Los mejores destinos europeos para empezar 2019 viajando

Vista aérea de Friburgo./
Vista aérea de Friburgo.

Nada mejor que comenzar el año descubriendo y conociendo alguno de los incontables lugares que ofrece el viejo continente

ÁLVARO ROMERO

Empezar el año viajando es la mejor de las opciones. Conocer nuevos países y culturas es la manera ideal de desconectar y retomar la rutina con mayor frescura. Para ello el viejo continente es un seguro, ofrece multitud de ciudades, pueblecitos y entornos naturales que para muchos están aún por descubrir.

Salir de los destinos habituales, como son Londres, París, Roma o Berlín para descubrir otras ciudades, con menos pedigrí, pero no por ello de menor belleza. Lugares que ayudan a conocer la esencia de sus respectivos países y donde la diversión está siempre asegurada. Estos son algunos de los rincones europeos que están llamados a triunfar entre los turistas en 2019:

Vista aérea de Estambul.
Vista aérea de Estambul. / Archivo

Estambul

Esta ciudad turca se localiza a orillas del Bósforo, estrecho que separa Europa de Asia, siendo la única urbe que pertenece a dos continentes. Un lugar ubicado también entre dos mares, el Mar Negro al norte y el Mar Mármara al sur. Región de contrastes y territorio de gran riqueza industrial, comercial, cultural y turística.

Es habitual la mezcla entre lo moderno y lo tradicional, lo occidental con lo oriental y el caos con el orden en un lugar lleno de color. Sinagogas, iglesias y mezquitas conviven en una de las ciudades más visitadas del mundo, que tiene la virtud de no dejar indiferente a nadie. Destacan la impresionante Santa Sofía, la preciosa Mezquita Azul y el impresionante Palacio Topkapi. Dedícale tiempo a estas atracciones y recréate en ellas, son obras arquitectónicas únicas en el mundo. Además del Gran Bazar, lugar que aúna toda la esencia de Turquía.

Vista aérea de Turín.
Vista aérea de Turín. / Archivo

Turín

La capital del Piamonte italiano, es una de las urbes más fascinantes de Italia. Para muchos desconocida, se sitúa al norte del país, muy cerca de la impresionante cordillera de los Alpes. Se presenta como una ciudad señorial, ordenada y elegante. Intercala edificios modernos con monumentos históricos, transmite sobriedad y ofrece multitud de opciones de ocio. Calles repletas de elegantes tiendas y cafeterías típicas son la tónica habitual en Turín.

Destacan la Plaza de San Carlos y la Vía Romana, merece la pena visitar el Palacio Real, la Mole Antonelliana o la catedral de San Giovanni Battista. Los coches de carreras y el chocolate son dos de sus señas de identidad, aficiones locales que conviven con la pasión por el fútbol. El Juventus Stadium es de los estadios más modernos de Europa, uno de los iconos más importantes del balompié italiano.

Una de las calles de la ciudad de Turín.
Una de las calles de la ciudad de Turín. / Archivo

Friburgo

La ciudad alemana de Friburgo está considerada como la capital y puerta de entrada a la Selva Negra. Su centro histórico luce espectacular entre edificios típicos de arquitectura de la zona y suelos empedrados. Tiene la suerte de formar parte de una de las comarcas más arraigadas del país, rebosa personalidad, labrada a través de los siglos gracias a la carga histórica y cultural que arrastra.

Es una urbe sumamente ecológica y limpia, además de ser el destino preferido por los alemanes. Su catedral se eleva sobre la plaza central, recinto donde los comerciantes exponen en forma de mercadillo los productos de sus cosechas, alimentos que deben ser cultivados y elaborados por los propios campesinos. Mientras los músicos callejeros animan las calles de una localidad que cuenta con su propia fábrica de cerveza y es una de las zonas que más vino produce de toda Alemania.

Catedral de Lieja, Bégica.
Catedral de Lieja, Bégica. / Archivo

Lieja

La ciudad de Lieja se hace hueco al este de Bélgica, cerca de las fronteras con Alemania y Países Bajos. El trazado urbano actual comenzó a formarse en la Edad Media cuando pasó a ser un importante destino para los peregrinos. El casco antiguo es la zona más importante, la vida discurre entre el peso de la historia y calles de marcado estilo medieval. Allí, la tónica habitual muestra suelos empedrados y muros grises, también de piedra, que esconden en su interior majestuosas mansiones y casas señoriales.

Entre los recovecos aparecen el Palacio de los Príncipes Obispos, uno de los edificios más simbólicos, y la Plaza du Marché, perfecta para degustar la gastronomía belga y sus excepcionales cervezas. También destacan la Catedral de San Pablo, mezcla de estilos románico y gótico, y la Colegiata de St Barthélemy, que preside la plaza homónima.