Mujer tenía que ser

Mujeres cubiertas con ‘niqab’ y ‘abaya’ negra votan el sábado pasado, por primera vez en la historia de Arabia Saudí. :: /
Mujeres cubiertas con ‘niqab’ y ‘abaya’ negra votan el sábado pasado, por primera vez en la historia de Arabia Saudí. ::

Las saudíes pudieron votar y ser votadas el sábado por primera vez en la historia del país. Pero tienen prohibido conducir y necesitan permiso de su tutor para salir de casa, viajar, estudiar y trabajar

INÉS GALLASTEGUI

Salma Bent Hizab al Oteibi ha hecho historia. Este fin de semana se ha convertido en la primera mujer de Arabia Saudí que consigue un puesto en un consejo municipal. La candidata se impuso en Madraka, una localidad al norte de La Meca, a otros nueve aspirantes, en las primeras elecciones en las que las mujeres podían votar y ser votadas, gracias a una promesa que realizó en 2011 el difunto rey Abdalá. Ella y otras trece saudíes tomarán decisiones importantes sobre los servicios públicos de sus pueblos y ciudades. Pero seguirán sin poder conducir un coche, hablar con hombres desconocidos o salir a la calle sin cubrirse la cara y el cuerpo con una túnica negra.

Policía de la ropa

Código de «modestia». La policía religiosa se mete en absolutamente todos los detalles de la vida de las mujeres, incluidos su vestimenta y su maquillaje en lugares públicos. Existe un código que impone la «modestia», aunque su dureza varía de unos lugares a otros. En algunas ciudades de la costa, más liberales, se permite el hijab, pañuelo que cubre el cabello, en vez del niqab, que solo deja libres los ojos, y la abaya (túnica) puede ser de colores, mientras en la capital, Riad, se impone el negro.

Lencería bajo la abaya. Debajo de esos rigurosos hábitos, muchas mujeres ricas van pintadas como puertas, llevan lencería sexy y visten los últimos modelos de Channel o Dior. Solo los muestran de puertas para adentro, a sus maridos o a otras mujeres.

«Las elecciones a los consejos municipales son una gota en el océano. La discriminación de las mujeres es enorme», afirma Yolanda Vega, portavoz de Amnistía Internacional España para Oriente Medio. Cualquier parecido de lo ocurrido el sábado con una elección democrática es pura coincidencia. «Arabia Saudí es una teocracia gobernada por una élite de hombres ricos y fanáticos. No hay partidos políticos ni prensa libre, y los candidatos que han podido presentarse, hombres o mujeres, han pasado por decenas de filtros y son fieles a la familia Saud que respetan las leyes no escritas del país, basadas en el Corán y la Sharia zanja Nazanín Armanian, profesora de Relaciones Internacionales en la UNED. Es un paso, fruto de la presión social, sobre todo de los jóvenes, y de la presión internacional, especialmente por parte de Barack Obama. Es cambiar algo para no cambiar nada».

En realidad, recuerda esta experta, nacida en Irán y residente en España desde hace 30 años, «ellos decapitan a la gente, igual que el Estado Islámico». A menudo, las víctimas son inmigrantes sin medios para defenderse. Ellas son más vulnerables porque su testimonio no tiene valor judicial. En el puesto decimonoveno en el ranking de riqueza, Arabia Saudí es el tercer país más activo del mundo en la aplicación de la pena de muerte: este año ha ejecutado ya a 151 personas, algunaspor delitos como el adulterio, la apostasía o la brujería. El nuevo rey, Salman, es un gran fan del castigo capital.

La superpotencia petrolera ocupa el número 134 en la clasificación de igualdad de género del Foro Económico Mundial, de un total de 145 estados. Se lo ha ganado a pulso. Por ejemplo, es el único de la Tierra en el que las mujeres no pueden conducir. No hay ninguna ley que lo prohíba, pero sí una fetua, es decir, una norma impuesta por las autoridades religiosas. La secta dominante es el wahabismo, una corriente suní ultraconservadora aliada desde hace siglos con la dinastía de los Saud, que gobierna el país con mano de hierro desde su fundación en 1932.

Lo surrealista es que esa ley no escrita sobre la conducción femenina justificada en pretextos tan absurdos como que podrían ser violadas durante una avería del vehículo ha supuesto decenas de detenciones, multas e incluso cárcel. Algunas de estas criminales se han librado de la pena comprometiéndose por escrito a no volver a hacerlo; pero el movimiento feminista saudí ha convertido el volante en un símbolo de su lucha y ha colgado vídeos de sus hazañas en las redes sociales, apoyado por una campaña de Amnistía Internacional. Nazanín Armanian es escéptica: a su juicio, Islam y feminismo son términos incompatibles.

Permiso para todo

Pero conducir es solo uno de los verbos que las saudíes no pueden conjugar. Es más rápido decir que, en la práctica, las mujeres son menores de edad durante toda su vida. La figura del tutor o mehram es omnipresente. Normalmente ese rol lo asume el padre o un hermano cuando la ciudadana por llamarla de alguna manera está soltera, su marido cuando se casa y un hijo si se divorcia o se queda viuda. El permiso escrito de este varón es necesario para salir de casa, coger un taxi, obtener el pasaporte y viajar,casarse y someterse a una operación quirúrgica. No es solo que los ulemas tengan un bajo concepto de las mujeres, a las que consideran seres inferiores que no pueden pensar o tomar decisiones por sí mismas; a juzgar por las normas que dictan, tampoco tienen una gran opinión de sus congéneres, a los que ven incapaces de permanecer en la misma habitación que una fémina sin asaltarla. De ahí que en muchos establecimientos haya zonas separadas por sexos.

También es necesaria la autorización del tutor para ir a la universidad donde las alumnas ya son el 58% y para ganarse la vida. Eso explica que las mujeres ocupen solo el 16% de los puestos de trabajo, en una nación de 29 millones de habitantes en el que casi 8 son obreros inmigrantes, a menudo en régimen de semiesclavitud. Una de ellas, procedente de Sri Lanka, se libró la semana pasada de morir lapidada tras una intensa campaña promovida por su país de origen. La mujer, una empleada doméstica de 48 años, había sido acusada de adulterio. Su presunto amante, acusado del mismo delito, recibió unos latigazos.