Historia y montaña, la Grecia menos transitada

Restos en la antigua capital de Macedonia. /Javier Bragado
Restos en la antigua capital de Macedonia. / Javier Bragado

El norte del país mediterráneo sirve las ruinas de la antigua Macedonia y un espacio natural que embelesa

Javier Bragado
JAVIER BRAGADOMadrid

Los paquetes que ofrecen los grandes touroperadores para quienes quieren ir a Grecia suelen centrarse en cruceros por las islas del mar Mediterráneo o afrontar el continente sin ascender más allá de Meteora (en el centro del país). Los extranjeros que llegan tampoco suelen acudir al norte, salvo a la universitaria Tesalónica o una llegada relámpago al Monte Olimpo, y suelen acampar en Atenas como centro de operaciones para sus excurisiones. Sin embargo, los locales saben que el norte y los Balcanes esconden lugares menos frecuentados con espacios históricos para disfrutar y paisajes naturales dignos de postales inmortales.

Una de las grandes atracciones de la Grecia septentrional es Pela, la capital de la antigua Macedonia. Allí donde podría haber nacido Alejandro Magno se erige una ciudad de la época que se adivina fácilmente por los restos encontrados y por un trazado perfectamente visible para quien pisa el suelo. Curiosamente, los antiguos griegos renegaban de sus vecinos del norte y preferían la Hélade como referencia.

Fueron los triunfos militares del gran militar macedonio los que hicieron incorporar al orgullo griego la anteriormente apartada zona del norte. Aunque algunos fenómenos naturales han desplazado unos 30 kilómetros la capital de su lugar original, no es necesaria demasiada imaginación para sumergirse en una bulliciosa urbe. También hay lugar para quienes prefieren lo más tangible con un museo aledaño que conserva y exhibe en buenas condiciones mosaicos y motivos decorativos de la cabeza de la región. No necesitaron a sus vecinos del sur para prosperar como centro de poder y comercio y eso se nota en sus residencias

Mosaico original expuesto en el Museo de Pela.
Mosaico original expuesto en el Museo de Pela. / Javier Bragado

No lejos de allí se encuentra Vergina. Famosa en Grecia ahora por la cerveza de la zona, en tiempos fue Aigai, también capital de la antigua Macedonia. Allí reinó Filipo II, padre de Alejandro Magno, y allí se encuentra una de las tumbas mejor conservadas y más curiosas del siglo IV. Oculta bajo un gran túmulo, las autoridades intentar conservar el espíritu original con un ambiente de penumbra y oscuridad para que al descender el visitante penetre en el enterramiento del antiguo rey (una de las tres tumbas de la zona). También en la zona se encuentra el palacio de Filipo II, aunque los arqueólogos todavía investigan en la zona y su acceso está prohibido hasta un futuro cercano.

Para acabar la ruta histórico-paisajística el visitante puede acudir al oeste del país con una tura de 200 kilómetros rica en miradores hasta la joya llamada Ioánina. Atravesará los Balcanes (con una posible parada en la clásica Meteora) con la gran cadena montañosa a su derecha. Si queire, podrá aprovechar las salidas de la autopista para visitar pueblos montañeros (Metsovo, Ligkiades, Kavallari, etc.) que completan la visión de la Grecia de playa y sol.

Vista de unos de los pueblos en los Balcanes de Grecia.
Vista de unos de los pueblos en los Balcanes de Grecia. / Javier Bragado

Finalmente, se abrirá paso entre los grandes picos para observar el lago Pamvótida que acoge a Ioánina, en la periferia de Epiro. Escondida entre montañas, siempre fue una plaza apetecible. Pasaron normandos, bizantinos, serbios y turcos antes de que regresara a ser la animada ciudad que hoy acoge al turista con una de las mejores e inesperadas vistas de Grecia.

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