestas recientes reducen ese porcentaje hasta el 2,3% para ambos sexos. Con esa misma proporción, en España habría 2 millones de homosexuales.

6%

de los jóvenes de 15 a 29 años se declaran homosexuales, bisexuales o transexuales, según un estudio de la Federación Estatal LGBT.

Programas para el 26-J

El PSOE, Ciudadanos y Podemos llevan en su programa electoral la aprobación de una Ley Integral Trans, una Ley de Igualdad LGBT, un Pacto por la Educaciónpara prevenir el acoso homófobo y un Pacto de Estado frente al VIH, el sida, el estigma y la discriminación. El PP hace una referencia a la orientación sexual en su Plan Nacional contra el Acoso.

Pero en todos los ámbitos, las reacciones fueron «mucho mejores de lo que esperaba». En el PP, asegura, encontró «un enorme respeto» y ninguna limitación a su ascenso político: miembro del ala más centrista y liberal de los populares, fue concejal en Vitoria y parlamentario vasco antes de que Mariano Rajoy lo fichara para la ejecutiva nacional en 2012, como secretario de Justicia, Derechos y Libertades. Ese mismo año salió del armario: fue el primer cargo relevante del PP en hacerlo.

«En el PP hay muchos gais y lesbianas protesta. Me choca que a algunos les moleste:es como si te quisieran meter de nuevo en el armario». Le chirría que se identifique homosexualidad con izquierda y lamenta el «sectarismo» de las asociaciones LGBT. «En Euskadi he sentido más acoso por mis ideas que por mi condición sexual denuncia. Los abertzales, que tanto dicen respetar los derechos de los gays, me han llamado facha y maricón de mierda».

Siente «dolor e indignación» ante el atentado en el club Pulse. «Yo he estado en una discoteca gay en Florida», recuerda. Pero cree que no fue solo un crimen homófobo, sino «un ataque contra nuestra civilización. El islamismo radical odia la libertad que permite a los gais de Estados Unidos bailar, divertirse y tener relaciones con otros gais». Oyarzábal, que se declara creyente, recuerda que las «democracias liberales de tradición cristiana» son las que más respetan al colectivo LGBT, frente a los países excomunistas y musulmanes.

No ve hipocresía en el hecho de que los cargos públicos del PP hagan uso del derecho al matrimonio homosexual contra el que su partido recurrió ante el Tribunal Constitucional y se movilizó junto a los obispos y el Foro de la Familia. La boda del ya exalcalde de Vitoria Javier Maroto en 2015, en presencia de la plana mayor del PP nacional, fue «un gesto valiente y de una enorme utilidad para los homosexuales». La oposición de su partido al matrimonio igualitario fue «un error» asume que se corrigió tras el rechazo del TC al recurso; los populares protagonizaron «una evolución importante», acorde con la de la mayoría social unos años antes.

Ha mantenido varias relaciones prolongadas. «Pero no he tenido la suerte de encontrar a alguien para compartir toda la vida. No me imagino teniendo hijos porque soy un poco mayor. Se me ha pasado el arroz», bromea Iñaki, que hoy cumple 50 años.

Ángeles Álvarez (PSOE). Lesbiana en un pueblo de mil habitantes

Ángeles Álvarez (Molacillos, Zamora, 1961) no tuvo suerte con el lugar y el tiempo en el que le tocó nacer. Hija de un agricultor que trabajaba en un régimen cuasimedieval debía entregar dos tercios de la cosecha al propietario de la tierra, creció en Coreses, un pueblo de poco más de mil habitantes. Gracias a las becas del Estado, ella y sus cuatro hermanos pudieron seguir estudiando después del colegio en la capital de la provincia y «escapar de una rueda a la que en aquella época estaban condenados los hijos de las clases menos pudientes». Todos llegaron a la universidad, menos ella: cometió el terrible crimen de enamorarse de una compañera de clase en plena década de los 70. Su padre la sacó inmediatamente de la residencia en Zamora, se la llevó al pueblo y le puso un negocio. «No era especialmente conservador; era el resultado de los años más negros de la dictadura», justifica Álvarez.

Solo aguantó un año. A los 17 decidió romper amarras y se largó a Madrid con una mano delante y otra detrás. Tardó décadas en regresar: «Antes de morir, mi padre quiso verme y tuvimos una larga conversación. Volví a Coreses por su funeral. Me gustó mucho reencontrarme con la gente. Fui muy bien recibida».

Pero, volviendo a los setenta, tras un par de años dando tumbos en Cataluña, regresó a la capital y se quedó por amor. Ha regentado dos bares: El Barberillo de Lavapiés y La Atrevida. Militante feminista, se implicó activamente en la lucha contra la violencia de género es autora de la Guía para mujeres maltratadas antes de entrar en 2000 en el PSOE, «el partido que mejor representa los intereses de las mujeres».

Un par de meses después de la aprobación de la Ley del Matrimonio Igualitario, en julio de 2005, dio el sí quiero a su pareja. «Casarse significa hacer casa, pero Teresa y yo llevábamos 12 años juntas», recuerda. Fue una ceremonia «muy política», oficiada por Pedro Zerolo y llena de niños:«Muchos amigos me pidieron que les invitara porque querían que sus hijos vieran una boda de lesbianas con naturalidad. No nos casamos Ángeles y Teresa, sino tantas mujeres que no habían podido hacerlo en este país. ¡Cómo me habría gustado tener un referente así cuando era adolescente y creía que me pasaba algo raro!».

En 2013, la asociación Arcópoli le pidió que hiciera una declaración como primera mujer lesbiana en el Congreso de los Diputados. Sus amigos se mofaron un poco de su salida del armario. «¡A estas alturas!», le decían. Para ella, la clave de la lucha por los derechos del colectivo LGBT es la visibilidad, especialmente necesaria en el caso de las mujeres. «Las lesbianas son peor tratadas por los medios de comunicación. También aquí, el patriarcado funciona», afirma la número 4 en la candidatura socialista por Madrid el 26J.

También lamenta la eliminación de la asignatura de Educación para la Ciudadanía por parte del Gobierno de Rajoy. «Educar en el respeto a la diferencia puede ayudar a prevenir delitos de odio más adelante», subraya Álvarez, que considera inaceptables las declaraciones del arzobispo contra el «imperio gay».

Edu F. Rubiño (Podemos.) Un gay tuitero que admira a Zerolo y Jesús Vázquez

La vida de Eduardo Fernández Rubiño (Madrid, 1991), el parlamentario más joven de la Asamblea de Madrid, es un ejemplo de que en España han cambiado muchas cosas desde el franquismo. Edu descubrió que le gustaban los chicos a los 15 años y al año siguiente se echó su primer novio. Sus padres profesor y cartera se lo tomaron con naturalidad y en su instituto a nadie le llamó demasiado la atención. Empezó a estudiar Filosofía en la Complutense y participó en el 15M desde la asociación Juventud sin Futuro. Su activismo político virtual llamó la atención de Podemos, que le fichó como responsable de redes sociales. Así que no es casualidad que su salida del armario oficial fuera un mensaje con menos de 140 caracteres: en la sesión de investidura del parlamento autonómico, el diputado del PP Juan Van Halen le hizo un comentario para romper el hielo: «Qué joven eres, ya verás lo difíciles que son las mujeres». Y Edu le respondió:«Amí es que me van los hombres». A Pablo Iglesias le encantó la anécdota y la tuiteó a su millón y pico de seguidores.

«Hay gente que dice: ¿Por qué tienes que decir que eres gay? Los heterosexuales no lo vamos contando por ahí.... Es un error: hemos avanzado mucho, pero todavía debemos reivindicar que hay homosexuales en todos los lugares de la sociedad», argumenta el joven, que sí tuvo referentes en su adolescencia, desde Pedro Zerolo hasta Jesús Vázquez.

Rubiño muestra un «gran reconocimiento» a las conquistas por los derechos LGBTdel PSOE e IU cuando Podemos no existía, y lamenta que los populares no sean más humildes y reconozcan sus errores. «Yo era pequeño cuando el PP salía a la calle para oponerse al matrimonio homosexual, pero no lo he olvidado».

Desde hace dos años vive con su novio, Iñaki, compañero en Podemos. Ha vivido episodios puntuales de acoso: «Una vez el puertas de una discoteca vino a echarnos a mi novio y a mí por besarnos; todo el mundo estaba haciendo lo mismo, pero nosotros éramos gais».

Sintió una «rabia increíble» por el atentado de Orlando. «Pero me puse aún más rabioso al comprobar que hay quien pretende obviar que fue un atentado homófobo, el peor asesinato masivo contra la comunidad LGBT desde el Holocausto nazi», recuerda.

Nicolás de Miguel (Ciudadanos). La suerte de tener una familia en tecnicolor

«Yo he bailado mucho, mucho, mucho», asegura Nicolás de Miguel (San Sebastián, 1963), mientras acaricia a sus gatos Eleanor, por la Parker, y Harrison, en homenaje al actor de Indiana Jones y La Guerra de las Galaxias. Al rememorar los ochenta, al portavoz de Ciudadanos en Euskadi se le escapa un puntito de nostalgia por aquel tiempo en el que, de día, corría maratones y ganaba medallas nadando, colaboraba con varias ONG y se manifestaba por los derechos civiles y, por las noches, arrasaba en las discotecas de la Cuesta del Culo, la zona de ambiente de la capital donostiarra, y en Bataplán, tocando la arena de la Concha. «Mis amigos tenían celos porque en aquella época los chicos no bailaban y yo, que era sociable, simpático y estaba estupendo, tenía mucho éxito con las chicas», recuerda, divertido.

La confusión no duraba mucho, claro. «Yo soy gay desde que tengo uso de razón», advierte. Y más allá de algún «¡mariquita!» en sus años de colegio, nunca ha sufrido homofobia ni discriminación. «Tuve una grandísima suerte con mi familia y con esta ciudad abierta y tolerante», explica. Sus padres eran «librepensadores» represaliados por el franquismo. «Muy poca gente de mi generación podía leer a Diderot o tenía en casa Memorias de Adriano y Maurice. Nosotros vivíamos en tecnicolor cuando la calle aún era en blanco y negro», recuerda de su infancia.

Nunca tuvo que sentarse con su madre y sus hermanos el padre, empleado de AEG, murió siendo él niño y confesarles que era homosexual: ya lo sabían. «Recuerdo que cuando tuve mi primer desengaño amoroso, de adolescente, estaba hecho polvo en mi cuarto y entró mi madre, una mujer navarra de mucho carácter, y me dijo:¡Hijo mío, levántate de la cama, que hombres hay a patadas!».

Licenciado en Historia por Deusto, cree que es fundamental reivindicar a los homosexuales y transexuales represaliados en el tardoranquismo. «No en el Pleistoceno, sino anteayer. Yo en los ochenta iba a Madrid a ver a Alaska y su A quién le importa. Diez años antes no tenía nada que ver. Las conquistas que hemos conseguido han sido a base de mucho esfuerzo. No se puede dar ni un paso atrás», subraya.

«La homofobia solo se cura con educación y con cultura. Todo está en los libros», asegura De Miguel, que ha tenido alguna pareja de largo recorrido y ahora está «muy hippy». Ya no le van las discotecas. «Soy más de terracitas», confiesa este hombre de risa fácil a quien la vida ha ido dejando sin aquella familia tan maravillosa en la que había nacido: sus hermanos desaparecieron jóvenes, uno en un accidente y otra por un cáncer fulminante, y el alzhéimer, con toda su crueldad, se llevó hace poco a su madre. «Fue devastador», admite.

De Miguel ingresó en 2013 en Ciudadanos tras su breve paso por UPyD y hace un año dejó su trabajo fijo en Osakidetza para dedicarse en cuerpo y alma al partido de Albert Rivera, un hombre «sensible» a la comunidad LGBT. «No estaría aquí si no lo fuese».