Otro showman en la escena

Boris Johnson exhibe sin reparos sus caprichos y frecuentes cambios de humor

DIEGO CARCEDO

La política británica, que durante tantos años nos impartió lecciones de democracia, últimamente no para de dar sorpresas a propios y extraños. La elección del esperpéntico Boris Johnson como líder de los conservadores y primer ministro desde esta misma mañana, no por esperada y por muchos temida, ha dejado de causar sorpresa y sobre todo preocupación. Habrá que esperar a juzgarle por sus actos; de partida el entusiasmo que despierta es más bien comedido.

Johnson es ante todo un showman de la política, que no se reprime ante el ridículo y se gana los votos, primero para la Alcaldía de Londres y ahora como jefe del Gobierno, exhibiendo sin reparos sus caprichos y frecuentes cambios de humor, de ideas y de actitudes. En el caos en que se halla sumida la política británica, fue quien creó más confusión en torno al 'Brexit' -que defiende desde sus tiempos de corresponsal en Bruselas- y más entorpeció una salida negociada de la Unión Europea.

Tiene muchos críticos en los ambientes intelectuales, pero sus extravagancias también despiertan simpatías quizás porque muchos ven en él a un personaje que se mueve siempre con equilibrio inestable por encima de la realidad. Su victoria en la elección por el liderazgo del partido conservador no sorprendió a nadie; lo que sí sorprendió es la aplastante mayoría de votos, más del doble de los conseguidos por su adversario, el ministro de Asuntos Exteriores Jeremy Hunt, que la respaldaron.

Ahora comienza la incertidumbre en torno a lo que hará desde la cumbre del poder Ejecutivo con el problema de darle solución al 'brexit' acosando su gestión. Nadie duda de sus convicciones antieuropeas ni de sus pretensiones de conseguir abandonar la Unión al menor coste posible. Su versatilidad no permite imaginar una vuelta atrás ni un nuevo referéndum, pero sí un aumento de las complicaciones y enredos británicos que ya existen para que el 31 de octubre el Reino Unido quede fuera.

Su elección ha sido recibida entre los suyos con la tradicional flema británica. Algunos titulares de la prensa son feroces: «Boris Jonhson en el número 10 de Downing Street es un acto de vandalismo». Pero en general los medios serios están difundiendo la noticia con sobriedad y algunos destellos satíricos: «Gran Bretaña va a refrescarse a la playa mientras la nación supera el dolor de Boris Johnson» y un cierto aire de conformismo.

Quien ha recibido la elección con mayor entusiasmo ha sido Donald Trump desde Washington. Nigel Farage, el eurófobo por definición y gran agitador del 'brexit', ha expresado su satisfacción y prometido su ayuda para sacar a la nación de la UE. «Ya está Johnson. Estaban Trump, Bolsonaro y Salvino. Nunca hubo tres sin cuatro». Es el último chascarrillo... de momento, claro.