Derribos 'Zizou'

Derribos 'Zizou'

Francia lleva diez años rehabilitando los guetos étnicos en los que Zidane, Benzema y otras figuras escaparon al ‘apartheid’ social gracias al fútbol. Son viveros de la droga, el crimen y el Estado Islámico

FERNANDO ITURRIBARRIA

Las excavadoras han comenzado a arrasar esta semana la casa donde creció Zinedine Zidane en Marsella. La demolición de la torre G en la que se crio Zizou es la primera etapa de la rehabilitación de La Castellane, uno de los guetos étnicos con los que el Gobierno francés quiere hacer tabla rasa. En diez años de aplicación de su plan Marshall para la renovación urbana, las autoridades galas se han gastado 48.000 millones de euros en la transformación física de 600 arrabales castigados por el paro, la pobreza, el tráfico de drogas y la radicalización islamista. La actuación urbanística también afecta a suburbios de París y Lyon de los que salieron jugadores como Karim Benzema, Nicolas Anelka, Thierry Henry o Patrice Evra, excepciones gracias al fútbol del «apartheid territorial, social y étnico» denunciado por el primer ministro, Manuel Valls, tras el atentado yihadista de 2015 contra la revista Charlie Hebdo.

La Castellane, patria chica de Zidane, es un emblema internacional del pasado que hay que hacer añicos. Construida entre 1969 y 1971 en las zonas altas del norte de Marsella, la barriada se ha degradado a medida que poblaciones cada vez más pobres sucedían a los estibadores del puerto y los repatriados tras la guerra de Argelia, sus primeros habitantes. Hoy sus 7.000 vecinos, repartidos en 1.250 viviendas modestas, son mayoritariamente jóvenes procedentes de familias numerosas de origen extranjero con una tasa de paro que ronda el 40%. El trapicheo, el mercado negro y la economía sumergida la han convertido en el gran hipermercado del cannabis en Marsella, con un millar de clientes que dejan a diario entre 40.000 y 50.000 euros, según la policía.

El Gobierno se decidió a meter mano dura a los traficantes cuando el 9 de febrero de 2015 ráfagas de kalashnikov estropearon una visita de Valls a la ciudad. Aquella mañana una banda reforzada por kosovares reclutados en un campo de refugiados cercano a Múnich se lio a tiros con sus rivales de la torre K, un bloque vecino al de Zizou también condenado a la piqueta. Los niños de la escuela, acostumbrados a jugar con casquillos de bala, no pudieron salir en todo el día del edificio, sobrevolado por helicópteros.

Ajustes de cuentas

Los ajustes de cuentas son moneda corriente en Marsella con cada vez más muertos. En 2015 hubo 19 víctimas mortales, 18 en 2014 y 17 en 2013. Este año ya van 11, los tres últimos el 2 de abril en Bassens, otro barrio sensible de la zona norte. Las víctimas fueron abatidas cuando veían en el único colmado del sector el clásico entre el Barça y el Madrid de su idolatrado Zidane.

La demolición de la torre G de Zizou y luego de la K, todavía guarida de camellos, busca abrir una avenida que atraviese la laberíntica barriada, ahuyente a los maleantes y permita la llegada del autobús para romper el aislamiento con el centro. Entre ambos derribos le tocará el turno a la plaza de La Tartane, una inmensa y desangelada explanada de hormigón rodeada por bloques desvencijados, en la que intentaba sus primeros gestos técnicos con el balón un mocoso al que llamaban Yazid. Es el segundo nombre de Zinedine, que vivía con su familia en el primer piso del número 28, del que se marchó a los 15 años con rumbo al centro de formación del Cannes.

Su padre, Smail Zidane, había llegado a París en 1953 a los 17 años desde su Cabilia natal para trabajar en la construcción y en lo que saliera. Cuando en 1962 se disponía a regresar a Argelia conoció en Marsella a Malika, su mujer, y ya no se quiso marchar. Jamel, el mayor de los cinco hijos del matrimonio, es hoy guarda de la piscina municipal de La Castellane. Farid, el segundo de la fratría, relanzó en 1992 el club de fútbol del barrio en el que Zinedine, su presidente honorario, solo estuvo un año.

Similar operación urbanística se acomete en el barrio de Terraillon en Bron, un suburbio de Lyon, cuna de Karim Benzema. Construido en los años 60, cuenta con 9.500 habitantes, una fuerte tasa de paro, una delincuencia juvenil endémica y un fuerte contingente inmigrante. Los derribos Zizou ya han comenzado a operar en el polígono La Caravelle, donde creció el delantero del Real Madrid y aún residen unos cuantos miembros de su familia. Una parte de las antiguas viviendas ha sido destruida y los 300 apartamentos restantes serán rehabilitados.

Plan marshal

Sigue el malestar

Desde el nacimiento en 1977 de la política antiguetos, los programas de renovación urbana se han sucedido en Francia, pero las causas profundas del malestar social siguen inalterables. El más ambicioso plan de rehabilitación urbanística fue lanzado tras los disturbios que incendiaron los arrabales de las grandes ciudades en el otoño de 2005.

Toque de queda

En tres semanas de guerrilla callejera fueron detenidas más de 4.000 personas, de las que 600 ingresaron en prisión, unos 10.000 vehículos fueron quemados y se produjeron importantes destrozos en escuelas, empresas, automóviles, gimnasios y otros equipamientos públicos de 300 localidades. Se proclamó el estado de emergencia por primera vez desde la guerra de Argelia y se aplicó el toque de queda a los suburbios insurrectos.

151.000 pisos demolidos

En los diez años transcurridos de Plan Marshall se han demolido 151.000 viviendas, se han reconstruido 136.000 y se han rehabilitado 320.000. En total se han invertido 48.000 millones de euros en la transformación de 594 barriadas. En febrero de 2015, un mes después de los primeros atentados yihadistas del año en París, el presidente francés desbloqueó una partida adicional de 5.000 millones.

La barriada va a ser reorganizada en cuatro manzanas independientes separadas por nuevas calles. También aquí el objetivo es abrir el gueto al exterior, implantar servicios públicos, adecentar los comercios existentes y facilitar los accesos de bomberos, policías y transportes públicos que no se atreven a aventurarse dentro del territorio comanche. Los trabajos de lavado de imagen, previstos hasta 2020, contemplan la construcción de 200 nuevas viviendas no muy altas y rodeadas por arbolado.

Sexto de nueve hermanos hijos de inmigrantes argelinos, Benzema no ha cortado amarras con los eternos amigos de la infancia que le siguen llamando Coco, su mote de pequeño. Entre ellos figura Karim Zenati, intermediario en el famoso intento de chantaje con un vídeo de contenido sexual a su compañero en la selección Mathieu Valbuena que le ha costado quedarse fuera de la Eurocopa de Francia. «Lo conozco desde que tenía cuatro años, vivimos en el mismo inmueble, éramos vecinos», declaró el futbolista a los policías de Versalles que lo interrogaron el 4 de noviembre.

El personaje cumple los requisitos típicos del duro de barrio. Fichado ya a los 12 años por un robo sin violencia, en sus antecedentes penales constan 24 condenas por una letanía de delitos que van desde el tráfico de estupefacientes hasta los atracos, siempre en la región de Lyon. En total ha pasado nueve años en prisión. Cuando en 2013 salió por última vez de la cárcel, solo lo esperaba una persona: su colega de toda la vida, Coco Benzema.

La radicalización islamista en muchos guetos en torno a mezquitas controladas por los salafistas inquieta a las autoridades francesas, alarmadas por la amenaza yihadista y la importación de la guerra santa a su territorio. El ministro de Urbanismo, Juventud y Deportes, Patrick Kanner, ha calculado que en el país existen «un centenarde lugares que presentan similitudes potenciales con lo que ocurre en Molenbeek», el distrito bruselense que sirvió de base de operaciones a las matanzas de noviembre en París y de marzo en Bruselas.

70 nacionalidades

Entre estos viveros de combatientes extranjeros para el autoproclamado Estado Islámico se encuentra Trappes, de donde ya han partido medio centenar de habitantes hacia Siria, incluidas familias con mujeres y niños. En este suburbio con 30.000 vecinos cercano a Versalles crecieron el futbolista Nicolas Anelka, el cómico Jamel Debbouze y el actor Omar Sy, célebre por llevar en silla de ruedas a un rico impedido en la película Intocable. Aquí las fábricas de locomotoras atrajeron a italianos, portugueses y a partir de 1960 a inmigrantes de origen magrebí.

Trappes ya no es un gueto sórdido y vetusto. Los bloques de viviendas inhóspitas han sido demolidos y sustituidos por inmuebles de tamaño mediano y poca altura aliniados en amplias alamedas con jardines floridos donde conviven 70 nacionalidades. Pero, como en los demás arrabales sensibles, la rehabilitación urbanística no es la panacea de los problemas sociales. El 72% de los residentes en esos territorios considera que no han cambiado sus condiciones de vida. «La renovación urbana ha sido eficaz y útil pero no puede impedir la incrustación de la precariedad porque hogares muy precarios y a menudo de inmigrantes vienen a sustituir a los que salen adelante con lo que emerge una sociedad multicultural, otra Francia», analiza el geógrafo Christophe Guilluy, especialista de las clases populares.