Nakaseando, un viaje en el tiempo por el histórico Japón de hace tres siglos

Nakaseando, un viaje en el tiempo por el histórico Japón de hace tres siglos

Esta ruta une Magone con Tsumago, localidades que todavía conservan el aspecto tradicional del periodo Edo

ÁLVARO ROMERO

Japón derrocha cultura, magia y una gastronomía exquisita, mezclando impresionantes ciudades repletas de rascacielos con rincones naturales perfectamente cuidados. El país del Sol Naciente es la envidia de Asia. Siempre a la vanguardia de la tecnología en casi todos los sectores, el continuo ajetreo de sus metrópolis contrasta con la vida espiritual, tranquila y de culto que se puede contemplar en sus pueblos, donde sus gentes extremadamente hospitalarias reciben al turista siempre con los brazos abiertos.

Nakasendo es un antiguo camino que discurría por Japón uniendo sus ciudades más importantes, Kioto con Tokio (antiguamente denominada Edo). Un recorrido que se extendía a lo largo de 534 kilómetros pasando por varias prefecturas del país, entre ellas la de Saitama, Nagano o Gifu. La ruta estaba formada por un total de 69 estaciones y fue lugar de transito habitual para comerciantes, artesanos e importantes señores feudales.

A día de hoy todavía se conservan algunos tramos de este antiguo sendero entre los que destaca el que une las localidades de Magome y Tsumago. La Oficina Nacional de Turismo de Japón ha convertido este trazado en un recurso turístico más para todo aquel que quiera descubrir el Japón más tradicional. Caminando entre senderos y admirando la arquitectura popular nipona traslada al visitante a la magnífica atmósfera feudal del periodo Edo. Un viaje en el tiempo 300 años atrás.

Recorriendo la tradición

El precioso recorrido transcurre por el valle de Kiso entre Magome y Tsumago, un total de ocho kilómetros que se pueden recorrer a pie. Un tramo que se completa en aproximadamente tres horas y que permite disfrutar de la belleza natural del valle y de estas dos localidades, que aún conservan su aspecto original.

Magome es el punto de partida, un pequeño pueblo situado en altura desde el cual se pueden contemplar magníficas vistas del valle, especialmente desde el mirador. En su núcleo urbano prima la tradición, bellos edificios de fachada blanca con entramados de madera donde abundan pequeñas tiendecitas y casas de té, anunciadas con llamativos cartelones decorados con ortografía nipona.

Allí se puede visitar el museo local, un pequeño rincón donde se exponen piezas de cerámica, vestuario y artículos de la vida cotidiana. Diferentes museos y posadas completan las zonas de interés mientras el visitante camina entre las empedradas y enrevesadas callejuelas. Al salir del pueblo el camino continúa entre zonas de cultivo y casas locales hasta adentrarse por zonas boscosas en plena naturaleza.

Más adelante transcurre junto a molinos, pequeñas aldeas, santuarios, y paisajes espectaculares como los que ofrecen las cascadas de Medaki y Odaki o los tradicionales arrozales. Es habitual cada determinados metros toparse con campanas que tienen la curiosa función de ahuyentar a los osos que habitan los alrededores, por lo tanto es recomendable hacerlas sonar.

La ruta Nakaseando finaliza en Tsumago, también de calles empedradas y arquitectura popular del periodo Edo, donde domina la madera. Sus casas, tiendas y restaurantes trasladan al viajero al Japón más tradicional. Allí es posible hospedarse en algún ryokan, alojamientos típicos del país con habitaciones de tatami y darse un baño termal en sus onsen.

Merece la pena visitar el templo Kotokuji, conocer los museos locales donde descubrir a fondo la historia de la comarca o acercarse hasta alguna tienda de artesanía, es común poder contemplar diferentes artesanos trabajando con sus propias manos piezas que se convierten en verdaderas obras de arte resultado de horas de trabajo, esfuerzo y tesón.

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