Melancolía

En la década de los setenta este cantante de pop y rock eclosionó con su original forma de transmitir sus pensamientos y emociones, que cada fan asocia a sus circunstancias personales

Camilo y Karina en 'Los chicos de Preu'./
Camilo y Karina en 'Los chicos de Preu'.
JAVIER PEREDA

La muerte del cantante Camilo Sesto induce a la melancolía, como indica una de sus letras. No obstante, sus emblemáticas canciones permanecen y conforman la banda sonora de nuestras vidas. En una de sus más famosas canciones: 'Vivir así, es morir de amor', nos quiere transmitir que él continua vivo en todos aquellos que llevan sus canciones en el corazón. Con su marcha vuelve a cumplirse el dicho de que en España se entierra muy bien. A diferencia de como ocurre en otros países con sus artistas, se le podía haber hecho un homenaje institucional con mayor realce. Sobre todo, si al evaluar su obra artística se encuentra entre los más prestigiosos intérpretes de la balada romántica, después de Julio Iglesias y Raphael, con más de 100 millones de discos vendidos y tras haber alcanzado en 52 ocasiones el número uno.

El alcoyano Camilo Blanes Cortés comenzó su andadura profesional a mediados de los años sesenta, con la película 'Los chicos de Preu': una de las más vistas del cine español. Fue premonitoria y se ha hecho realidad una de las frases que pronunció en este film, con la guitarra entre las manos: «Con esta la voy a armar, seré famoso, grabaré discos que se venderán por millones». Además, era el compositor y productor de sus canciones, que traspasaron los límites geográficos de la península, hasta cruzar el Atlántico y lograr un notable éxito en Hispanoamérica. Se le llegó a denominar, a raíz de su actuación en el Madison Square Garden de Nueva York, como 'The Sinatra of Spain'; también es célebre su gira en el continente asiático, por Japón. Camilo Sesto –inicialmente Sexto, con equis– tenía una voz con unos registros imposibles; era un artista solitario y excéntrico: sorprendió con unos retoques de cirugía estética a lo Michael Jackson, más propios de una reliquia del museo de cera. Es reconocible con la imagen característica de su media melena cuidada –luego con un implante capilar–, los pantalones de campana y los picos del cuello de las camisas largos, por encima de la chaqueta. Fue un acierto musical la aventura de importar de Londres, siendo productor, la opera rock 'Jesucristo Superstar'. Distinta suerte corrió su vida familiar, de la que no debía estar muy orgulloso –'Perdóname' (otra canción)–; parece ser el tributo a pagar de los artistas. Este compositor romántico forma parte de las vidas y la cultura de todos aquellos que disfrutamos aquélla época. En la década de los setenta este cantante de pop y rock eclosionó con su original forma de transmitir sus pensamientos y emociones, que cada fan asocia a sus circunstancias personales. Tuvo que competir profesionalmente después de que Los Beatles se separaran y dejaran el listón muy alto. La última intervención de la banda de Liverpool fue con 'Let it be'; era la muestra de su excelencia artística. Uno de sus componentes, George Harrinson, fue el número uno en las listas británicas y estadounidenses con el single: 'My Sweet Lord'. Era la época en la que Simon and Garfunkel triunfaba con 'The bóxer' y otros grupos como los 'Creedence' Clearwater Revival, Electric Ligh Orchesta, Led Zeppelin, Mike Oldfield con 'Tubular Bells', Bony M con 'Rivers of Babylon', Deep Purple, Abba o Queen con 'Bohemian Rhapsody' hacía lo propio, copando los números uno de las listas musicales del planeta. En el ámbito interno, la competencia también era exigente, con su paisano levantino, Nino Bravo, que arrasaba con títulos como: 'Te quiero, te quiero', 'Un beso y una flor' o 'Libre'; lástima de su inesperada muerte en accidente de tráfico. Julio Iglesias se presentó a Eurovisión –tenía más nivel que ahora– con 'Gwendolyne'; antes interpretó 'La vida sigue igual'. La jienense Karina también participó en este certamen musical europeo cantando 'En un mundo nuevo'. Mocedades era otro grupo que todavía continúa actuando con el inolvidable 'Eres tú', o Joan Manuel Serrat con 'Mediterráneo'. Un clásico hispano sería Manolo Escobar: 'Que viva España'; serviría de himno para los eventos deportivos de la selección nacional de fútbol en la Eurocopa de 2008 y en el Mundial de fútbol de 2010, que ganamos por vez primera. Esta pegadiza melodía no ha dejado de versionarse hasta nuestros días, incluso en el extranjero, como lo hace André Rieu dirigiendo a La Orquesta Johann Strauss en la Arena de Ámsterdam; quizá sin tantos complejos como algunos manifiestan. Una canción que realiza una crítica soterrada a la situación política de entonces, la representa Cecilia con 'Mi querida España', que fue objeto de la censura política; se intentaba forzar el importante cambio político que después acontecería con la muerte de Franco y la transición de la dictadura a la democracia. En Estados Unidos se comenzó a gestar el 'Watergate' y la posterior dimisión de Nixon. En las carteleras se estrenaba 'El golpe', con Redford y Newman. En la final del mundial de fútbol en México, Brasil consiguió su tercera copa, con la delantera mítica de Jairzinho, Rivelino, Tostao y Pelé contra la Italia de Facchetti, Rivera y Riva. Cuatro años más tarde, en Múnich, la final la ganaría Alemania, cuyas alineaciones también recordamos de memoria, con Beckenbauer, Breitner o Müller frente a la Holanda de Cruyff, Neskeens y Rensenbrink; ese mundial ya se podría ver en color. La música, además de ser una expresión cultural, tiene la cualidad –también la de los años 70– de hacernos rememorar los acontecimientos históricos que tienen un estrecho vínculo con los personales, aunque haya transcurrido medio siglo.