La frase que lo disculpa todo en política

La frase que lo disculpa todo en política

No hay un solo cargo que no le eche la culpa a fallos en la comunicación cuando fracasa. Los expertos les acusan de «no sacar brillo a sus asesores», casi todos formados en EE UU

ANTONIO CORBILLÓN

Más que unas elecciones, lo que ha pasado en la política española el domingo se parece a un ERE». Veterano periodista de mil aventuras y reconvertido en analista de comunicación, Manuel Campo Vidal no encuentra mejor símil que el expediente de regulación de empleo para explicar la casi segura jubilación de bastantes políticos confiados en la inercia del poder: Rita Barbera, Juan Antonio Monago, Rosa Díez, Xabier Trías (Barcelona), Javier León de la Riva (Valladolid), y de otros muchos que están pendientes de que los nuevos actores políticos les quiten el escenario con los posibles pactos. Tarde o temprano, todos los grandes partidos pasan el trago de buscar explicaciones a su fracaso ante las urnas. Y aquí no hay diferencia ideológica de ningún tipo. Todos repiten el mismo mantra. «Busque en las declaraciones posteriores en los últimos 4, 8 o 12 años recomienda Campo Vidal. Todos justificarán que la culpa es que se ha comunicado mal».

La hemeroteca le daba la razón ayer mismo. Mariano Rajoy responsabiliza del batacazo a la necesidad de «estar más próximos, más cercanos y comunicar más con los españoles». Pero el mismo presidente ha rechazado reiteradamente los avisos de sus asesores con la excusa de que «tenía que estar centrado en las cuestiones de Estado». Jorge Rábago, director de telegenia del PP, es uno de los que trata de usar su poder de persuasión para que lo entienda. «La comunicación no hace milagros. La imagen ayuda a reforzar ideas previas. Pero de nada vale reforzar lo que no piensan de ti». Rábago se acuerda de aquella campaña previa a las elecciones andaluzas en la que Rajoy iba dando las gracias por las puertas y los negocios. «Esos amagos exigen continuidad para generar ilusión en la gente».

Los problemas de los líderes con la comunicación vienen de muy atrás. Mitin de fin de campaña para la reelección de Zapatero en el Palau San Jordi en marzo de 2008. Felipe González, cuyo carisma le hacia casi innecesario el marketing, resumió los riesgos para los suyos:«Lo habéis hecho bien, pero lo habéis comunicado mal». Con el país camino de la recesión, al presidente al que llamaban baraka (suerte en árabe) y bambi por su optimismo antropológico, le resultó casi imposible pronunciar la palabra «crisis». Y no lo hizo hasta que no se desplomaron el consumo y se multiplicaron las colas ante el INEM.

Aprender del pasado

Peor que los fallos de comunicación son las falsificaciones de la realidad. La versión del Gobierno Aznar de los atentados del 11-M de 2004 o de «los beneficios» por implicarse en la Guerra de Irak condenaron a su partido a ocho años de ostracismo. «Ahora, como entonces remata Campo Vidal lo que quiere el ciudadano es autenticidad. Reconocer lo que ha estado mal. La autocrítica es muy útil y la arrogancia se paga».

Los expertos citan una ley de la naturaleza que vale para la política. «No hay espacios vacíos. Lo que no ocupas, lo llenan otros», resume Rábago. Y por ahí empezó a escribir el líder de Izquierda Unida, Alberto Garzón, el epitafio de su coalición en Madrid. Cuando llegó al cargo advirtió de que «el 15-M no pasó por nuestros espacios políticos y no hemos comunicado bien los 6.000 desahucios paralizados». Algo que sí han hecho los frentes del fenómeno Podemos. «Asistimos a un combate de estilos más que de propuestas: los que han acertado en las redes sociales y los que siguen creyendo que la campaña es una extensión de la publicidad electoral... Ganan los primeros», resume el asesor político y premio Victory Award al Blog Político 2014, Antoni Gutiérrez-Rubí.

El hombre de UPyD en el Ayuntamiento de Madrid, David Ortega, gastaba fuerzas en denunciar la corrupción. Pero se ha tenido que apuntar al «no hemos comunicado bien», para explicar su adiós. Y es que la capital es, para todos los analistas, el gran laboratorio del país. Un escenario en el que ha funcionado «el boca a boca que contagia a la gente ilusión», explica el director del colectivo de analistas Politikon, Jorge San Miguel. Para él ha quedado claro que «las campañas las ganan los activistas aunque voten los electores» y advierte a los grandes partidos, PSOEy PP, de «no sacar lustre a su generación de expertos, formados en EE UU, pero anulados por el aparato». También les avisa de su tardía llegada a la telepolítica. «Sigue siendo su asignatura pendiente. Dar un paso adelante y estar allá donde se debate». Sin caer en los «excesos de showman» de Juan Antonio Monago en Extremadura, que interpretó mal a su colega gallego, Alberto Núñez Feijoo, cuando advirtió de que «al Gobierno le falta relato».