Hita, villa guadalajareña con solera y encanto

Hita, villa guadalajareña con solera y encanto

Cruce de caminos entre el este y el oeste de la Península Ibérica numerosos pueblos encontraron allí el lugar perfecto para instalarse

ÁLVARO ROMERO

La coqueta villa de Hita ocupa parte de la peculiar comarca de La Alcarria, en Guadalajara, a menos de 30 kilómetros de la capital de provincia. Tan solo 330 habitantes pueblan y cuidan con mimo un municipio que tiene el honor de aparecer mencionado en obras literarias como el Cantar de Mio Cid y el Libro de Buen Amor.

La presencia romana supuso un punto álgido para el desarrollo económico de la zona, pues se convirtió en un importante lugar de paso para la ruta comercial que unía Mérida y Zaragoza. A posteriori pasó a dominio musulmán hasta que en el año 1.085 Alfonso XI consiguió reconquistar Hita.

La buena convivencia entre cristianos, musulmanes y judíos originó un positivo crecimiento demográfico controlando a su vez la producción vinícola. Más tarde, la llegada de los Mendoza fue un momento clave para la villa, pues se convirtieron en figuras políticas muy influyentes que impulsaron las artes y mejoraron las infraestructuras locales.

La influencia de los Mendoza

En 1441 Iñigo López de Mendoza, conocido como el Marqués de Santillana, mandó construir la muralla defensiva que rodeaba la villa, de la cual aún se conservan algunos tramos originales. La Puerta de Santa María era el principal acceso al interior, un bello ejemplo de la arquitectura militar del siglo XV. De rasgos góticos exhibe un arco apuntado, sobre el cual aparecen dos garitas de vigilancia y el escudo de armas de los Mendoza, señores de Hita. Actualmente es el símbolo por excelencia del pueblo, obra que capta todas las miradas.

Una vez se atraviesa dicha puerta surge la Plaza del Arcipreste, también conocida como Plaza Mayor, centro neurálgico de esta pequeña localidad manchega. Espacio amplio repleto de preciosos soportales y casas tradicionales que muestran todas las virtudes de la arquitectura popular, algunas de ellas mantienen incluso los rasgos arquitectónicos mudéjares de origen musulmán. Allí se celebraban mercados, ferias y sirve también como escenario teatral.

El Palenque, situado junto a la muralla hace al visitante retroceder en el tiempo rememorando torneos medievales entre caballeros, justas a pie y a caballo o enfrentamientos con espadas y lanzas que quedaron inmortalizados en forma de literatura. Escenario que todavía sirve para recrear esas históricas luchas tanto en fiestas populares como en ferias medievales.

En cuanto a las construcciones religiosas merece la pena hacer hincapié en la Iglesia de San Juan Bautista, terminada de construir en el siglo XIV, muestra un bonito y sencillo estilo gótico mudéjar. Mientras la Iglesia de San Pedro, de origen medieval fue destruida en la Guerra Civil y a día de hoy tan solo se conservan sus ruinas, pese a ello es un lugar repleto de encanto y que merece la pena visitar.

Arquitectura subterránea

Bajo el casco histórico aparece un importante trazado subterráneo, un centenar de cuevas utilizadas como bodegas desde la Edad Media. Existen también casas-cueva, conocidas popularmente como bodegos, viviendas que formaban parte del barrio alto y fueron pobladas tras la Guerra Civil, al ser destruido el grueso de casas de la localidad. Actualmente apenas quedan unas pocas habitadas.

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